Fiscalizar al estado, sí. Fiscalizar al sector privado, también.

altalt(San Juan, 12:00 p.m.) En el día de ayer, la Autoridad de Energía Eléctrica informó cuál es la situación general del país, en relación a la generación y consumo de energía eléctrica. Ante este cuadro, se nos informó que se está generando un 56.7 de energía eléctrica, dentro de la capacidad total de la agencia.

Mientras, se nos informó, que apenas 7 mil consumidores han pagado su servicio en los pasados dos meses, mientras al día de hoy solo hay capacidad para leer 110 mil contadores/medidores de energía eléctrica. Para un país que tiene 1,4 millones de abonados o contadores/medidores, solo hay constancia que el 8 por ciento de los abonados está recibiendo energía eléctrica y se les puede facturar. No obstante, hay un universo adicional, que dada la incapacidad de fiscalizar adecuadamente, no se sabe si tienen energía eléctrica, si la están consumiendo, y si no está pagando por dicho servicio.

¿Cuá es el problema? El problema es uno de fiscalizar adecuadamente al estado. Sin lugar a dudas, siendo el monopolio único el del estado lo concerniente a la generación eléctrica, es correcto afirmar que todos y todas deseamos saber que está pasando en dicha agencia. Lo que es curioso, es la falta de interés, en particular de los sectores mediáticos, de fiscalizar de igual forma a otros sectores que tienen una alta injerencia en el quehacer de la vida diaria de los boricuas.

Ante esto, la prensa comercial ha sido muy tímida en fiscalizar a la industria de seguros, la cual ha causado una alta tensión en el país, ante su incapacidad de corresponder a sus clientes luego del paso del huracán María. Es curioso, pero nadie investiga si las aseguradoras han cumplido con su deber de pagar a tiempo a sus clientes. Pero lo curioso es que los sistemas mediáticos y la prensa comercial en general, no se han dedicado a estudiar cuál es el estado del tiempo en cuanto a este asunto.

Es momento de continuar fiscalizando al estado. Pero también de fiscalizar al sector privado el cual no ha correspondido como se esperaba. Sobre todo en las relaciones contractuales que los obligan. Pensemos.