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Golpes y abusos en la cárcel federal en Puerto Rico

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alt(San Juan, 1:00 p.m.) – Una lista de 42 heridos, como resultado de una orgía de golpes y torturas en masa –presuntamente ejecutada por guardias penales- fue compilada por presos del Centro Metropolitano de Detención de Estados Unidos en Puerto Rico, que luego del suceso sangriento fueron trasladados a diversas prisiones continentales.

Los hechos ocurrieron a raíz del huracán María, que devastó Puerto Rico el 20 de septiembre, pero no es hasta ahora a finales de noviembre que se pudo conocer sobre las alegaciones de los presos debido a unas filtraciones de informes no oficiales.

Según los relatos de los confinados, los presos de una sección de la prisión federal se amotinaron porque llevaban cuatro días sin agua y sobreviviendo en celdas en las que los excrementos estaban desbordados. Ante el alzamiento de los confinados, la guardia penal, bajo órdenes vociferadas por los oficiales, hicieron escarnio de los presos a golpes, patadas en el rostro, disparos de pistolas de proyectiles de goma y gas pimienta, además de acostarlos esposados y boca abajo en un área con el piso lleno de excrementos.

Los propios presos compusieron dos listas, una de ellas con los nombres de los 42 presos que resultaron heridos y otra con los de cerca de 30 guardias que, según su alegación, cometieron las agresiones. Luego de haber visto los relatos y las listas, NCM Noticias consultó con la Unión Americana de Derechos Civiles (ACLU) en Puerto Rico, donde se indicó que de ser ciertas las alegaciones configuran delitos contra el Estatuto Criminal de Derechos Civiles y delito de tortura por parte del Estado, entre otras violaciones.

El director ejecutivo de la ACLU en Puerto Rico, el abogado William Ramírez, dijo que se procederá a dar parte del asunto a los encargados del Proyecto de Reforma Carcelaria de EEUU y que se conducirá una evaluación preliminar para tratar de establecer la veracidad de los hechos alegados.

“De ser ciertas las alegaciones, claramente hay serias violaciones a los derechos de estas personas, que están bajo la custodia del Estado”, dijo Ramírez y puntualizó que este asunto debe ser investigado por la División de Derechos Civiles del Departamento de Justicia y la de derechos humanos del propio sistema federal de prisiones.

Además, dijo que, de confirmarse los hechos, constituirían “violaciones muy serias”, no sólo a las leyes de EEUU, sino a los principios internacionales sobre derechos civiles y humanos.

Explicó que las condiciones de tortura comenzaron desde que se les negó el servicio de agua por un período prolongado, lo que se agravó luego con las golpizas y demás malos tratos.

El Centro Metropolitano de Detención tiene capacidad para más de mil presos, varones y mujeres. Todos fueron trasladados a prisiones de EEUU días después del huracán.

No hay, sin embargo, informes de que las golpizas fueran a todos los presos. Por el contrario, hasta ahora lo que se conoce es la alegación de lo supuestamente ocurrido en una de las secciones, en las que podría haber cerca de cien confinados o menos, todos varones.

Sobre las mujeres, entre las que está la ex campeona nacional de equitación y prisionera independentista Nina Droz –que se ha convertido en un símbolo de rebeldía social- la información disponible es que esta vez no fueron agredidas y se les trasladó a una prisión en el norte del estado de la Florida.

De acuerdo a los informes obtenidos, los presos llevaban cuatro días sin agua, a pesar de que había órdenes escritas de proveérselas por lo menos una vez al día para aseo y poder descargar los retretes de las celdas. El día 24, ya en ambiente de desesperación, los presos reclamaron y los guardias se negaron a cumplir, lo que provocó el amotinamiento y la ruptura de un cristal, siempre de acuerdo a la alegación de los confinados.

Los relatos indican que la respuesta de la seguridad de la prisión fue desatar la furia de los guardias, que golpeaban a diestra y siniestra. Luego de tener a todos los confinados atados y sometidos, las patadas y los disparos con pistolas de balas de goma continuaron, así como las otras torturas descritas, sin reparar en los prisioneros que tenían condiciones de salud o discapacidad.

Mientras tanto, los confinados dijeron que los oficiales les gritaban todo tipo de improperios y les indicaban que lo que deseaban era que sus parientes se hubieran ahogado en las inundaciones ocurridas a raíz del huracán.

Al otro día, luego de la noche de pesadilla, los presos fueron sacados de la prisión, algunos de ellos todavía sangrando, y enviados en avión a las prisiones en EEUU.

De inmediato, la única información oficial que se difundió en el país era sobre el traslado de los presos federales a EEUU, pero nada sobre algún motín o alteración al orden, mucho menos sobre golpizas.

Las cosas que ocurren tras los muros del gigantesco edificio de la prisión federal tienden a mantenerse bastante alejadas de la opinión pública en Puerto Rico. De hecho, transcurrieron más de dos meses desde que, supuestamente, ocurrieron estos hechos hasta que comenzaron a trascender los informes desde distintos puntos.

No se ha localizado denuncia formal alguna, ni portavoces, ni documentos que indiquen que el asunto ha motivado una pesquisa interna. De la veracidad de los relatos y la autenticidad de las listas, solamente sabrían los propios confinados, alguno de sus parientes y los propios guardias.