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Recuento del 2017: ¿el país está al garete?

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alt(San Juan, 11:00 a.m.) El año 2017 será inolvidable en la memoria de la nación boricua. El impacto que los huracanes Irma y María tienen en el imaginario popular lo harán tema de conversaciones, producciones literarias, programas televisivos, cine, etcétera, por mucho tiempo. Escucharemos hablar del “año terrible” y evocaremos el trauma que los huracanes han dejado en los puertorriqueños.

Lo más interesante de todo este proceso es la capacidad del pueblo boricua para reponerse ante eventos desastrosos, la inhabilidad del gobierno de enfrentar catástrofes y lo poco que le importamos a la metrópoli estadounidense.

Las vendas engañosas y las falacias idealistas se han desmoronado. Todavía quedan algunas focas amaestradas que aplauden la ineptitud y la mentira y fanáticos descerebrados que prefieren ser corderos que llevan al matadero antes de pensar. Son menos cada día que pasa.

María nos enfrentó a la verdad. Puerto Rico es un país latinoamericano, pobre y doblegado por un imperio que lo ha exprimido hasta la saciedad. El país vivió una ilusión de ser primer mundista y ha tenido un rudo despertar donde la realidad es más dolorosa de lo que se pensaba.

Escuchar a analistas reconocer que Puerto Rico es el país más pobre de la cuenca del Caribe, me hace preguntarme, ¿dónde han vivido estos avatares de la politiquería nacional? Todo aquel que conozca a Puerto Rico verdaderamente sabe que poseemos una economía fatula, que el 60 por ciento de los habitantes vive bajo los niveles de pobreza y que tenemos graves problemas sociales, una alta incidencia criminal y problemas de violencia de género. Fuimos una vitrina del imperio estadounidense durante la Guerra Fría. Terminada la susodicha dejamos de ser importantes y nos convertimos en una carga.

No supimos aprovechar al máximo la situación que disfrutamos gracias a Fidel Castro. El imperio nos endeudó. Los gobiernos coloniales se aprovecharon de la buena racha para enriquecer a los gobernantes y sus favoritos. El pueblo fue empobrecido para mantenerlo sojuzgado a la colonia. Los dos partidos mayoritario no son más que brazos coloniales que abogan por la permanencia del estatus quo mientras dividen cada día más al país para que no pueda liberarse del yugo.

El desastre sirvió también para reafirmar el sentido identitario de los puertorriqueños. Ante la hecatombe los boricuas de arroparon con su bandera e imploraron a los ancestros por guía y fortaleza. El país se olía el desplante de la metrópoli. Los únicos que se doblegaron y humillaron fueron los oficiales gubernamentales, los mismos que han quedado como chanchulleros y mentirosos. Los puertorriqueños tenemos incrustados en la memoria la historia de otros eventos similares y la actitud de las metrópolis que nos han tirado migajas, pero al final nos dejan solos a nuestra suerte.

Haciendo un serio análisis de la situación, me tengo que reír de lo iluso que a veces parecemos. Los anexionistas nos venden una ilusión irreal de lo que es la estadidad. Los que profesan el ideal no conocen el mecanismo de cómo se llega a la integración, ni la historia de los desplantes que nos ha hecho la metrópoli. Somos tan ilusos que negamos la realidad que para ser estado cinco de los miembros del Congreso tienen que ceder su escaño a Puerto Rico porque la Cámara de Representantes tiene un número fijo de integrantes, 435. Todo el mundo sabe que nadie se despoja de su riqueza para dársela a los pobres. El mensaje bíblico aquí no impera.

Las fuerzas independentistas están divididas. Es más un rompecabezas tiene mejor organización que las fuerzas pro independencia. Los grupos se tiran unos a otros. No existe un líder lo suficientemente carismático para unir los grupos y darle dirección al movimiento. Además, siguen tan ajenas a la realidad del pueblo que se ven solo como fiscalizadores, gente buena y honesta, pero no capaces de gobernar.

Los populares están al garete. No tienen líderes definidos y el cuento de lo mejor de dos mundos se derrumbó como el castillo de arena que era. Aún no salen del abrumador choque con la realidad colonial. No han podido sobreponerse, recoger los pedazos y reorganizarse.

El 2018 será un año doloroso. La recuperación es lenta y nos enfrentaremos a una temporada huracanada violenta. Lo mismo pasó entre San Felipe II y San Ciprián, pero entonces fue un periodo de cuatro años. En esa época nos favoreció la política imperial del Nuevo Trato y los programas que se desarrollaron en el país a través del Puerto Rico Reconstruction Administration (PRRA) y el Puerto Rico Emergency Relief Administration (PRERA).

El cuadro actual es tétrico. La administración federal y el Congreso republicano no son amigos de los colonos que habitan la isla salvaje del Caribe. Ofrecen villas y castillos para luego clavar el puñal. Se vanaglorian de ver a los gobernantes de la colonia humillarse para luego darle una patada, como hacían los señores feudales. Esto se empeorará cuando lleguen los fondos ofrecidos y el gobierno no pueda determinar su uso. Los federales, luego del peje maruca de Whitefish, no confían en Ricardo Rosselló Nevares. Ricardo Ramos le hizo mucho daño al Gobernador, el resto lo están haciendo las aves de rapiña de su colectividad política. Fortaleza huele a carroña y las hienas quieren el poder, aunque sea iluso y esté en manos de una Junta de Supervisión Fiscal.

Lentamente, veremos un deterioro en todos los sentidos. Las fábricas pueden iniciar un éxodo que acabe con los pocos recursos que le quedan al gobierno. Un aumento en las contribuciones sobre la propiedad acabará con incrementar la pobreza. El gobierno ha demostrado su ineptitud. La mediocridad impera y el temor gobierna. El pueblo irá por su lado y el gobierno llorará sus penas.

Esta negatividad social disparará una ola criminal nunca antes vista en el país. La desesperación por la falta de empleo y la escasez de dinero en la calle desestabilizarán los puntos de drogas y la economía furtiva. El colapso de la reforma de salud y la reducción en las ayudas federales, especialmente en los programas de Sección 8 y el Programa de Asistencia Nutricional (PAN) llevará a muchos a la desesperación. Debemos estar atentos a la violencia intrafamiliar que se acrecentará con la pobreza. No podemos olvidar el impacto que esto tendrá sobre pensionados, las personas de edad avanzada y los niños, estos son los grupos más vulnerables.

Llegaremos al 2020 con la peor crisis que haya vivido Puerto Rico en toda su historia. El año electoral será difícil. Podemos augurar un cambio de partido en Fortaleza y la Legislatura. Otra elección más de quítate tú para ponerme yo. Al final será el imperio con sus rejuegos, arrestos y publicidad fatula el que decida quién se hará ecargo del gobierno colonial. Ellos son los dueños de la finca. Mientras tengan la soberanía secuestrada ni estado, ni república, ni nada, solo colonia o usando el eufemismo que les gusta, “territorio no incorporado”.

Las similitudes entre este periodo y otros que hemos atravesado en el pasado nos hacen estar atentos a dos paradigmas: el incremento en el sentido identitario o patriotismo y el aumento en los niveles de pobreza. Ambos son gatillos que disparan cambios.

Es hora de definiciones y de unidad nacional. Tenemos que vencer el divisionismo y ponernos a trabajar en un plan de país. No podemos esperar mucho del norte, la responsabilidad es nuestra.

Creo en la capacidad de los puertorriqueños. Es hora de tomar control de la soberanía y definir el rumbo a seguir. Juntos construiremos un mejor Puerto Rico.