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Carta abierta al Senador Tomás Rivera Schatz

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alt(San Juan, 1:00 p.m.) Mientras ya el Estado Libre Asociado (ELA) está desenmascarado como un eufemismo de la situación colonial de Puerto Rico a muchos puertorriqueños les atrae la idea de la Estadidad. Sin embargo, ¿son ambas fórmulas cantos diferentes de la misma sirena? El primero, conserva la identidad cultural y cierta, ahora muy lejana, honestidad en el manejo de fondos; en la segunda, algunas personas están dispuestas a sacrificar su puertorriqueñidad, con tal de obtenerla. Es así como eligen por su ideal en las elecciones y el pueblo paga las consecuencias.

De hecho, los gobiernos más escandalosos que hemos tenido, se caracterizan por el robo de fondos por parte de los funcionarios del gobierno local. El punto es que mientras esta parte de la población busca ser anexada como un estado más, la realidad es que el partido, el Partido Nuevo Progresista (PNP), sigue en control de la colonia. Y se alteran momentáneamente ante los abusos de los que ellos reconocen como sus conciudadanos nada más.

¿Cómo es que no es posible que comprendan la jaula en la que están encerrados? El Congreso ha hablado en numerosas ocasiones. Y ya ha comenzado un proceso de gentrificación ayudado por los malos manejos de la economía colonial y la ayuda fortuita de los huracanes. Mientras, los políticos “listos” se han aprovechado y han amasado sus fortunas (algunos ya ni viven aquí), el abuso continúa y va en aumento. Quieren hacer leña del árbol caído, como dice el refrán.

Acaso, ¿la estadidad es un anestésico para seguir robando en la colonia? Seamos sinceros, la estadidad es un sueño que se vende como la cura a todos los abusos y a la toma de malas decisiones; pero si son los estadistas los que están en el poder, ¿por qué no son los que dan el mejor ejemplo cuando lo pueden hacer? ¿Quién tiene el poder en verdad? ¿Por qué la venta de influencias, los contratos a amigotes desprestigiados, entre otros pequeños abusos que por honor al ideal se sostienen? No sé si existe el karma o la justicia en forma de abanico.

De qué le vale, Honorable Senador Tomás Rivera Schatz, enojarse por los atropellos ante las cámaras del país, si no hace un llamado a la indignación general y a una protesta organizada que haga repensar a los abusadores que Puerto Rico se respeta. La respuesta la sabemos. Se indigna, pero ahí se queda porque una protesta masiva es cosa de maestros en peligro de perder sus sueldos y pensiones, es cosa estudiantes revoltosos que no podrán pagar sus estudios universitarios sin endeudarse si la matrícula llega a igualarse a la de las instituciones privadas (causas perdidas).

Digamos que es entendible su postura, que jamás protestaría de esa manera, que eso es cosa de gente diferente, ¿herejes del sagrado ideal de la estadidad? Entonces, qué le queda a un político de su envergadura que es abogado.

Si de verdad considera que el salario del nuevo director de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) es un abuso, si considera que el sueldo de otros también lo es, ofrezca una acción a su denuncia e indignación. Inicie algo legal en la judicatura, ¿un pleito de honor? No soy abogada ni conozco de leyes, pero usted, sí. Estoy segura de que recibirá el apoyo y la firma de muchos puertorriqueños de todos los partidos y preferencia de estatus.

Los sueldos de abuso en tiempos de emergencia y caos económico son suficiente razón para protestarlos y le podría tocar a usted, como representante de su preferencia de estatus y del gobierno en el poder, el inicio de otra realidad, una donde la buena voluntad sea el mayor ideal. Vamos, acción.