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La primera purga en el proyecto político de Donald Trump

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alt(San Juan, 10:00 a.m.) En el fin de semana vi la película titulada “La primera purga” (The First Purge) que es parte de una serie de películas sobre un controversial experimento de limpieza social. La trama nos lleva por la victoria de un partido político alterno a los demócratas y republicanos, los nuevos padres fundadores. Ante la frustración social provocada por la crisis económica, el estancamiento social y la muerte de las instituciones democráticas dicho partido promete hacer de Estados Unidos una gran nación de nuevo, “Make America Great Again”.

La manera de lograr su objetivo político, hacer a su país uno grande de nuevo, es por medio de una limpieza social o étnica que se parece mucho a las purgas que está llevando a cabo Donald Trump en los Estados Unidos. La articulación de una fuerza de desnaturalización, es decir, una operación para quitarle la ciudadanía a miles de inmigrantes naturalizados, supuestamente terroristas o que la adquirieron fraudulentamente, es parte de este tipo de política de limpieza étnica. Otro ejemplo es la política de tolerancia cero que pretende evitar la entrada de personas solicitando asilo o el estatus de refugiados en los Estados Unidos. También podemos considerar como modelo de la política de limpieza étnica de Donald Trump la purga de residentes no ciudadanos que están en la milicia, cuerpo al cual entraron bajo la promesa de advenir a la ciudadanía luego de servir a Estados Unidos en el ejército.

Las políticas migratorias de Donald Trump, su discurso de odio contra los latinos y la forma en que ha articulado la exclusión de ciudadanos, privándoles de sus derechos fundamentales, es simplemente una purga. Por esa razón podemos afirmar que la purga que se representa en la película es la mejor metáfora para comprender la administración Trump. Obviamente dicha administración ha promovido el odio, el rechazo, la exclusión y las actitudes discriminatorias en la población. Ante la política de odio de Trump los incidentes de ataques raciales por parte de blancos y norteamericanos contra inmigrantes se han hecho cada vez más comunes.

El más reciente es el ataque de un blanco contra una mujer puertorriqueña que llevaba una camiseta de la bandera de Puerto Rico. Mientras el atacante increpaba irracionalmente a la mujer, por llevar dicha camiseta, ella se defendía tratando de razonar con el individuo alegando que Puerto Rico es parte de los Estados Unidos. Mientras eso ocurría un oficial de la policía decidió ignorar los reclamos de la mujer, alejándose de la escena y no interviniendo con el agresor a pesar de que se estaba cometiendo un crimen de odio ante sus ojos. La mujer argumentaba, innecesariamente, que ella podía llevar la camiseta porque era ciudadana, cosa que era puesta en duda por el racista norteamericano. En este caso la ciudadanía, una vez más, ha demostrado ser insuficiente para proteger a una persona del ataque de un racista.

Donald Trump está promoviendo una política de purga, una política de exclusión, una política de discrimen. Esa política está siendo llevada a cabo por la fuerza policial, por los ciudadanos blancos y por las masas norteamericanas. Ante el ataque irracional del racista no es suficiente, ni siquiera necesaria, la racionalidad, lo único que puede detener las políticas de purga de Donald Trump es que se le arrebate el poder, es por ello que la única alternativa existente es que los demócratas derroten ampliamente el poder republicano en noviembre para poder detener lo que a todas luces es un proceso de limpieza étnica.