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Puerto Rico bajo la lógica de la modernidad líquida

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alt(San Juan, 10:00 a.m.) El Puerto Rico del siglo XXI está marcado por la incertidumbre y la inestabilidad. Desde el año 2000 ninguna administración pública ha revalidado en las elecciones. Las corporaciones públicas están insolventes. Los gastos energéticos y por consumo de agua se han triplicado. El sistema de salud carece de recursos suficientes para prestarle servicios a los ciudadanos; los resultados en las pruebas de aprovechamiento académico están en su momento más bajo y el sistema de seguridad pública carece del personal y los recursos para enfrentar el constante incremento en la criminalidad. ‘

Las contribuciones y las deudas ahogan a los puertorriqueños. Los recaudos gubernamentales no son suficientes para hacerle frente a los gastos. Las malas decisiones administrativas, el bipartidismo, el amiguismo y la corrupción llevaron al gobierno a la quiebra. La credibilidad del gobierno está en entredicho, los ciudadanos han perdido la confianza en el proceso democrático y la situación socioeconómica de Puerto Rico continúa deteriorándose.

Las elecciones cada cuatro años solo han servido para subir al poder gobernantes mediocres, incapaces de sensibilizarse con la realidad agobiante que vive el pueblo. Empero, la falta de credibilidad gubernamental, las luchas partidistas, la incertidumbre, la inestabilidad…no solo ocurre en Puerto Rico. Podemos observar similitudes en la administración de Donald Trump en los Estados Unidos, en la España de Pedro Sánchez y en otros tantos países. Pero, ¿qué le sucede al planeta?

El periodo histórico por el que atraviesa la humanidad ha sido bautizado como modernidad líquida. El término fue acuñado por el sociólogo Zygmunt Bauman. La modernidad liquida (llamada también modernidad tardía) describe las sociedades surgidas en los años 90 cuando la globalización se impuso como filosofía del mercado capitalista.

La globalización clama por la integración de las sociedades humanas para facilitar el intercambio comercial y la comunicación cibernética. Implica la transformación de los patrones económico, tecnológico, político, social, empresarial y cultural de las naciones para formar una sola sociedad humana. El neocapitalismo que rige la integración de los mercados privatiza los servicios gubernamentales, aunque estos sacrifiquen el bienestar general. Estos cambios han desestabilizado los gobiernos tradicionales para establecer sociedades efímeras, frágiles y consumistas.

Jazmín Hernández Moreno en su reseña del libro de Bauman, “La modernidad líquida” (2003), describe los cinco conceptos básicos de las nuevas sociedades: emancipación, individualidad, tiempo/espacio, trabajo y comunidad. Bauman planteó que en la actualidad las instituciones socioeconómicas son efímeras y frágiles, por ende impactan los cinco conceptos fomentando la inestabilidad del individuo que carece de un punto seguro en su existencia.

Lo sólido, aquello que nuestros abuelos consideraban inamovible como el derecho al trabajo, el matrimonio o la seguridad social son inestables y volubles. El estado le falló al ciudadano. La seguridad se evaporó en los mercados financieros. El Estado ha dejado de ser benefactor, se convirtió en mediador entre los poderes fácticos y los individuos, ha cedido sus facultades de decisión. El Estado y la nación han tomado caminos distintos en la modernidad liquida.

El neoliberalismo implementó el consumo como la principal expresión del capital. Esto nos llevó a funcionar en función de la velocidad de movimiento, la capacidad tecnológica y la información disponible. La prioridad de los sistemas educativos dejó de ser la instrucción de los estudiantes sino el de aumentar el crecimiento económico del estado y adaptar a sus ciudadanos a los condicionantes del mercado laboral. La nueva educación no busca inculcar conocimientos y experiencias, la función del maestro es preparar al estudiante para buscar en las redes sociales. El estudiante no debe pensar, solo reproducir un conocimiento aséptico e individualizado, pero descontextualizado de la coyuntura de cada definición.

El papel de las universidades modernas ha sido trastocado, Ya no es la formación de ciudadanos académicamente útiles para la nación lo que motiva a las facultades universitarias. El mercado requiere producción inmediata. En este tipo de sociedad todo es cuestionable. Las emociones están sobre la verdad, por ende la mentira, cuando es dicha con vehemencia es más creíble que los hechos factuales (postverdad).

Todo en las nuevas sociedades debe regirse por los criterios empresariales de compra-venta y de mercadeo y abandonar el ideal clásico – y utópico – de “búsqueda de la verdad”. En las nuevas sociedades liquidas el pasado está obsoleto. El amarre al pasado se contrapone a la cultura del movimiento neoliberal basada en la temporalidad. Los nuevos poderes financieros de la globalización actúan al margen del espacio, en un único tiempo: la instantaneidad, y no contraen el mínimo compromiso – ni siquiera de visibilidad.

La modernidad líquida rompió con los nexos entre la clase política, la acción comunitaria y el activismo social. Este rompimiento fue desarrollando una amnesia colectiva favorecida por organismos financieros e ideólogos neoliberales que desestabilizó el sentido de pertenencia de los pueblos. El neoliberalismo busca ocultar la historia de reivindicaciones sociales y políticas para incentivar el consumo desenfrenado, suprimiendo sensaciones como la nostalgia o el arraigo que pueden detener la rueda del consumo en las sociedades modernas. El pasado se ha vuelto obsoleto y finito, no tiene nada que enseñar.

El aparente resurgir del folclorismo no emana de una búsqueda en las raíces identitarias. Los festivales y tradiciones tienen en si una función económica que favorece el consumo, atraen turistas y mejoran la imagen de las comunidades en el exterior. Tristemente este renacer del folklore, la valorización de lo local y lo antiguo se explica por la comercialización de patrones culturales y la promoción del turismo de masas.

El progreso lineal de la modernidad, cedió paso a la sensación de que estamos en un mundo completamente nuevo, donde los riesgos y las oportunidades no tienen ningún precedente. Los problemas tienen que ser resueltos inmediatamente, no hay tiempo para explicaciones.

La sociedad se hace cada día más insensible. El colapso del comunismo y el fracaso de los gobiernos socialistas han dejado a los pueblos en manos de neoliberales insensibles, incultos y avaros. Si no encontramos una alternativa a las políticas neoliberales, el futuro se dirige hacia una sociedad de ricos y pobres, amos y esclavos.