Vie01182019

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Intelectuales en el país de las maravillas

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alt[Nota editorial: un destacado intelectual del país, pide participar en un debate que se abrió ayer en uno de los principales diarios de prensa de la isla, a raíz de una columna de la destacada intelectual Ana Helvia Quintero. La reacción es para provocar un debate de alturas en Puerto Rico en torno al futuro de la Universidad de Puerto Rico].

Después de leer el escrito de hoy 2 de enero de 2019 de la Dra. Ana Helvia Quintero, en un diario de circulación nacional, me pregunto si la compañera universitaria ha podido darse cuenta de los acontecimientos en pleno desarrollo que ocurren hoy día en Francia con el movimiento -que se dispersa velozmente por Europa- llamado sencillamente chalecos amarillos.

¿Conocerá la profesora cómo luchan en Francia las clases mayoritarias y maltratadas hoy día contra la opresión del neoliberalismo a más de 200 años de la Revolución Francesa? En verdad en Francia ni en Europa no ha habido la tal creatividad que ella quiere exigir a la Hermandad de Empleados Exentos No Docentes y a los sindicatos en general. No, en la lucha social francesa contra el neoliberalismo y contra su títere de turno -Macron- no ha habido ni fórmulas líquidas ni mucho menos varitas mágicas ni innovaciones en la lucha popular.

Es que es muy sencillo: A los que engañan, mienten, roban, matan y estrangulan desde el poder a las grandes masas se les enfrenta en las calles con decisión y ¡seguridad! Si es cierto que la lucha social ha cambiado mucho desde la Comuna de Paris, la Revolución Francesa y Carlos Marx pero los métodos de lucha de los pobres, de las mayorías siguen siendo los mismos como lo validan hoy en las calles parisinas los chalecos amarillos. Sigue siendo igual: haciendo ruido y poniendo presión a las oligarquías que les duele que el mundo se entere de qué hay mucha, pero que mucha gente protestando porque están de mal en peor mientras los menos son cada vez más ricos.

Pensemos un poco y preguntémonos solo casualmente: ¿cuántas funciones de obras de teatro fabulosas tuvieron que cerrar en Francia por las dignas protestas durante las últimas 8 semanas? ¿Cuántos de los grandes museos franceses han tenido que cerrar al torrente turístico? ¿Pues cuánto de la vida cultural parisina se ha cancelado por las protestas? ¿En verdad, a quién le importa eso? ¿A quién se le ocurre pensar allí que porque la gente denuncie las barbaridades y los abusos sin fin del neoliberalismo desmantelando el Estado del bienestar perderá prestigio Paris la Capital de las Luces??? ¿Alguien allí piensa realmente que ya nadie querrá ir a Francia de turista por culpa de esas multitudinarias protestas que ocurren desde hace ya más de dos meses en el País Galo?

Eso no es sin duda alguna la preocupación de nadie seriamente. El desprestigiado Macron muy rápido accedió -ante la enorme presión para evitar nuevas elecciones- con un paquete de medidas para las clases medias y pobres entre las que están el aumento sin titubeos del salario mínimo, lo cual jamás hubiera ocurrido a no ser por las protestas. ¿Y por qué se protesta? La gente se cansó de cambiar de un lado del espectro político al otro buscando quién de verdad cambie la situación de las mayorías, es decir, quién esté dispuesto a luchar por el bienestar común.

La gente lucha porque se hartaron de políticos cuya única lealtad es para los ricos y financistas que patrocinan sus campañas electorales. Se hartaron de políticos que no tienen compromisos con la necesidades de la gente común. Hoy luchan en Francia contra los indicadores económicos que dicen que toda la economía anda bien pero sin embargo la gente común solo vive de precario en precario. Se reduce, por ejemplo el desempleo, pero los empleos son cada vez peor remunerados, sin derechos y de mayor explotación que no permite especialmente a los jóvenes pobres ni si quiera proyectar una vida digna porque los sueldos no dan y los precios de la vida son altísimos. Y entonces luchan los trabajadores por mejores sueldos y condiciones de trabajo, y luchaban los inmigrantes contra el maltrato y la explotación de su fuerza de trabajo y luchan los estudiantes por una educación de calidad a la que todos tengan acceso sin tener que endeudar el porvenir.

¿Dra. Ana Helvia Quintero, usted no ve que la creatividad que usted exige para los sindicatos con formas de luchas inofensivas no es posible porque tal creatividad –como su exigencia y de las camisas blancas- es una ficción ideológica derechista? Esta ficción a quien beneficia realmente no es la Universidad sino al neoliberalismo de los gobiernos y a la Junta de Control Fiscal. La Universidad no es un ente que existe abstracto y ajeno a lo que ocurre en nuestras sociedades maltrechas.

Contra eso no vemos que usted tenga preocupación alguna. Contra eso ella no mueve su pluma para denunciarlas. ¿Por qué no se preocupa nuestra colega por el prestigio de una Universidad que le quiere eliminar por razones ideológicas el Plan de Retiro a sus docentes y no docentes? ¿Por qué no se preocupa por el prestigio de una Universidad que de golpe y porrazo se le aumenta complacientemente la matrícula 300% a sus estudiantes? ¿O por qué no se preocupa por el prestigio internacional de una Universidad a la que se le quita la mitad de su presupuesto reduciendo el acceso a los pobres?

Y qué pasa con el prestigio de una Universidad que maltrata a sus mejores docentes o que destituye fulminantemente y sin razón a su liderato y luego los acusan de burdos criminales en fabricaciones mayúsculas. Esto no parece preocuparle nada a ella y si es que le preocupa, pues dígalo al país entonces antes de seguirle el juego a la Junta de Control Fiscal y al gobierno de turno con sus planteamientos en contra de los sindicatos que justamente defienden derechos adquiridos que se lograron luchando duro en la calle igual que hoy luchan en Francia los chalecos amarillos con los métodos de siempre.

Hamilton es una bola de humo para desviar la atención de las verdaderas tragedias de la Universidad. Hamilton vino para dividirnos y ponernos a pelear no contra los que nos roban y nos abusan sino entre nosotros mismos para que seamos débiles.

Y por último, no todos somos iguales, pero ¡hay siempre algunos que son más iguales que otros!