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¡Viva Hostos!

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(San Juan, 10:00 a.m.) El 11 de enero es el natalicio de Eugenio María de Hostos y Bonilla. Ciudadano de América, uno de los principales educadores y filósofos de la humanidad, padre del sistema educativo de la República Dominicana, defensor de los derechos de la mujer, bienhechor de la minoría china en Perú, desarrollador del tren transandino entre Chile y Argentina, colaborador en la lucha libertaria de Cuba, independentista mayagüezano y puertorriqueño, fomentador de la unidad antillana y de la integración latinoamericana. Hostos es el puertorriqueño de mayor internacionalidad. No nos queda duda que es el boricua que más ha aportado al pensamiento de la humanidad.

Mientras el mundo reconoce la grandeza de Hostos en Puerto Rico existen fuerzas que quisieran borrar su presencia de nuestra historia. Durante la administración de Alejandro García Padilla se suprimió el feriado que honraba su memoria y hoy, con excepción de su natal Mayagüez, no hay eventos gubernamentales que conmemoren la grandeza del prócer.

Si llevamos a cabo una encuesta hoy día en el país sobre quién es la figura de la semana en términos históricos estoy seguro que la mayoría de la gente no mencionará a Hostos, pero si se acordarán de Hamilton. No es que sepan quien fue Alexander Hamilton, ni mucho menos estén interesados en buscar información sobre uno de los fundadores de los Estados Unidos, sino que es un musical escrito por el laureado actor, escritor y productor puertorriqueño, Lin Manuel Miranda.

El musical, que se estará presentando durante este mes en el Centro de Bellas Artes, fue centro de una controversia porque hubo opositores a que se presentara en el Teatro de la Universidad de Puerto Rico. Conozco la historia de Hamilton, a quien podemos considerar un emigrante porque nació en la isla de Nevis y las razones que lo llevaron a la tumba tras un duelo con su rival político, Aaron Burr. Fue un patriota estadounidense, defendió la libertad de su país y cuestionó políticas dudosas de su rival político.

Miles han participado en una lotería para obtener boletos para la obra y otros han pagado una alta suma de dinero. Me gusta el buen teatro, Hamilton es una obra grandiosa como así lo aquilatan los premios que ha recibido. No entro en la polémica sobre su presentación en el primer centro educativo del país y órgano rector y protector de la cultura nacional. Valoro los méritos de Miranda y lo felicito por sus logros, pero lo incito a aprender sobre nuestro patricio, Hostos.

La vida de Hostos amerita una buena obra de teatro, una grandiosa película o una serie televisiva. Los diferentes aspectos de su vida lo hacen un personaje grandioso para un culebrón (telenovela) entretenido a la vez que es educativo.

¿Cuántos personajes conocen ustedes que hayan nacido durante un huracán y hayan muerto durante otro? De hecho “Hostos, el huracanado” podría ser un buen título para un musical. Hostos nació en el barrio Río Cañas Arriba en Mayagüez el 11 de enero de 1839 en medio de una tormenta y falleció el 11 de agosto de 1903 en Santo Domingo, República Dominicana, en medio de otra.

Hostos vivió una vida peligrosa en tiempos convulsos. Fue exiliado del Archipiélago Borincano por las autoridades españolas por su apoyo a la independencia de Puerto Rico y Cuba. El prócer sobrevivió intrigas políticas en República Dominicana, enfrentó a esclavistas explotadores en Perú, oligarcas en Chile, militares en Argentina, machistas en donde quiera que estuvo y sus pasos fueron seguidos por espías españoles y estadounidenses.

Fue educador, filósofo, sociólogo, abogado, un intelectual completo. Escribió 50 libros y múltiples ensayos.

Hostos fue bisnieto de español, nieto de cubano casado con una dominicana radicados en Puerto Rico e hijo de un mayagüezano, un antillano en todo el sentido de la palabra.

En medio de una vida repleta de intrigas sacó tiempo para amar y educar a sus hijos y compartir con su esposa Belinda Otilia de Ayala y Quintana. Le gustaba estar con sus hijos. La introducción de su cuento “En barco de papel” nos muestra su ternura:

“Al entrar en mi casa, a descansar de la brega cotidiana, oí con negligente oído que me recomendaban la lectura de un artículo literario, «muy bien escrito», que expresamente se me había dejado sobre mi mesa de lectura. A ella acababa de sentarme, cuando la víctima menor de mis extremos paternales abrió la puerta de mi tomacafé, se me sentó en la falda, me sobornó con un beso, y me pidió un barco de papel. Tendí el brazo, tomé el primer impreso que hube a mano, le arranqué un pedazo, saqué las tijeras que para ese y otros oficios de padrazo llevo siempre en el bolsillo y recorté "lo más bien" un cuadrito. Lo doblé primero en un doblez rectilíneo; después, en dobleces angulares; en seguida, en rebordes muy simétricos; luego, en dirección de fondo a borde; acto continuo, en repliegues de adentro para afuera, y tomándolo gloriosamente, y mostrándolo con aire victorioso a la atentísima sobornadora: ¡Ea!, le dije, un beso, o ¡no hay barco! Me dio el beso, le di el barco”.

Hoy honro la memoria de Hostos a la vez que incito a nuestros dramaturgos, a jóvenes que nos enorgullecen como Miranda, a escribir sobre Hostos. Profundicemos en su vida y construyamos monumentos visuales para que las nuevas generaciones, y porque no, también las viejas, puedan conocer la grandiosidad del educador. Hostos merece una buena obra de teatro, una película de acción o una telenovela cargada de escenas inolvidables.

Gracias Hostos por haber nacido en Mayagüez, Sultana del Oeste, tierra borincana. Gracias por amar a la Patria y abogar por su derecho de ser libre y soberna. Gracias por nunca negar tus raíces a pesar de haber cosechado logros en otras naciones que te acogieron como un hijo. ¡Los Maestro!