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¿Puerto Rico fue secuestrado por el colonialismo americano?

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alt(San Juan, 12:00 p.m.) Caminar por las calles de la hermosa isla de Puerto Rico se ha convertido en un verdadero caos. Primero ya no hay seguridad a ninguna hora del día y de la noche. Es casi como sentirse en el viejo oeste estadounidense según lo describe el cine, ah, pero nadie me ha dicho quiénes son los indios y quienes son los vaqueros.

Bueno, tal vez puedo inferir los indios son el pueblo oprimido con impuestos, luchando por la desigualdad social entre los ricos y los pobres y los vaqueros son el gobierno no, no son los dueños de puntos, oh será una mafia boba. Este escoge esta difícil sea quien sea el efecto es vivimos en una isla llena de bandidos.

En este punto sería importante recordar la definición de bandidos por el diccionario de la Real Academia Española (RAE): es un fugitivo de la justicia que es llamado por bando (un edicto o mandato publicado de orden superior). Ahora la pregunta es quien se fugó. Podríamos pensar se fugó el conocimiento, se fugaron los valores, se fugaron las instituciones sociales. Entonces que nos queda.

La incertidumbre es la consigna del momento. La educación pública está caminando por los puentes de la privatización, al momento hay 26 escuelas que pueden pasar a convertirse en Escuelas Públicas Alianzas. La Universidad de Puerto Rico está en la vorágine de perder su acreditación. La relación colonial impone que tienen que estar acreditados. En este tema el bandido es la falta de gobernanza.

Si nos adentramos en los entuertos de la modernidad, otra posible comparación de la situación de la isla es con el síndrome de Estocolmo. Si no sabes lo que es el síndrome de Estocolmo te contaré que el 23 de agosto de 1973, Jan Erik Olsson intentó asaltar el Banco de Crédito de Estocolmo, capital de Suecia. Tras verse acorralado tomó de rehenes a cuatro empleados del banco, tres mujeres y un hombre. Entre sus exigencias estaba que le trajeran a Clark Olofsson, un criminal que en ese momento cumplía una condena. A pesar de las amenazas contra su vida, incluso cuando fueron obligados a ponerse de pie con sogas alrededor de sus cuellos, los rehenes terminaron protegiendo al raptor para evitar que fueran atacados por la Policía de Estocolmo.

Durante su cautiverio, una de las rehenes afirmó: «No me asusta Clark ni su compañero; me asusta la policía». Y tras su liberación, Kristin Enmark, otra de las rehenes, declaró: «Confío plenamente en él, viajaría por todo el mundo con él». El psiquiatra Nils Bejerot, asesor de la policía sueca durante el asalto acuñó el término de «síndrome de Estocolmo» para referirse a la reacción de los rehenes ante su cautiverio.

El síndrome de Estocolmo es una reacción psicológica en la que la víctima de un secuestro o retención en contra de su voluntad, desarrolla una relación de complicidad y un fuerte vínculo afectivo con su captor. Los psicólogos aseguran que el síndrome se debe principalmente a que los rehenes malinterpretan la ausencia de violencia como un acto de humanidad por parte del agresor.

El “Federal Bureau of Investigation” (FBI) indica que alrededor del 27% de las víctimas de 4,700 secuestros y asedios recogidos en su base de datos experimentan esta reacción. Las víctimas que experimentan el síndrome muestran regularmente dos tipos de reacción ante la situación: por una parte, tienen sentimientos positivos hacia sus secuestradores; mientras que, por otra parte, muestran miedo e ira contra las autoridades policiales o quienes se encuentren en contra de sus captores. A la vez, los propios secuestradores muestran sentimientos positivos hacia los rehenes.

En Puerto Rico estamos secuestrados por el coloniaje. La metrópoli ha utilizado todos los métodos necesarios, materiales y psicológicos, para oprimir a los colonizados a la vez que los conduce a aceptar la situación hasta el punto en que son los propios colonizados los que aceptan esa situación de opresión y de negación.

Este pueblo es de resistencia, aunque muchos no lo crean. Hemos resistido y por eso hablamos y escribimos español. En nuestra lucha de resistencia hemos logrado seguir celebrando nuestra Fiesta de Reyes Magos, mantenido el uso de nuestras plantas medicinales y logrado sacar a la Marina de Vieques. Son ejemplos que para algunos pueden ser triviales, pero son símbolo de nuestra grandeza borincana. Hemos resistido y tenemos que seguir luchando.

Recientemente la cinematografía ha sacado a la luz un documental que trata los temas de este escrito que lleva por título, Jurakán una nación en resistencia. La postura de la narración es clara, y no deja lugar a dudas desde el mismo título. El documental afirma que Puerto Rico es una nación y que se resiste a aguantar, ya sea aguantar el estar bajo el dominio de Estados Unidos, o resistiéndose a ser una nación por seguir como colonia o territorio.

El documental hace uso de la pelea de gallos para representar la relación entre Estados Unidos y Puerto Rico. El gallo vencedor aplasta al otro. Este símil no está lejos de la realidad. Cuando conoces la historia de Puerto Rico y nuestra situación actual con PROMESA no nos cabe la menor duda de que el gallo manilo nos ha “pisao”.

El documental, dedicado a Oscar López Rivera, nos hace pensar sobre la situación colonial en que vivimos y cuan complacientes nos hemos vuelto aceptando la situación colonial como normal. Con la complicidad de políticos locales nos hicieron creer falsamente que éramos la última Coca-Cola del desierto. El engaño se desmoronó. Estaba en crisis antes del paso del huracán María, pero este nos enfrentó con la verdad:

somos un pueblo sumido en la miseria que no podemos determinar el derrotero que debemos seguir para mejorar nuestra situación.

Abramos los ojos, el plan siempre fue convertirnos en consumidores de los productos de la metrópoli y desarticular todos los medios existentes para ser autosustentables. Mataron la agricultura, se fue la manufactura, las farmacéuticas están en escapada, estamos endeudados hasta el tuétano y pagamos cada día más impuestos.

Estados Unidos nos envía productos y más productos. Somo su principal mercado en Latinoamérica y el cuarto a nivel mundial. Las megatiendas en la isla son las que más venden a nivel nacional, pero no intentes sembrar arroz para consumo local porque impactas la producción de Luisiana y no te lo permiten.

Nuestros gobernantes aceptan insultos y patadas como algo normal y se sienten alagados cuando son invitados a la Casa Blanca, aunque sean usados como bufones para entretener a los presentes. Síndrome de Estocolmo a la enésima potencia, maldición de lacayo que mendiga caricias, aunque sepa que no es amado.

Te invito a romper con la enfermedad colonial que nos corroe. Libérate instruyéndote. Lee libros como el de Franz Fanon, Los condenados de la Tierra, para entender la gravedad de la enfermedad colonial que nos aqueja.

¡Hoy iniciamos la sanación! Somos libres para tomar control de nuestro país, nuestra economía, nuestra idiosincrasia. Somos puertorriqueños, resistentes y poderosos. ¡Adelante, siempre adelante!