Dom05262019

Last update09:48:53 AM

Se presenta la obra Marisol de José Rivera, sobre la justicia social en NYC

  • PDF

alt(Charleston, S.C., 9:00 a.m.) Durante los días del 21 al 25 de febrero del corriente año el Departamento de Teatro y Danza del prestigioso College of Charleston, Carolina del Sur, estrenó con éxito la primera obra en su repertorio de un autor puertorriqueño. Se trata de la producción de Marisol, texto dramático muy popular de José Rivera, que figuró como parte de una temporada centrada en la exploración de diversas dimensiones del tema de la justicia social, compartiendo el escenario con The tempest, Rough Magic, The Wolves y Urinetown.

La representación gozó de buena aceptación entre una asistencia impresionante, compuesta mayormente por la facultad, estudiantes universitarios, gente de la comunidad adulta y un número menor de miembros de la comunidad hispana/ latina. El montaje fue sugerente; el escenario captó las líneas generales de un Nueva York icónico de los procesos sociales y económicos de las décadas de 1980-1990; los efectos luminotécnicos y musicales, acertados; la actuación excelente y la dirección a cargo de Sharon Graci, fundadora y directora artística del Pure Theater, enriquecedora, innovadora y provocadora. Pure Theater, conviene señalar, es una de las instituciones que en Charleston ha sido responsable por el estreno de más de setenta nuevas producciones y por integrar a su misión uno de los más novedosos programas de educación y extensión a la comunidad.

No extraña que los organizadores de esta temporada, hayan apostado por un texto como Marisol, tomando en consideración su amplia aceptación y popularidad en decenas de centros educativos y de salas experimentales o comunitarias en los Estados Unidos. José Rivera (1955, Santurce, P.R.), trasplantado desde pequeño a Nueva York y ahora residente en California, ha labrado una impresionante trayectoria no solo como dramaturgo destacado, sino como escritor de programas de televisión (Family Matters, Night Visions; con Karl Schaefer, Eerie, Indiana) y guionista. Su tan celebrado guión del joven Ché Guevara recorriendo América Latina en The Motorcycle Diaries (2004) le hizo merecedor del Premio Goya en España como mejor guionista en 2005 y una nominacíón para el Oscar ese mismo año. A ese logro se suman sus guiones para Letters to Juliet, Trade y Jungle Book.

Dramaturgo prolífico y versátil, la producción de Rivera abarca más de veinte textos. Desde su primer texto, The House of Ramón Iglesias (1983), pasando por Boleros for the Disenchanted and Other Plays (2008) y sus más recientes, Sermon for the Senses, The Garden of Tears and Kisses, Charlotte (2014) o The Untranslatable Secrets of Nikki Corona (2018) sus obras cautivan agradable e incomodamente a veces a los lectores y espectadores por la audacidad de temas, planteamientos y propuestas escénicas que provocan la reflexión y cuestionan o denuncian las condiciones del mundo en que vivimos. Entre sus obras más destacadas, Marisol y La tectónica de las nubes, por ejemplo, se han presentado en Puerto Rico, los Estados Unidos, y a nivel internacional, en Canadá y Europa. Recientemente La tectónica de las nubes se escenificó en Nueva Deli (2016).

Marisol es una obra compleja, difícil, sorprendente como desgarradora, impactante y resistente a su tiempo. La escribe Rivera en 1992 mientras está en Londres, por encargo de INTAR Hispanic Arts Center y gracias a una subvención de la Fundación Rockefeller. En ese mismo año debuta en Louisville y en el 1993 se estrenó en Manhattan como parte del New York Shakespeare Festival. Su producción neoyorkina le mereció al dramaturgo su primer gran galardón teatral, un Obie.

Si su estreno fue oportuno cuando se presentó en Nueva York, ahora lo es también en Charleston, hermosa e histórica ciudad sureña y popular destino turístico, que confronta, aún en medio de una explosión demográfica, de vivienda y apogeo económico, un legado de desigualdad y segregación racial y problemas de violencia, criminalidad, inmigración, grupos supremacistas, terrorismo nacional y la triste visibilidad de desamparados, aún entre los jóvenes. La deseada y anticipada esperanza de los ángeles y protagonistas de Marisol de que un nuevo milenio trajera nuevas soluciones y cambios a sus problemas y reclamos, se instala en el imaginario teatral como un perenne deseo por superar limitaciones, agresiones u opresiones existentes en cualquier época.

Marisol se centra en la trayectoria de una joven puertorriqueña del Bronx (específicamente de Van Courtland Park), editora de libros científicos en Manhattan, cuya ruta diaria entre Manhattan, donde trabaja, y su residencia en un pequeño apartamento en un peligroso vecindario del Bronx e disloca una noche cuando en el subway un hombre con un palo de golf la ataca. Esa misma noche su Angel Guardián, con hermosas grandes alas, enormes botas de combate y una arma semi automática, se le aparece para informarle que a pesar de su inmenso amor no podrá seguir protegiéndola porque el mundo está enfermo, Dios ha envejecido, y está senil. Ella la invita a unirse con los ángeles en una rebelión celestial, pero cortésmente no acepta. Se procede entonces a coreografiar los desplazamientos de Marisol entre el Bronx, Manhattan y Brooklyn para ofrecernos una visión sombría, violenta y apocalíptica del Nueva York de las décadas del ochenta y noveinta cuando la ciudad, bajo el alcalde Ed Koch y otros, y al filo de un nuevo milenio, sufre los avatares de medidas para controlar la visibilidad de desamparados en las calles, auge de criminalidad callejera y de cuello blanco, de escándalos bancarios, el debacle económico de la clase media, hostigamiento contra los “otros”, la proliferación de grupos de cabezas rapadas, y la expoliación del medio ambiente. Texto de obvias referencias religiosas, literarias y contemporáneas, de escenas al borde de la desesperación, de protagonistas masculinos que como Lenny están embarazados y en el que los supuestamente muertos, aparecen nuevamente, es simultáneamente una obra de contenido violenta y a la vez poético, matizado por momentos de humor, ironía y parodia.

Desde la primera escena, el conflictivo encuentro en el “subway” rumbo al Bronx entre un hombre ambulante con un palo de golf que, asustado, desesperado y confuso, trata de entablar diálogo con una pasajera que huidiza y contrariada lee el New York Times, pone en evidencia por un lado la urgencia de la comunicación, de compartir su desesperación, su soledad, vulnerabilidad, seguidos por el violento coraje ante la ausencia de un interlocutor recíproco receptivo, y por otro lado, funciona como un detonante premonitorio del destino de Marisol y de todos aquellos abandonados por sus ángeles. Cuando dice que puede hacer que termine como él, homeless y perseguida, enuncia una cruel pero inminente realidad para. Y en efecto, en el segundo acto veremos a esta princesa puertorriqueña, educada en Fordham, Phi Beta, editora de libros científicos, clase media y la menos preparada para la vida de acechos del Bronx, buscando a su amiga y compañera de trabajo, June, en una ciudad transformada en un campo destruido por violencia. Compartirá la persecución y el desalojo con la mujer del abrigo de piel, rica abogada, casada que la han torturado en Brooklyn por excesos en las tarjetas de crédito, aunque se mantiene distante de otros para no contagiarse con los oscuros, y el hombre de la cicatriz en el rostro a causa de una bomba de nepalt, veterano de Vietnam, que también vive aterrado de ser quemado por los neonazis.

La obra se estructura en dos actos. A los tres protagonistas centrales (Marisol, intepretada maravillosamente por Mary Hope Ballou; June, por una jovial y dinámica Sydney Moreano y Lenny, por el polifacético actor Tanner Frost), se les suman el Ángel Guardián (K’yundra Martin), el hombre con el palo de golf (Blake Kennedy), el hombre con el helado (Jonari Ward), el hombre con cicatrices en la cara (Noah George), la mujer con abrigo de piel (Mary Scarborough) y otros, que se pasean en el escenario para dramatizar actos de hostigamiento, abuso y terrorismo contra los homeless o marginados y para captar ese ritmo rápido, agresivo y violento de una ciudad siempre en movimiento. Marisol navega una ciudad sin protección, donde no hay espacios seguros. En Manhattan el hombre con un helado evade la seguridad del edificio para reclamar en la oficina errónea, y de paso agredir a Marisol, el salario que nunca se le pagó por participar en una película de De Niro. June se lleva a Marisol a su apartamento en Brooklyn, localizado frente a un edificio donde torturan a los que se han extralimitado en el uso de las tarjetas de crédito, y es asediada por su maniático enfermo hermano, Lenny.

En esta fantasía urbana la música está dominada por constantes ruidos de tiroteos, dominan las preocupaciones sobre los efectos de la lluvia ácida, las manzanas están extintas, el sol y la luna se han escondido y todo se convierte en sal. La rebelión celestial se dá simultáneamente durante el proceso de concienciación política y social de Marisol. La separación entre el Angel y Marisol las desconecta al principio para reunificarse al final en una voz, cuando Marisol, la inocente profesional que rechazaba la violencia motiva a la comunidad de pobres, desamparados y perseguidos a apoderarse de las calles con todo lo que puedan- piedras, palos, gritos- para luchar hasta que los rebeldes avancen. Enhorabuena al equipo de teatro del College of Charleston por una excelente introducción a la dramaturgia de José Rivera.