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Los Peregrinos de El Seibo [siguen] en pie de lucha

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alt[Nota editorial: Este es el segundo artículo que publicamos de una situación muy particular y contenido noticioso muy limitado a Santo Domingo, República Dominicana. No obstante por su alto contenido humano en reclamo a la dignidad lo publicamos. También a petición de los estudiantes graduados de la Universidad de Puerto Rico, quienes realizan esfuerzos de solidaridad en la República Dominicana sobre la situación de vida frágil, o migraciones irregulares internas, a la cual se ha expuesto a una comunidad de residentes de El Seibo, en la República Dominicana. Esperamos que con la publicación de los artículos en El Post Antillano, se pueda internacionalizar la situación imperante para los residentes, y se encuentre una solución humana y justa para ellos].

(Santo Domingo, 9:00 a.m.) Los Peregrinos de El Seibo, permanecen en lucha. Saben que su situación no está conclusa. Luego del diálogo con el ministro administrativo de la presidencia Ramón Peralta, donde se creó una comisión incluyendo a los campesinos de Mamá Tingó. Se han llevado a cabo, en cierto modo, dos de los acuerdos firmados en ese diálogo. Sin embargo, los campesinos con palabras no pueden sembrar. Llevan un mes y cinco días en peregrinaje, sin tener seguridad de que la resolución será en su favor. La incertidumbre forma parte de cada amanecer, pero también saben “leer” el recorrido como un camino de sabiduría que Dios les ha regalado: “Ha sido como un curso en el que uno se anota para aprender”. Hoy permanecen en la casa de las Hermanas Dominicas del Rosario, que convirtieron su comunidad religiosa en refugio de los campesinos y campesinas sin tierra. Para ellos esta acogida ha sido una bendición de Dios y es el “lugar cercano de la verdad de respuesta”, y sin el cual, dicen: “pasaríamos mucho trabajo”.

Ellos sienten una esperanza mayor de cuando salieron, identifican las noticias que les van dando como un aliento, pero junto a la disyuntiva de que “ellos (las autoridades) ponen horas, días, pero pueden tirarnos a una tierra que no es la nuestra, y eso no es lo que queremos”. Por eso saben que deben “permanecer posicionados” (en Santo Domingo, el refugio). Porque, según manifiestan: “La situación de nosotros no es fácil. Sabemos que esta situación está envuelta con mucho dinero…”

Es inevitable percibir esta lucha, de este lado, con lo que llamaría un “vértigo político”, porque hay intereses envueltos que pueden sobrepasar nuestro entendimiento común. Esto es una realidad que comulga con las coyunturas políticas de nuestros pueblos Latino Americanos, pero de la que nuestros pueblos más perjudicados no son culpables, y están pagando al precio más injusto y caro.

Los Peregrinos de El Seibo, campesinos y campesinas de la asociación Mamá Tingó, mantienen el diálogo, a la espera de una resolución justa y en verdad, pero como quién cuida su terreno de toda plaga que atente contra la cosecha que se espera. No bajan la guardia, y agradecen con toda la bondad del corazón, que caracteriza al pueblo campesino, el apoyo recibido de todas partes, personas, distintos organismos populares y sociales. Ellos nunca han perdido la esperanza, confiesan que “cuando Dios dice que algo pertenece al pueblo nada ni nadie lo puede quitar”. Este peregrinaje, que aún continua, les ha dado, entre las violencias más variadas, muchos beneficios anticipados, según cuentan. El más importante ahora, dicen, es: “Nos hemos unido más, y en la unión está la fuerza, y el triunfo… Ni un desalojo, ni violencia, son algo para perder el ánimo, porque vamos hacia adelante. El apoyo que hemos recibido nos da fuerza.”

El grito campesino permanece; piden su tierra, no otra; pide la seguridad de sus vidas amenazadas por este terrateniente, Pedro Guillermo Varona, a quien no se le ha tocado un pelo, luego de tantos abusos inhumanos; y, que al menos se trate, a los pobres campesinos con el mismo derecho que a los terratenientes y familias poderosas de este país.

#ElSeiboResiste