Ante la [última] ola de criminalidad, la independencia

alt(San Juan, 9:00 a.m.) El año nuevo no puede comenzar en Puerto Rico, si no viene sazonado por una matanza, o de una persona asesinada o herida por una bala perdida. Es algo terrible, pero la percepción que transmite la prensa y los sistemas mediáticos es que el caos asociado a la muerte es parte de los eventos de celebración al cambio de año. Pues bien, se trata meramente de un acondicionamiento colonial y cultural que nos vincula de forma inmediata entre la criminalidad y la convivencia perpetua en el caos.

La pregunta es si somos un pueblo naturalmente violento, o si la condición colonial nos condiciona a ser violentos. En la década de 1950 y 1960 los sociólogos en Puerto Rico vincularon la condición colonial con la violencia interpersonal en la isla. Luego, muchos sociólogos continuaron explorando la criminalidad pero desvincularon la relación colonial de Puerto Rico con los EE.UU. Por lo tanto, la prensa comercial y sistemas mediáticos se concentran en explorar la razón de ser de nuestra violencia, pero obvian que el referente de nuestra violencia tiene una génesis en la condición y relación colonial con los EE.UU.

La violencia que los EE.UU. como gobierno ejerce en Puerto Rico, al negar fondos federales; o al imponer sistemas disciplinarios consistentes con su idiosincrasia; o los actos de terrorismo global que ellos ejecutan, como los eventos en Iraq en el día de ayer; todo esto debe ser visto como condicionamiento que nos determina en Puerto Rico. La violencia es de ellos, no es nuestra. La manifestación de la criminalidad tiene su origen en las prácticas de ellos, no necesariamente en nosotros.

En fin, que otra forma de ofrecer una solución al problema [eterno] de la criminalidad en Puerto Rico es por vía de solicitar la independencia. Salirnos de la relación con los EE.UU., proclamarnos soberanos, libres e independientes y a partir de ahí regular y controlar por nosotros mismos la criminalidad. Pensemos.