Mar04072020

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¿Podremos volver a brincar de alegría luego del Coronavirus?

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alt(San Juan, 10:00 a.m.) ¿Como no reconocerlo?, estos tres meses (aunque hayan sido solo un mes en Puerto Rico) han sido de angustia mundial. Hay algo microscópico por los lares del mundo que nos puede matar Preguntara usted, ¿por qué a nosotros ahora, post-temblores y post-huracanes nos toca esto? La pregunta de ser invertida, ¿por qué a nosotros no, si estamos hablando del planeta entero?

El problema es que no concebimos, como residentes de este mundo, que hay algo en la naturaleza que no podemos ni siquiera ver, que nos pueda matar (no hay ni tumor ni prueba anterior de azúcar alta, por ejemplo). Piense en los confortamientos bélicos y el riego de gases letales a toda una población. Podría seguir enumerando, pero eso solo los llevaría al aburrimiento. Estamos exhaustos de tanto mal por el mal, causado por la población misma, que no podemos concebir (aunque ha ocurrido antes) que un contagio de una cosita llamada virus nos pueda quitar la vida.

¿pero si no hay involucrado un puñal, un machete, una .38, una arma automática, por no decir una inundación, un viento feroz o cocal tumbado, quien con celeridad magnífica nos puede rescatar? Pensemos en carpas de color azul, un galón de agua y latería. Es mucho lo que hemos sufrido; ya no hace falta ver miseria vía cable TV. Esta pandemia llegará a su fin, pero como es la naturaleza, a su paso.

Reconozco que morir por asfixia no es un bombón. Me tocó por poco perecer de esa forma y cayó en mi escasa conciencia rogarle al más allá que solo existe, para mí, en momentos de crisis y rendición.

Cantaba el bardo Rubén Blades, en una genial canción, que con solamente cinco minutos de vida, ante un misil atómico, lo único que se puede hacer es bailar. Pero conectado a un respirador es imposible a cualquiera que tenga tórax buscar ese último bocado de aire.

Lo que sí podemos hacer antes de que los síntomas del Coronavirus nos achaquen es recordar la música que nos hizo feliz. A mi padre le gustaban las sinfonías de Beethoven (ante mi asombro, todas las nueve). Cuando descubrí al saxofón de Charlie Parker y el piano de Thelonius Monk, los acordes que tocaban se quedaron en mi mente. Me gusta una variedad de música. Si usted es un Baby Boomer recuerde de cómo se sintió cuando por primera vez escucho a los Beatles o los Rolling Stones.

Para ser un tanto mas idiosincrático, piense en La Mer de Debussy, Sonny Rollins o The Grateful Dead.

Pero ahora en serio, tome lo que tome, esto, como todo, cesará, y volveremos a brincar de alegría de nuevo—esto hasta que explote la próxima guerra.