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[George Floyd] hoy que el horizonte amaneció con tanta nube de borrasca

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alta mi hermano Israel Ruiz-Cumba

(San Juan, 9:00 a.m.) La muerte de George Floyd ha desatado una terrible ola de violencia. Examinó la historia y saltan a la vista 2 cosas: primero, el prejuicio, la violencia, abusos y asesinatos que a través de siglos hemos soportado por tener el color de piel oscuro representa la barbarie en su más cruda expresión, y segundo, no menos dolorosa resulta la realidad de que nuestra imperfecta condición nos ha llevado a abrazar la idea (traducida a hechos concretos) de escribir la Historia de un único modo: con el derramamiento de la sangre de nuestros semejantes, pues ningún reclamo de justicia enarbolado por los oprimidos ha sido resuelto satisfactoriamente ni en las urnas ni mucho menos con apretones de manos ni con abrazos ni repartiendo margaritas. Es decir, desde que el mundo es mundo, nuestra seudocivilizada condición nos lleva a enfrentar problemas y resolver conflictos mediante la violencia.

En el siglo pasado, un negro noble y valiente se levantó contra ese sistema opresor de los suyos. De un modo inesperado empezó a hacer valer su sueño de que el color de nuestra piel no resultara traba para una hermandad genuina entre todos sin importar colores. Ese sueño le costó demasiado caro.

El paso de los años ha evidenciado que tras la pérdida de tan preciada y ejemplar vida, hemos adelantado algo, poco, pero algo que todavía ni alcanza ni es suficiente, pues no redunda en el necesario respeto y en el cese de viles atropellos hacia los que exhibimos el inescapable distintivo de que en nuestra piel el sol se durmiera. No logro comprender a aquéllos que tras el abusivo y cruel asesinato de la persona que respondía al llamado de George Floyd a manos de 4 inescrupulosos policías racistas blancos critican y condenan la ola de violencia, de destrucción de la propiedad, la rotura de cristales y el incendio de vehículos policiales. Pregunto, ¿acaso no fue un crimen de lesa humanidad las rodillas en la garganta y en el torso de un individuo esposado e inmóvil a quien se le impidió respirar hasta morir? No es que apoye que ardan las ciudades, pero, ¿por qué no catalogaron ni se movieron a indignación ante ese infame acto como crimen igualmente condenable?

Viendo el desarrollo histórico y la evolución de la humanidad y, en particular, de los EUA, y dada la actual circunstancia del acendrado racismo, la intolerancia y el odio agazapado tras la burda y jojota consigna LETS MAKE AMERICA GREAT AGAIN que ha exacerbado la llegada al poder de un sicópata como el energúmeno que mora en Casa Blanca, no puedo hacer otra cosa distinta de entender la acérrima y violenta respuesta de los vejados, pisoteados y atropellados hasta la muerte durante siglos por esa farsa de sistema grandilocuentemente llamado DEMOCRACIA. Es imposible negociar con el poder en manos del demagogo más canallescamente disociador (y de la turba de rabiosos cuellos rojos que le siguen incondicionalmente) en la gloriosa Historia de ese país en cuya enseña relucen 13 franjas y 50 estrellas.

Es absurdo que todavía aquéllos que, en un rapto de ira santa, rasgan sus vestiduras no logren entender el por qué en esta neurálgica coyuntura no pocos estadounidenses queman su benemérita bandera.

Sí, es triste, muy triste tender la mirada en lontananza y escarbar en busca de una solución satisfactoria y no poder visualizar una luz de concordia al final del túnel. Ojalá me equivoque, pero percibo que la violencia irá en escalada.