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Construyendo paz a través de las comunidades

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La violencia, en cualquiera de sus manifestaciones, destruye nuestro tejido social y entorno pacífico de convivencia. Esto lo vemos a diario en nuestros noticieros televisivos, radiales y prensa escrita. Erradicarla es una utopía, no así combatirla y reducir su impacto negativo.

La construcción de paz es uno de los principales medios para lograrlo, pero no una responsabilidad delegable únicamente al Estado y sentarnos a esperar resultados. Si bien es cierto que el Gobierno viene obligado a atender estos asuntos, también es cierto que existen obstáculos que le impiden lograrlo adecuadamente. Me explico. La construcción de paz supone resultados afirmativos a largo plazo, y aunque cualquier Gobierno de turno tenga iniciativas sobre este particular, no son proyectos que se continúen tal y cual si cambia la administración del Gobierno cada 4 años. Es alta la probabilidad de que se paralicen, o no continúen, los proyectos iniciados y se pierda cualquier avance alcanzado. Así como también podrían implementar sus propias iniciativas sobre el mismo particular, comenzando desde cero. Dicho obstáculo no nos permite avanzar desde la esfera política en la construcción de paz que tanto necesita nuestra sociedad.

Los ciudadanos civiles somos los perjudicados directamente por la violencia, por lo que es responsabilidad de todos movernos hacia una cultura de paz. Desde las comunidades podemos trabajar iniciativas sobre construcción de paz que nos beneficien a todos. Se trata de un acercamiento participativo basado en la premisa de que la gente es el mejor recurso para construir y mantener la paz (Oxfam International, 2008). Tal acercamiento tiene por objetivo fortalecer la capacidad de las comunidades para resolver las disputas pacíficamente; desarrollar la confianza, seguridad y cohesión dentro y entre las comunidades; y promover el diálogo y reconocimiento. Claro, este es un trabajo multidisciplinario que requiere compromiso y voluntad, e incluye un especial esfuerzo dirigido a promover la educación para la paz.

Para Oxfam International (2008), la construcción de paz y seguridad no pueden considerarse aisladas del desarrollo y los derechos humanos.  Las actividades para promover la paz deben ejecutarse desde las esferas sociales y comunales en primera instancia, sin quedar fuera aquellas políticas y estructurales.  Se centra en la creación de estructuras, instituciones y sistemas que respalden una cultura de paz, implicando la promoción de sistemas de gobierno más igualitarios y con mayor participación.  Busca influenciar actitudes, comportamientos y valores creando una infraestructura social o sociedad que promulgue la paz.  Su finalidad es reforzar las posibilidades de paz y disminuir las probabilidades de violencia.  Algunas de las estrategias que propone son: (1) Identificar recursos con capacidades participativas, flexibles y susceptibles de incluir a todos los sectores sociales. (2) Elaborar medidas para asegurar que la construcción de la paz se enseñe en todas las escuelas y se incorpore en la formación de los maestros. (3) Implementar iniciativas de concienciación a nivel de toda la isla y asegurar la participación efectiva de todos.  Entre otras.

En Puerto Rico, debemos reconocer que tenemos ciudadanos comprometidos que han sido proactivos en la construcción de paz en sus comunidades, mediante diversos proyectos e iniciativas multidisciplinarias, y han logrado mermar la violencia que allí imperaba.  Para ello, ha sido fundamental implementar métodos alternos de solución y transformación de conflictos, entre otros servicios.  A modo de ejemplo, podemos mencionar el trabajo que han estado haciendo la comunidad Juan Domingo en Guaynabo[1], y las 8 comunidades (G8) que componen el Caño Martín Peña en San Juan[2].  El esfuerzo de estas comunidades, la educación y compromiso participativo ha transformado su convivencia afirmativamente (Delgado Castro, I., 2012[3]).  Nuestros niños, y la escuela como escenario para que se den estas dinámicas han sido elementos esenciales para obtener los resultados que están teniendo.  Son estas comunidades la prueba de que movernos hacia una cultura de paz si se puede.  Es una invitación a desarrollar iniciativas dirigidas hacia la misma finalidad, o en la alternativa, sumarnos como voluntarios a las ya existentes.  Porque necesitamos transformar nuestra convivencia a una pacífica, por nosotros y nuestras futuras generaciones.


[1] Se trata de una iniciativa que data del 1990, donde los estudiantes de la Nueva Escuela Juan Ponce de León practican la paz todos los días desde sus salones, donde se enseña la importancia de dialogar y encontrar soluciones pacíficas, y se fomenta trasladar la paz a sus hogares (Delgado Castro).

[2] Algunas de sus iniciativas comunitarias lo son el Proyecto Guardianes de la Prevención y Basket Comunitario.  El primero esta enfocado en la prevención de la violencia; uno de sus objetivos es que los estudiantes de las 8 escuelas elementales existentes en el Caño tengan la oportunidad de aprender sobre situaciones de riesgo en cuanto a la violencia para que puedan hacer un análisis crítico y tomar decisiones responsables sobre su vida.  En el segundo se ofrecen técnicas de manejo de conflictos a los niños y jóvenes participantes, quienes la ponen en prácticas entre ellos mismos y las modelan en sus hogares.

[3] Delgado Castro, I. (2012).  La paz es posible. Periódico el Nuevo Día.  Publicación digital del 2 de octubre de 2012.