O.U.T. [in] Hollywood o la película más contradictoria de Quentin Tarantino

altLa fui a ver pues desde hace mucho tiempo sigo a Quentin Tarantino. Es uno de los grandes genios con los que cuenta la humanidad hoy, para problematizar lo real. Lo mejor de todo es que demuestra que la inteligencia natural y el talento, muchas veces lo son todo. Con 9 grado, abandonó la escuela a los 15 años. Hay que investigar como le fue en la escuela de Narbone, en Harbor City, Los Angeles, pues lo que aprendió allí, y luego en el famoso video club donde trabajó, han producido a uno de los grandes maestros del cine de la historia de la humanidad. Ojo, lo dije, de la historia de la humanidad.

Once upon a time in Hollywood (Dir. Quentin Tarantino, EE.UU., 2019), traducida a Érase una vez en Hollywood, guarda relación con todos los filmes que bajo la historicidad previa se han realizado con el mismo nombre. Las películas de erase una vez, casi todas testamentos épicos de la historia americana, son una narrativa del pasado, donde se intenta puntualizar que todo pasado fue siempre mejor…. Bueno, hasta que llegó Quentin Tarantino. Su filme O.U.T. [in] Hollywood, es realmente hablando una de las críticas más contundentes hechas desde la perspectiva de un interno (insider) contra la industria de cine, a la cual vinculamos aún, aunque ya no es cierto, con Hollywood en Los Angeles.

Si recordamos la película La la land (Dir. Damien Chazelle, EE.UU., 2016) la misma marcó el fin de una era en la lectura que de Hollywood teníamos. A partir de esa película vivimos el colapso ético de la industria de cine americana, y más que nada, han sido expuestos los villanos, los acólitos y las víctimas de dicha industria. El movimiento #metoo, se origina precisamente por el colapso ético de Hollywood. Harvey Weinstein y la casa productora todo terreno, The Weinstein Company, es en parte responsable de este colapso. Hoy el acusado, y la empresa en bancarrota.

Ojo, dije en parte, pues personas como Quentin Tarantino también son responsables de ese colapso ético. Personas como él, también decidieron callar ante lo que veían, con tal de dedicarse a hacer lo que vinieron a hacer: cine.

Si entendemos el grado de aflicción personal, así como de tolerancia a lo indebido que personas como Quentin Tarantino tuvo en el colapso de la ética en Hollywood, es que podremos entender, de forma contradictoria, la magnitud y excelencia en [casi] todo que yace en el filme de Érase una vez en Hollywood. Tarantino tiene hoy su obra maestra, bueno, luego de Reservoir Dogs, su ópera prima, (Dir. Quentin Tarantino, EE.UU., 1992), donde logra provocarnos en tres relatos: en la complejidad de la película siendo esta una sumamente conservadora y no radical; en el discurso apologético continuo a través del filme; y en recreación de la historia ficción con el final que todos y todas queríamos [que fuera real].

La película de Tarantino es muy compleja, pues plantea un nivel de historia no pensado antes: una crítica a partir del hombre y la mujer blancos de clase media o media alta, contra los jóvenes blancos emergentes en la cultura contestaria de los hippies. Cuando Tarantino hace unos años comentaba que tenía interés en la familia Manson, lo procuraba de forma inexacta. Su película terminó no siendo un homenaje ni reconocimiento a los Charles Manson, ni a su familia, sino una severa crítica a la pobreza económica que se vive en Hollywood; al sentido de inestabilidad laboral de todos y todas los talentos; y más que nada, a la relación no ética entre la violencia en las películas de ficción y la violencia en la vida real.

Por otro lado, la película es una continua apología. Por un lado, la figura de Marvin Schwarz (Al Pacino) nos recuerda a Harvey Weinstein. Ambos judíos, ambos productores, y ambos agentes de actores/actrices. Pero Schwarz es ético. Se preocupa del actor principal Rick Dalton (Leonardo di Caprio) a quien la industria está marginando. Él, de forma voluntaria y sensata, lo ayuda para que progrese. Tal como hiciera Weinstein con Uma Thurman – asunto que perseguirá por toda la vida a Weinstein como a Tarantino que consciente del abuso de Weinstein contra ella, no hizo nada.

Pero las apologías no terminan. Para otra muestra Roman Polanski, quien es una figura secundaria e invisible en la película, pero a favor de quien hay un recordatorio de que no olvidamos, aunque también podemos perdonar. La escena entre Cliff Boot (Brad Pitt) y Pussycat (Margaret Qualley) quien le propone, ella a él, tener sexo oral, y él le indica que no, que eso es ilegal. Ella menor de 14 annos y el adulto. ¿Polanski te acuerdas?

Finalmente, la película no tiene nada que ver con los Manson ni con el asesinato de Sharon Tate (Margot Robbie). La película es, y consistente con los filmes de Tarantino, un proceso de reescribir la historia. La historia ficción por lo pronto. Similar a Inglorious Basterds (Dir. Quentin Tarantino, EE.UU, 2009) donde éste cambia la historia y asesina a Hitler. Pues en Érase una vez en Hollywood, Tarantino tiene un acercamiento similar con el trágico final de Sharon Tate, pero para gustos colores: su crítica no va a los Manson, sino a los hippies, y nos convierte el final en uno casi casi para toda la familia.

Nada, que será uno de los grandes filmes de la humidad. Que mi mirada es una, sobre tantas miradas. Ahora bien, que es una película compleja y conservadora, apologética y promotora de historia ficción, pues sí. Vaya a verla y usted decida. Excelente película. Contradictoria, pero excelente. Eso que no hable de todo lo que hay dentro de la película que la tornan en un libro digital de multiusos. Adelante, Quentin, adelante.