Cuestión de lo pasajero. Reflexión mínima de amistad

altLa cuestión de lo pasajero de la vida y sus cosas suele crear vulnerabilidad, tristeza y desencanto a fin de año. Y uno se interroga si vale la pena cultivar... gente, nuevas amistades, viejas amistades. Y considera que hay quienes se quedan cerca o próximos para el resto de nuestros días y hay quienes son “imposibles” de retener. Entonces, cabe pensar en aquello que ayuda a retener a la gente cerca. Aquello que desde la antigüedad se constituyó como “pacto”.

Los pactos son tratos para mantener cerca lo que uno quiere, por acuerdo mutuo (entre dos o más). Para los días sensacionales o días festivos es preferible tener gente al lado con quien reír, llorar y no extrañar. Por suerte, los “obligados” por el pacto del matrimonio están ahí ―posiblemente, claro―. Con más suerte, los voluntarios a soportarnos como “amigos genuinos” ―best friends forever― puede que se queden cerca. (En épocas antiguas existían pactos de amistad).

Pero los que no, ¿los que aparecen con rasgos “pasajeros” como viajantes de tren de media tarde y se irán de nuestro lado prontísimo? ¿Qué se hace para retenerles? ¿Hay pactos hoy día? Ya sé. Lo mejor es dejar la mano abierta y dejarles ir cuando gusten, puesto que los amigos son libres. Pero redundo: ¿existen pactos hoy día para cultivar amistades eternas o sempiternas? Extraño, y no sé si extraño a gente o la idea de poder retenerles sempiternamente.