Recado, en la homilía de fuego para Arnulfo Romero

alt"El mundo de los pobres con características sociales y políticas bien concretas, nos enseña dónde debe encarnarse la Iglesia para evitar la falsa universalización que termina siempre en connivencia con los poderosos. El mundo de los pobres nos enseña cómo ha de ser el amor cristiano, que busca ciertamente la paz, pero desenmascara el falso pacifismo, la resignación y la inactividad; que debe ser ciertamente gratuito, pero debe buscar la eficacia histórica..."

Oscar Arnulfo Romero.

2 de febrero de 1980, Universidad Católica de Lovaina

Discurso de aceptación Doctorado Honoris Causa

en tu espalda, el ángel pobre,

se echaba a la boca mendrugos de noche rota, luego lloraba,

y en sus ojos, tu camino, tu voz gritada en pértigas

también aurora de tus calles en sudor y madera

tu bendición en las cestas vacías, en las mesas sin pan,

en la pobreza que apenas soñaba su paraguas de rocío,

abierto, con sombra de luz, sin aire y cantando

tu eras la homilía más pura del incendio, en ti, las campanas,

tenían el cuerpo mal herido de la patria, en ti era todo,

aunque la muerte jugara de brazos abiertos, como lo fue,

andando con disparos sobre tus sílabas de libertad

Arnulfo, no ha cambiado mucho tu legítima marcha

siguen de bruces los pisoteados, los desaparecidos, los pobres,

edifican una muralla, segregan, hablan de dinero, odian,

el mundo es una guerra en señorío de oraciones,

porque el dios de Israel es supremacista, blanco, total,

dios de ejércitos y sangre, dios americano, dios de tormenta,

de modo que todavía vistes cruz de cenizas, amado mártir,

todavía hemos de llorar la madrugada remota,

y tomar el puño de sal contra el imperio, ir descalzo a la batalla,

todavía en una casa de ricos deambula el olvidado,

y todavía sigues vivo en esta diestra del amor y los harapos,

y es que el hombre quiere ser la corona de sí mismo,

coronarse bruto de hostilidades y duelos, bruto de pensar,

animado a robarse, a seducirse, a perderse maculado,

como esos vigías que el silencio devora y abandona

o esos pies de una orilla sembrada para los abismos,

tu asesinato, sigue siendo un mensaje, anoche mismo,

alcancé a mirarte a los ojos, en el viento leve de los árboles,

lloramos juntos bajo el sonido de la lluvia más cercana,

te di vino en una taza sencilla, hablamos de mi patria,

y tu ángel pobre, nos escuchaba con su sonrisa de miedo,

arrinconado, como ese último verbo que nos ofreciste

el lunes 24 de marzo de 1980, el zarpazo de palomas,

el mar de humaredas, la puerta de sangre, el resplandor confuso, la materia de ternura, la huida del tirano,

y sin embargo anoche me hablaste de canciones,

del ser y su desvarío, me hablaste de libertad, de amor,

y yo te contesté que te leeremos poesía,

entre geranios y avenidas nuevas, y que será en la tarde,

respondiste: todo es eternidad poeta,

nunca me he marchaagido.