Mié09182019

Last update02:18:28 PM

  • ja-news-1
  • ja-news-3

Crónica de una relación radial: FUEGO CRUZADO (2010-18)

  • PDF

altLos puertorriqueños residentes en Estados Unidos hace tiempo rompieron

con la mentalidad colonial que les fabricaron en la Isla y conocen bien las entrañas del monstruo. Todos los días se tienen que enfrentar a la marginación del discrimen y el racismo en las ciudades que viven y están acostumbrados a pelear diariamente contra la opresión en sus comunidades.

Carlos Gallisá

[Con la Ley PROMESA] Se le acabó la gasolina a la estruendosa

retórica sobre la democracia.

Félix Córdova Iturregui

I

Siempre llego tarde a casi todo (espero que también a la muerte). Por ejemplo, cuando descubrí la monumentalidad de El libro de la salsa. Crónica del Caribe urbano (1980) de César Miguel Rondón, habían pasado diez años, lo que no impidió celebrarlo como si se acabara de publicar.

Lo mismo puedo decir de Noam Chomsky, a cuya política antimperialista llegué a principios de los años ochenta, más de un lustro después del final de la Guerra de Vietnam (1975). Aun recuerdo, en el furor del sandinismo de los ochenta, la lectura de The Culture of Terrorism (1988) recién salido del horno.

Más tardío resulta el advenimiento a la colonialidad del poder, sociología acuñada por Aníbal Quijano a principios de los noventa —¡ojo!—, en pleno éxtasis posmoderno de propuestas caribeñistas como La isla que se repite (1989) de Antonio Benítez Rojo. ¿Y qué decir del endoso a la Filosofía de Liberación Latinoamericana (1977) de Enrique Dussel?

No obstante, mejor tarde que nunca.

II

Puerto Morelos, diciembre de 2010, Península de Yucatán. Desde el Caribe mexicano, no tan lejos de la costa occidental de Cuba de donde llegó Hernán Cortés en 1519, descubro el programa de radio que, hasta el día de hoy, sigo escuchando: FUEGO CRUZADO.

En aquella ocasión, los muchachos de FUEGO CRUZADO entrevistaban al gobernador Luis Fortuño, cuya política republicana yo seguía desde la diáspora con la indignación del que no le puede perdonar a un gobernador de la isla que repita la retórica antigobierno de los plutócratas del mainland, quienes, desde Ronald Reagan, y con ayuda de Bill Clinton y Barak Obama, se han adueñado del gobierno, corporatizándolo.

Indignado por la desfachatez política de Fortuño, que gobernó los dos primeros años (2009-10) en sintonía con el Partido Republicano —tenía la esperanza de que lo vieran como candidato latino para la vicepresidencia en 2012—, no me podía perder esa entrevista al gobernador derechista, demasiado conservador, la cual giraría en torno al despido de 30,000 empleados públicos (12, 000 cesanteados y el resto por jubilación o retiro temprano) y a la legislación de 2009, que permitía el préstamo de fondos para pagar la deuda que Fortuño multiplicó más que nadie.

Ergo; siguiendo las chapucerías de Fortuño, encontré FUEGO CRUZADO, tarde, demasiado tarde (empezó en 1995), programa de análisis político que, en función de la química de sus miembros, Ignacio Rivera, Néstor Duprey y Carlos Gallisá, le daba mayor contexto histórico a la política actual de la isla. Cabe por eso repetir lo que se ha dicho tantas veces: es un programa en el que el radioescucha aprende de historia puertorriqueña.

III

Entre 2010 y 2018, desde la diáspora (Ohio), pero también desde lugares de paso durante esos años, como Puerto Morelos, he escuchado mucha historia boricua por radio. Casi una década de escucha se enfrenta de golpe a la muerte de Gallisá en diciembre de 2018; tiempo de clausuras y por eso de definiciones.

IV

Primera definición: Ignacio Rivera. Anexionista atípico que, en la línea de Benny Frankie Cerezo, endosa críticamente, pues conoce la historia colonial, la fusión total de Puerto Rico a los Estados Unidos. ¡Nada de estadidad jíbara en español! Marginal al imperio, Ignacio quiere que la isla esté, vía el Estado 51, en el centro del poder usamericano.

PNP con conciencia crítica, Ignacio se sabe parte del partido —¡Fortuño, varias veces los Rosselló, siempre Barceló!— más corrupto de las últimas décadas; uno de los que ha llevado la isla al fiasco donde se encuentra hoy. Por esa conciencia, mea culpa, deviene, para su beneficio ontológico y epistemológico, el más autocrítico de los tres a largo plazo.

Además, Ignacio sabe que la anexión, como culminación del colonialismo, no tiene el mismo prestigio filosófico que la independencia y la libre asociación.

Quizás porque es sobre todo —hay que ser elegante en la derrota, dice— un filósofo del buen vivir entre hermanos con diferencias, Ignacio no se iría de la isla, asegura, en caso de que esta deviniera una república independiente.

El sentido del humor, no el miedo, y la amistad, en un sentido martiano, lo hacen el más llevadero de los tres; ese con quien sería más fácil tomarse un café o en su caso, un coñac.

V

Néstor Duprey: el más joven, pero no por eso el más indefenso. A su haber tiene la memoria histórica de una colonia de más de quinientos años, la cual, estima, debe culminar en una libre asociación con Usamérica. Aliado de la independencia, su crítica al oficialismo del PPD, del que por eso mismo se ha separado, lo catapulta a la militancia libre asociacionista aprobada por las Naciones Unidas. ¿Cuál es su argumento, el freno, contra la independencia? Además, le añade al trío de Ignacio y Carlos una dimensión religiosa y de raza que, en ocasiones, visibiliza sociologías muchas veces naturalizadas.

Egocentrado, siempre encuadrado en el protagonismo de su amistad, será, a raíz de la crisis desatada por la muerte de Carlos —¡un huracán!—, el que más radicalmente se mirará al espejo, desnudándose frente a nosotros, como se verá más adelante, en honor al amigo fallecido.

Como historiador, plantea una mirada crítica del colonialismo que ha perpetuado el Estado Libre Asociado; visión filosa que, en otro contexto, se convierte en reverencia a la Iglesia Católica.

VI

Carlos Gallisá: eje moral del triunvirato, alrededor del cual orbitaban las diferencias políticas de FUEGO CRUZADO. Estrella del archipiélago. Norte del sur. Referencia obligada del ciudadano-político comprometido con la liberación nacional, entendida como un derecho del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Muro de contención contra el que paraban en seco dudas y ambigüedades. Y también el llamado “pensamiento débil” de la posmodernidad neoliberal.

¡No pasarán!

En su cuerpo se acumulaba una parte importante del independentismo/socialismo puertorriqueño de la segunda mitad del siglo XX. Aunque nunca, que yo sepa, lo mencionó —y por eso presumo que no lo leyó—, compartía con la Filosofía Latinoamericana de Liberación (1977) de Enrique Dussel el posicionamiento con los pobres que produce, como fricción, el capitalismo moderno-posmoderno-neoliberal.

Peso de una opinión respetada en virtud de su praxis. Libre de manchas mayores, que no de reyertas de oficio (conozco a varios poetas independentistas que chocaron con él). Amigo de Manuel de Jota, la presencia de Carlos, incluso en los momentos en que permanecía en silencio, marcó el tono y los límites del programa. Siempre estaba presente (y eso se nota mucho, muchísimo, desde que no está).

Cuando se tiraba al ruedo del debate, daba duro con su verdad; la moral del guerrillero que viene de los sesenta-setenta reclamaba su heroicidad con el aplomo del que batalla bajo las reglas del combate.

Amigo y guerrero, dicen.

Que no tuviera prisa por hablar en el programa, no que se dejara quitar la palabra, era la garantía de su presencia.

Gallisá: conciencia moral de FUEGO CRUZADO. Presencia que, cuando había colisiones ideológicas, se sabía la voz de la superioridad onto-política establecida desde la modernidad, cuya jerarquía establece una gradación como esta: independencia, libre asociacionismo y anexionismo.

De ahí que el llamado “ideal” de Ignacio, la anexión, resultara en los debates como una propuesta enclenque.

VII

19 de septiembre; despedida de Carlos. Los ocho años de escucha (2010-18) de FUEGO CRUZADO cobran su peso en oro. ¡Valor, no precio!

Cuando se puso frente al micrófono, después de que un grupo de amigos lo despidiera, Carlos fue certero (prueba de una amistad sólida y profunda). Dijo de frente que muchos le hacían esta pregunta (parafraseo): cómo puedo yo, Gallisá, ser amigo del anexionista y exagente de la CIA, veterano de la Guardia Costanera, Ignacio Rivera... Bueno, Ignacio es un tipo salvable…”

De Néstor dijo que admiraba el alcance descomunal de su memoria.

VIII

Ocho años de escucha, en el mejor de los casos, diaria: de lunes a viernes, de cinco de la tarde a siete de la noche. Una relación que empezó en la Península de Yucatán, no muy lejos de la Cuba fidelista que tanto respetó Gallisá, autor de libros como Desde Lares (2010) y La deuda (2015). La muerte lo pilla en proceso de preparar otro libro, que deja inconcluso.

Nunca lo conocí, pero un verano lo vi en la heladería de Río Piedras, frente a la Plaza de Beneficencia. Por respeto, no le hablé.

Desde que sigo FUEGO CRUZADO quise saber su edad, pero fue en vano la búsqueda en internet de su fecha de nacimiento (1933), hasta que murió (2018); con lo cual presumo que, como se veía joven, no quería que se supiera que tenía 85 años. ¿Vanidad de vanidades?

Desde su imagen pública, parecía una persona implacable. Recta, demasiado vertical. En algunos casos, intimidante. Sin embargo, los que lo conocieron hablan de lo contrario: del gran sentido de proximidad del amigo, abierto con todo el que se tropezaba en la calle.

Dijeron también en el programa, a modo de oda al amigo que se ha ido, que Carlos siempre iba con ropa planchada, que le gustaba el billar y los dóminos, las fondas, los deportes y los boleros.

IX

Con la desaparición física de Gallisá —quien, de otro modo, seguirá presente en el programa y en Puerto Rico—, termina un capítulo de FUEGO CRUZADO. Ocho años que me han convencido de algo como esto: a cualquiera de los muchachos le hubiera puesto el país en las manos, porque ninguno se habría robado una peseta del pueblo.

Ignacio-Néstor-Carlos: verticalidad de una moral social compartida y comprobada.

Ahora que no está Carlos, el magnetismo de la personalidad de Ignacio, una buena persona — entroncada con la seguridad y la industria militar usamericanas, y con la completa anexión del país; ficción esta, la anexión, de cuño boricua que, para nada, como es sabido, ha sido parte del imaginario usamericano de 1968 hasta hoy—; el anexionismo de Ignacio tendrá que pulsar con la superioridad onto-política del libre asociacionismo de Duprey, toda vez que la presencia de Gallisá ha quedado vidriada por la lista de invitados que ocupan periódicamente su espacio, algunos, como dijo Marilú Guzmán, conscientes, y por eso honrados, de que se sientan en una silla que les queda grande.

La muerte de Carlos repercute con fuerza extraordinaria en la autocrítica que se hace Duprey. Momento de alta tensión. Como si fuera un comentario más, Duprey reflexiona sobre su relación con Carlos: habla de la vez que este le dijo (parafraseo) que él, Néstor, devaluaba el sentido de la amistad. ¿Cómo? No lo explicó Duprey.

El silencio de Néstor no puede sino interpelarnos. ¿Cómo puede uno que se precia de ser un buen amigo, en muchos, demasiados casos, un hermano; cómo puede una subjetividad así devaluar la amistad? Cada vez que subraya —diría Carlos— que tantos de sus conocidos eran sus hermanos. ¿Tantos, todos? Punto ciego de una egopolítica que, como homenaje al amigo que respeta, comparte la crítica que le hace este como un ejercicio de autocrítica ante los radioescuchas.

Héroe inesperado.

X

Leo la despedida de Manuel de Jota, “Adiós, amigo,” del 8 de diciembre. Leo el ensayo que le escribe Eduardo Lalo, “Gallisá,” publicado el 12 de diciembre. Leo el de su hija, Sofía Gallisá Muriente, “Tallando: mi memoria de papi,” del 21 de diciembre. Leo otras despedidas en el Claridad del 20 al 26 de diciembre…

El día de su muerte, 7 de diciembre, Manuel de Jota le dedica estos versos de Miguel Hernández

A las aladas almas de las rosas

del almendro de nata te requiero

que tenemos que hablar de muchas cosas,

compañero del alma, compañero

XI

Reciprocidad; ofrenda a un héroe ido.

Ergo: si Carlos murió creyendo que Ignacio era un anexionista salvable, su amistad con Ignacio lo salvó del partidismo colonial, pútrido, que empobrece y enferma, escindiéndola, el alma boricua desde 1952.

Presente: ahora, 10 de enero de 2019.

Nos vemos el viernes, 11 de enero, en la Casa Soberanista, donde su familia le celebra un tributo comunal: “Un Belén para Carlos.”