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UNA PATRIA LIBRE

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altLos niños jugaban en el parque, unos con las canicas en la tierra, otros en los columpios y “sube y baja”, ajenos a un país que se encontraba al borde de un precipicio infernal. El sonido de sus risas opacaba el ruido de las olas chocando con el puente.

Zuleika observaba preocupada a Ricardo desde lejos preguntándose qué distraía la tranquilidad de él. Abandonaron en silencio la reunión con los compañeros trabajadores de la universidad. No hablaron en todo el trayecto a la playa.

-No entiendo qué te preocupa. Pienso que la reunión cumplió su cometido. Esbozamos las estrategias a seguir para luchar contra los intereses económicos y políticos que quieren cerrar nuestros recintos y destruir la educación pública.-dijo Zuleika.

-Estoy cansado de hacer lo mismo, hablar, discutir y recomendar estrategias de lucha. Llevamos mucho tiempo haciendo semejantes los planes y estrategias que se concretan en unas cuantas actividades con dos o tres gatos protestando mientras el país se sigue hundiendo.-señalo reflexivo Ricardo con voz apesadumbrada.

-No te entiendo. Por un momento tomaste el control de la reunión demostrando tu liderato y entusiasmo. Todos te siguen y reconocen tu comprometida labor con la lucha universitaria.-inquirió Zuleika.

-Precisamente, ese es el problema, que nos convertimos en un líder en el que muchos colocan las esperanzas de triunfo y es demasiada la responsabilidad. Para mi esto es una responsabilidad de todos y no de unos pocos.-contestó Ricardo.

-Pienso en Teo, que dio su vida por la lucha de la independencia a costa de perderlo todo, familia, amigos, sueños y principalmente el amor de un hijo que pudo solo entender a su padre en los últimos momentos de vida. No es justo que eso pase, Zuleika, no es justo. Míranos a nosotros, es poco el tiempo que nos dedicamos, apenas compartimos otra cosa que no sean reuniones. Nuestras vidas están tomando el mismo rumbo de abuelo. Hemos perdido amigos, nos distanciamos de nuestros seres queridos, de nuestros sueños de juventud y los años nos siguen pasando. ¿Desde cuándo no vamos a un cine?

Ricardo hablaba como si tuviera cien años. Un aire de frustración invadía sus pensamientos. No podía entender cómo un problema de la crisis financiera y política del país no aglutinara las llamadas “masas populares”. Querían cerrar el principal centro universitario que llevaba un siglo produciendo los profesionales que han logrado junto a muchas generaciones el Puerto Rico de hoy, con un gobierno corrupto engañando al pueblo y saqueando las arcas públicas, y ante este panorama pocos sectores de la sociedad estaban preocupados y vivían indiferente a todos estos problemas.

En la reunión con los lideres universitarios se hablaron las mismas preocupaciones que por tantos años se vienen discutiendo con los mismos resultados. Era como repetir la misma película grabada en distintas épocas con las mismas circunstancias y personajes con distintos actores.

-Ricardo no puedes pensar de esa forma. La historia se repite, las luchas por los derechos de un pueblo la llevan unos pocos para el bienestar de todos. Piensa en todas las mujeres que han dejado hijos, esposos y familias a favor de los derechos de la mujer. Muchas mujeres dieron sus vidas para que otras, como yo, tuviéramos en este tiempo las mismas oportunidades que tú. Estoy en una universidad, puedo votar, decidir con quien casarme y hablar cuando yo quiera gracias a todas las mujeres que lucharon por ello. Mujeres que tal vez vivieron en un momento dado tus mismas frustraciones, pero no cejaron en sus aspiraciones de igualdad social. Así que déjate de bobadas.

-Zuleika, te entiendo, pero yo quiero que nuestros hijos vivan otra calidad de vida, con otros problemas diferentes a los que hemos vivido por tantos años. Yo quiero que nuestros hijos vivan en una patria libre y soberana en busca de su felicidad.-terminó Ricardo la conversación mientras seguía observando ensimismado la inocencia y la alegría de los niños jugando en el parque.