El vampiro y la bacinilla (novella brevísima)

See the source image-Esta noche me quedo contigo, le dije a mi amigo Sisebuto, mientras caminábamos hacia el Hospital donde su novia se encontraba “en cama” por culpa de un tumor que le había aparecido en las ninfas de su Vagina.

-Estupendo, Chisdasvinto, porque por la noche pasan cosas muy raras en esa habitación donde se encuentra Gervasia. La noche de ayer, por ejemplo, la pasé horriblemente mal. Mi novia tiene como compañera una mujer ya bastante mayor, fea como un demonio, que, además de dolerle todas las articulaciones del cuerpo, no puede casi respirar. Tiene un cartelito pegado en la pared sobre el cabecero de la cama que dice: doña Error de Monterrey.

Nadie viene a visitarla.

Además, no te puedes imaginar el ruido que hace su garganta cuando habla en sueños y dice:

-Soy la hija del Conde de Monterrey, no me podéis follar, y si lo hacéis, por favor que sea con la puntita nada más.

No mi tiréis al río desnuda del todo después de haberme follado, ¡malditos¡ que tengo veintiséis años y me van a conocer los hombres de los arrabales de uno y otro lado de mi barrio.

-¡No me digas¡ exclamé yo; y él continuó:

-Sí te digo, amigo. Al poco tiempo de haber cogido de nuevo el sueño, entraron dos enfermeras y, detrás de ellas, el médico de urgencias de turno, diciéndole las enfermeras, dirigiéndose a la vejestoria doña Error:

-Entrad, doctor, no se asuste usted, verá hilado de un año y cagado de un mes.

Cuando se inclinaron sobre ella para levantarla y auscultarla, escucharon que decía:

-Mazorcas al mazorcal, donde las ciento y veinte están.

Pareciéndole al doctor que ahí había tela, ordenó a las enfermeras que le trajeran una especie de tinaja, adonde ordenaron a la señora que cagase, para después analizar las heces.

Mostrando el doctor las heces a las enfermeras, les dijo:

-Esto es baldón de una tía floja y comilona.

Sonriendo, tapándose las narices, salieron de la habitación.

Gervasia tuvo que taparse toda entera y yo salir afuera a respirar aire.

-Así que a ver lo que nos depara esta noche, Chisdasvinto.

-Pues nada, ya veremos, Sisebuto.


2-El Vampiro y la Bacinilla

Entramos en el Hospital. Cuando llegamos a la habitación, él dándole dos besos a su novia y yo la mano, vimos que la señora doña Error seguía viva, y eso que le habían pronosticado no más de dos medias lunas.

Gervasia nos dijo:

-Vaya nochecita que nos espera. Ojalá no sea como la de ayer. Todo el día ha estado arrojando por la nariz moquillo verde, y las enfermeras se decían la una a la otra:

-Ya le queda poco, compañera, pues el moquillo es una enfermedad con que se mueren las ovejas.

-Bueno, ¿cómo estás, Gervasia? le pregunté yo; respondiéndome ella:

-Pues vaya; por, ahora, bien. Ya nos dirá el médico, pues me han hecho todas las pruebas, menos Rayos.

Pasó la tarde. Llegó la noche. Gervasia se había quedado dormida; y, mientras, roscadamente, escuchábamos cómo doña Error decía soñando:

-Yo salí huyendo de una casa adónde había entrado a saludar a una amiga, saltando por un portillo de una tapia y había allí una guitarra y toqué las cuerdas, huyendo con prisas y miedo, pues me querían follar, tañendo la guitarra sola: “Ese vagar lleva”.

Doña Error se durmió del todo. Nosotros dos explotamos la risa contenida hasta el momento. Ninguna de las dos despertó.

Después de unos segundos, yo creo que nos entró el sueño. Un sueño sin prisa y sin tiempo; pues, al cabo de un rato, escuchamos un ruido de la puerta de la habitación que se abría.

Haciéndonos los dormidos, pero con el miedo metido en el cuerpo, vimos cómo despacio y delicadamente se colaba un hombre vampiro, que traía colgado del pecho un cartelito que decía: “Vengo de Cote, cerca de Morón, en Andalucía”.

Sigilosamente se acercó a la pared cerca de la cual está la cama donde descansa Gervasia. Se arrodilló delante, cogió la bacinilla, que recogía sus orines, y que hacía una hora ella había recién llenado. Ni corto ni perezoso, cual virtuoso y pío, el Vampiro se llevó la bacinilla a los labios, bebiendo ansiosamente los orines, no sin antes decir como un rezo:

-Este único trago va por la torre de la Trinidad, por los arrabales de mi parroquia; por los dos bultos que rezan a Dios Padre, de esa señora arrodillada delante. Me bebo la gloria. Y ¡se bebió los orines de Gervasia de un trago ¡

Igual que entró se marchó, sin hacer un ruido; luciéndose en su compostura, sí.

Nosotros dos nos quedamos de piedra, pensando en el momento pasado que nos parecía, recordando, un fresco yugoeslavo medieval.

3- El Vampiro y la Bacinilla

Ya era mañana, cuando entraron las enfermeras a tomarle la tensión a Gervasia; también, para prepararla, bajarla a Rayos y recoger su orina.

Una de las enfermeras al ver que estaba vacía le preguntó:

-Pero, Gervasia ¿no has orinado en todo el día?; contestándole ella:

-Sí, enfermera. Antes de dormirme la dejé llena ¿verdad Sisebuto?

-Sí, enfermera, nosotros dos lo vimos y confirmamos.

-Algo os pasa a vosotros dos, que no dejáis de miraros. ¿No habréis hecho alguna picia con la bacinilla?

-No, Gervasia. Cuando te suban de Rayos te contaremos de la noche pasada, que es de traca.

Al instante vimos entrar a dos celadores que venían a por doña Error, que había fallecido sin nosotros darnos cuenta.

Postrada en la cama la sacaron, pareciendo que la cama arrastraba una losa sin nombre ni marca alguna.

-Muerte acá y gloria allá, exclamó una de las enfermeras.

A continuación, y sin desayunar, se llevaron a Gervasia a Rayos, aprovechando nosotros dos el momento para decirle y preguntarle a la enfermera que se había quedado rezagada:

-Enfermera, anoche nos sucedió un suceso algo verdaderamente extraordinario y raro.

Vimos entrar en la habitación, sin prisa y sin tiempo, una figura de hombre vampiro, que se bebió de un trago los orines de Gervasia, exclamando después del tragazo, y, después, eructando de gozo: “¡Esto es gloria¡” ¿Quién puede ser?

La enfermera, sin ponerse colorada, ni inmutarse, nos contestó:

-Ese es el padre Miguel, a quien el vulgo llama de Orines. Es un buenazo; un don Nadie. Es el capellán del Hospital, que da a los enfermos tanto la comunión como la extremaunción.

Dice que el Demonio, por haber sido pedófilo en su día, le ha condenado a beber orines de jóvenes enfermas. Que corre tras de él indicándole la habitación donde tiene que entrar. Que esto, el beberse los orines, sobre todo en tiempo de período, le hace bien en su ánima y le sirve de castigo por haberse aprovechado de los críos.

Además, otras veces, en vez de exclamar: “Esto es gloria”, dice: “Esto vaya por el ánima de mis padres”.

Nosotros nos reímos a más no poder, diciendo Sisebuto:

-El Vampiro lució su virtud.

4- El Vampiro y la Bacinilla

Y yo:

-Padre Miguel de Orines, porque Satán lo manda.

Los tres callamos, cuando vimos que a Gervasia, lúcida, traían de Rayos.

Sisebuto, nada más entrar en la habitación, le dijo:

-Gervasia, luego te contamos. Mi amor, tú, ahora descansa y desayuna. Nosotros nos bajamos a tomar un cafelito a la cafetería de abajo.

-Mucho te quiero, Gervasia.

-Yo, a ti, también, Sisebuto.

Quedando Gervasia cantando, mientras los dos se bajaban a la cafetería:

-Gerineldo, Gerineldo

Gerineldo pulido

Qué hermosa será la dama

Que se acostará contigo.

-Como soy criado de usted

Señora, os burláis conmigo.

-No me burlo, Gerineldo

Que de veras te lo digo

A eso de la una o las dos

Cuando mi marido esté dormido.

A eso de la una o las dos

La dama a Gerineldo ha cogido

Y a la cama lo ha metido

Empezando a luchar

Como mujer y marido.

Y ja, ja, ja.