De San Juan a Detroit [jueves 19 de marzo]

See the source imageJueves, 19 de marzo, 9:40 de la mañana; en el Aeropuerto Luis Muñoz Marín, terminal 2, todo parece más lento. Menos gente, menos ajetreo. Frente al mostrador de American Airlines, no hay fila; tampoco hay gente frente a las computadoras donde tramitamos los boletos de abordaje. Parecía que el empleado de American que prestaba servicios al pasajero, era el único con mascarilla.

Menos gente, menos ruido. La fila, usualmente larga de TSA, se veía diminuta. Raquítica. Por ningún lado de esta zona parecía destacar la presencia de la Guardia Nacional de Puerto Rico, de la que había hablado la gobernadora en días recientes; lo más raro, en términos de seguridad, resulta el oficial de TSA con el perro policía a un costado de la fila, cuya función consistía en olfatear a cada uno de los pasajeros mientras caminaban en línea recta.

Hacer la fila de TSA resultó algo inesperado; con tan poca gente, los oficiales de seguridad parecían con la adrenalina baja. De ahí que fuera posible entrar a hacer la fila, al principio del serpenteo acordonado, sin siquiera corroborar la identificación y el boleto de embarque ante el oficial, que parecía súper relajado. Media hora después, con un volumen de gente más alto, pero tampoco grande, otro oficial encargado de pedir identificación y boleto de embarque mantuvo siempre la guardia en alto.

La poca gente que hay con mascarilla se la tiene que quitar ante el oficial de TSA, quien, como de costumbre, chequea identificación y boleto de embarque antes de pasar por los detectores de metales y explosivos. Esta vez, contrario a la costumbre, se puede atravesar el detector sin quitarse los zapatos.

Hacia la puerta C-4, varios de los negocios están cerrados, pero se puede tomar café y comer. Como no hay aglomeraciones, la amplitud de la terminal iluminada y con pisos blancos se ve vacía. El aeropuerto no parece haber tomado medidas de precaución extraordinarias; por ejemplo, no se ven puntos con desinfectante para los pasajeros.

Tampoco se ve en esta ala de la terminal ninguna presencia de la Guardia Nacional. Por eso, cuando llegó el avión a la puerta C-4, el mismo que pronto saldrá, con escala en Carolina del Norte, en dirección a Detroit, los pasajeros que venían de Estados Unidos entraron sin ser examinados médicamente.

De igual manera, de San Juan a Detroit, incluida la escala en Carolina del Norte, se viaja sin monitoreo médico; lo cual, se presume, cambiará cuando el brote de coronavirus sea más intenso, ¿en la isla o en el continente?