Un Pimiento

altEn Puerto Rico existe una grave crisis alimentaria, en virtud de que dependemos del extranjero para suplir la mayor parte de nuestras necesidades alimenticias. Observemos en los supermercados las góndolas, con productos del extranjero tales como: cebolla, ajos, ñame, plátanos, batata y otros farináceos y vegetales que se producen en nuestro clima y geografía, que es altamente productiva y fértil. A base de una población estimada entre 3.6 a 3.7 millones de personas, en nuestro país se necesitaría reservar para usos agrícolas, cerca de setecientos mil a setecientos veinte mil, cuerdas de terreno. Esa reserva dudo que exista en la actualidad, por lo cual nuestra capacidad de producir lo que consumimos es muy limitada. Tenemos, según datos de los agrónomos que han estudiado el problema, cerca de un millón de cuerdas de terreno cultivable sin proteger adecuadamente.

El plan de uso de terrenos se concibió para garantizar esa protección, pero los intereses de los cabilderos de los desarrolladores y las deficiencias de nuestras agencias de planificación y regulación no han permitido que el plan despegue con la urgencia que amerita. Hay que reconocer que la actual secretaria de agricultura se ha mostrado más proactiva y conocedora de nuestro potencial agrícola y nuestras necesidades, que lo que hemos tenido en el pasado. Queda mucho por hacer antes de que sea tarde, es perentorio que se actualice el inventario de terrenos con potencial agrícola y que se eduque a la juventud sobre lo que se ha dado en llamar la nueva agricultura. La tecnología moderna ha permitido que los terrenos se puedan cultivar de manera mecanizada y más costo eficiente. Ya la agricultura no es necesariamente un campesino que se levanta a las cuatro de la mañana a desyerbar bajo el sol inclemente, para sembrar a mano los frutos y las semillas que se necesita cultivar.

Algunas medidas a corto plazo se pueden ensayar, como las siguientes: En las escuelas públicas hay terrenos que están abandonados y que periódicamente se limpian para sacarle la yerba que crece sin sentido ni propósito. Esos terrenos se pueden sembrar con habichuelas, cebollas, recao, calabaza, pimientos y los profesores de biología y química pueden acudir periódicamente con sus estudiantes a examinar e instruir sobre los procesos que se dan a nivel celular en el desarrollo de las plantas. Desde esa etapa temprana (escuela intermedia y superior) se puede estudiar la existencia de diversas plagas y el modo de combatirlas, para que nuestras siembras se preserven y optimizar el uso de nuestros terrenos agrícolas. La enseñanza práctica en el campo siempre es más eficiente que mirar en un libro o un manual, el desarrollo de una planta o de algunos insectos que no le dicen nada a la vista de un estudiante enajenado de su medio ambiente.

Sigue siendo un imperativo categórico, proteger nuestras estaciones experimentales y dotarlas de los mejores recursos. También proteger el valle del Coloso, el valle de Lajas, los terrenos agrícolas de Santa Isabel y las mejores fincas de café, plátanos, chinas, ñames y yautías, que se dan en pueblos como Adjuntas, Corozal, Utuado, Lares, Las Marías, Ciales y el centro pleno de nuestra montaña ,que aguarda sigilosamente que la protejan de los depredadores internos y externos. En cada pueblo debe estimularse la siembra de huertos caseros para cultivar plantas medicinales y algunos frutos y legumbres. He tenido el gozo en un pequeño terreno, de menos de treinta pies, de sembrar gandules, guineos, berenjenas, yuca y pimientos. Fue una gran emoción comer de los primeros guineos manzanos que adornaron el desayuno y algunos platos de arroz y habichuela. El primer pimiento olía a esencia de la tierra y perfumó unos huevos del país con cebolla, que me transportaron al centro de lo que es mi patria, un lugar para trabajar y soñar juntos, que podemos valernos por nosotros mismos en cooperación con los demás países de nuestro entorno caribeño.