La profecía de Luis Alejandro Polanco: No habrá primavera en abril

altY, ¿sabrá la primavera que la estamos esperando?

Cuando llegue y no nos vea, tras cortinas silenciosas,

no habrá primavera en marzo, ni en abril, ni en tierra alguna,

y los parques sin ancianos, jugando mala fortuna,

porque corona pesada, Emperadores de Oriente,

dejaron que sus murallas abrieran muerte a la gente.

Caminos que a Roma llevan, mientras se lavan las manos,

como Pilatos al pueblo, ¡como tantos inhumanos!

Cubiertos de mascarilla, escondidos en palacios,

que juegan sin importarles ventanas con los ancianos,

rostros de suaves pinturas, imágenes sin abrazos.

Sin saber que en marzo había; citas de blancos y verdes,

de almendros, de rosas llenas, de jazmines, de naranjos.

Puntos blancos en un mundo de campos con esperanza,

y el pueblo mira hacia el cielo y pregunta con templanza:

¿Sabrá esta primavera que la estamos esperando,

que, aunque no sea en esta fecha, que sea tal vez en abril?

Que llegue la primavera y que nos deje el misterio.

Que llegue con sus perfumes aunque se haya equivocado,

que el mundo la necesita, más que nunca a nuestro lado.

Murallas, calles vacías, y en París se fue la Luz,

Nueva York duerme tranquila, no hay ni ruido ni cruz.

Como el libro de Polanco en la profecía de abril.

Pero que llegue cubierta con otro mundo mejor.

Que esta vez duerma tranquilo con un sano despertar,

apunte con fiel orgullo; la estatua, la libertad,

Que llegue la primavera con colores de marfil.

Que el mundo espera impaciente, después de marzo es abril.