NUESTRA POESÍA NO ESTÁ A LA ALTURA DE LA EXPERIENCIA VITAL

“Hay que sacar la poesía de esa forma poética, que es totalmente anticuada y no sirve para nada. Los ritmos también están anquilosados, sobre todo, en Latinoamérica y en nuestros países”.

“En nuestros países la poesía está anquilosada”.

“La poesía no le puede creer a la dictadura del poder ni a la dictadura de los que se creen con poder en los cánones literarios”.

 

En el año 2003 conocí a la poeta Yanine Brache en Ledy House, una residencia de escritores situada en OMI, a dos horas y medias en tren de la ciudad de Nueva York.  Una mañana, bajo un manzano florecido, sostuvimos la siguiente conversación:

¿Qué significa la poesía en el mundo de hoy con sus peculiares características en términos de tecnologías, preponderancia de fuerzas mediáticas, avances o progresos –si así pudieran calificarse- en bio e ingeniería genéticas…, tiempo también de reordenamientos de poderes mundiales, de guerras virtuales, mercadológicas y con armas sofísticas, de globalización y a la vez de particularismos? ¿Qué busca el poeta de hoy en la actividad poética? ¿Tienen un papel o funciones, más o menos visibles, la poesía y el poeta de hoy?

La poesía no es un género literario. Eso es fundamental, hay que entenderlo como primera cosa. Lo que tenemos que hacer hoy en día es romper los géneros literarios. La división entre poesía, novela y drama no existe. Son cosas inventadas en el pasado, que en realidad no existen. Cada día se están rompiendo esas divisiones, por ejemplo con la globalización. No es que crea que el drama, la poesía y la novela tengan que globalizarse. Lo que sí tienen que hacer es buscar otras formas de encontrarse en ellos mismos. Esto, definitivamente no se logra en el verso ni en la forma poética. Ésta última está anquilosada. Hay que sacar la poesía de esa forma poética, que es totalmente anticuada y no sirve para nada. Los ritmos también están anquilosados, sobre todo, en Latinoamérica y en nuestros países. Tenemos que dar con ritmos de cine, ritmos de guerra, de la rapidez de la guerra; ritmos y velocidades que todavía no hemos encontrado y debemos seguir buscándolos en la rapidez de los metros, en la rapidez que tiene el paso de la vida y en nuestra propia experiencia vital.

Sin embargo, esa es una visión, vamos a decir, de una parte del mundo, de una parte de la población. Ese sentido de rapidez quizás carezca de relevancia para una parte de la población, probablemente, la mayoría. No hay tal aceleramiento. Esa visión tuya, ¿no significa situar a la vanguardia de antemano a ese núcleo de la población que marcha a tal velocidad; la velocidad que describes?

Mi misión en la vida es sacar el anquilosamiento que está en nuestros países, en Latinoamérica,  y meternos en el mundo moderno. Yo entiendo lo que estás diciendo. Hay gentes, países incluso, que están en ese ritmo lento. Pero también hay que buscar la modernidad en ese ritmo lento. Y no sólo la modernidad, sino lo que tú eres dentro de ese ritmo lento. Yo siento que en nuestros países la poesía está anquilosada, no por el ritmo lento, sino porque no se ha indagado en una nueva visión de la poesía que esté a la altura de la circunstancia vital de nosotros, en nuestra experiencia hoy en día.

¿Se trata de algo concerniente a la forma o hay que pensar más bien en cómo se perciben los fenómenos y sus nexos con el espíritu?

¿Cómo que “de la percepción de los fenómenos?

O sea, tú estás planteando la superación de los géneros, la superación del verso mismo y la asunción de un lenguaje variado y un ritmo veloz _del metro, de la guerra- en la poesía, lo que me estoy preguntando es si se trata de una transformación en términos formales o si estamos hablando de una transformación en la manera de sentir, percibir y transcribir las cosas y los hechos. ¿Estamos hablando de estancamientos o cambios en “las lecturas” de la realidad o realidades?

Se trata de una transformación de la forma y de una transformación de lo interno a través de la forma. Lo que sugiero es una transformación externa que va hacia lo interno. Eso significa, buscar en tu interioridad lo que tú eres, buscar de verdad, entonces darle una nueva forma a la exterioridad.

Hay que hacer eso. Yo siento que la poesía nuestra no está a la altura de lo que nosotros vivimos.

Nosotros tenemos paradigmas y nos creemos que la poesía se escribe por esos paradigmas. Por seguirlos, nos estamos cohibiendo. Nadie ha dicho que esos paradigmas son los correctos, a lo mejor lo fueron para un determinado momento histórico. Pero hoy en día, en la realidad que estamos viviendo, no funcionan. Sea que vivamos en un ritmo más rápido o más lento, más violento o menos violento, esos paradigmas ya no funcionan porque nuestros sentimientos no son iguales.  Entonces, tenemos que escribir algo que esté a la altura de nuestra experiencia vital.

Esas conclusiones, ¿tienen que ver con la política, con el manejo del poder en nuestros países? ¿Es subversiva la poesía aún?

La poesía tiene que ser mucho más subversiva. La poesía no le puede creer a la dictadura del poder ni a la dictadura de los que se creen con poder en los cánones literarios. Para mí ya no funciona leer a Vargas Llosa ni a García Márquez ni a ninguna de esta gente, no funciona para la realidad que yo estoy viviendo, y creo que para ningún latinoamericano. Hay una dictadura de las normas y cánones literarios, de los cuales tenemos que salir. No seguir a ninguno de ellos. Como yo nunca los he seguido, no tengo ese problema, pero hay gente que lo sigue y solo está anquilosando su poder poético y su libertad.

¿Cuál es tu propuesta para trascenderlos?

Buscarte a ti mismo, encontrar tu voz interna. Por ejemplo, yo no creo que haya raíces. No creo que yo sea una planta. Yo soy un animal que camina, y los animales que caminan orinan y cagan en las raíces. Y además, no tienen raíces porque tienen voz. Lo que yo tengo es voz. Así que yo voy a cantar. La imagen de las raíces está mal. Nosotros no estamos arraigados ni enterrados. Nosotros somos animales que caminamos y cantamos.

¿Esa imagen te diferencia de los demás escritores y escritoras puertorriqueños, en muchos de los cuales hay una persistencia del tema de la identidad? Si hay diferencia, ¿es consciente, elaborada?

Sí. La identidad es una cosa que cambia continuamente. No se puede pensar que la identidad es algo para siempre y por siempre jamás. Si así fuera, no habría divorcio, la gente no se divorciaría ni habría cambios. Un día te conviene una cosa, otro día te conviene otra. Un día eres feliz, otro día no eres feliz. Un día estás de acuerdo con algo, otro día no estás de acuerdo con eso. Y las raíces me anquilosan. Y las raíces poéticas me anquilosan más todavía. Y la rima y la métrica y toda esta barbaridad que se toma como poesía no es poesía.

¿Qué es la poesía para ti?

Mi experiencia vital. La poesía es lo que cada día yo vivo, cómo lo expreso en el mundo en que estoy viviendo, cómo capto ese mundo dentro de mi experiencia humana y cómo hago un mejunje –un arroz y habichuelas- dentro de esas dos cosas en las que estoy metida.

¿Esa noción en torno a la identidad, no te hace vulnerable a la manipulación de quienes detentan el poder –económico, política y de la tecnología- en el mundo?

Todo es manipulable y todo ha sido manipulado a través de la historia. Todo el mundo ha sido corrupto, menos yo, porque no me he dejado corromper por nada. Yo cambiaré, pero no he sido corrupta.

¿Qué piensas de lo que están haciendo las escritoras en Latinoamérica y el Caribe? ¿Cuáles son los aspectos novedosos de su quehacer y cuáles los desafíos, si se pudiese hacer una mirada global?

No sé lo que están haciendo las mujeres en Latinoamérica, pero he leído a las grandes feministas y me parece extraordinaria la visión se Simone de Beauvoir e irigaray, extraordinarias mujeres, tan revolucionarias como Voltaire, Diderot y todos los revolucionarios que transformaron la realidad y dieron paso a la revolución francesa.

Yo creo que cada mujer hace su revolución desde su punto de vista, aunque creo que cuando uno escribe no es mujer ni hombre, uno es poeta o escritor.

Retomemos el tema de los géneros literarios, ¿a qué obedece su surgimiento y cuándo se convierten en camisa de fuerza?

Nacen para poder engavetarnos, para poder definirnos. Mueren porque están demasiado definidos, ya no caben en las gavetas, están muertos desde hace tiempo.

¿Surgen otras definiciones que los reemplazan?

Sí, ya las están haciendo. Eso del posmodernismo es otro invento, otra mentira para definir algo de la realidad. La gente necesita definir para entenderse. Necesitan darse identidades para poder entender la realidad. Pero no hay que tomarlas en serio, porque si las tomas en serio te matas a ti mismo.

Entonces, ¿ves la poesía, no como algo definible, sino como ejercicio subversivo?

Sí, es un ejercicio subversivo. Me gusta esa definición. Es una subversión, una revolución, una forma de expresarse de cada individuo.

Decías que la poesía no está en los versos, sino en el cine, en todas partes…

Sí, los grandes cineastas del siglo XX fueron grandes poetas, ahí era que estaba la poesía en ese momento, en Fellini, en Pasollini. La poesía, curiosamente, no estaba dentro de la poesía. La poesía estuvo en T.S. Elliot cuando se inventó los cambios de un párrafo a otro que captan la técnica cinematográfica. Eso es gran poesía.

La poesía está en Bin Laden también, porque éste se inventó una nueva estrategia militar.

¿Y en Bush?

No, en Bush no hay nada. Bush ha sido exitoso pero no ha creado impacto. Hay una diferencia entre éxito e impacto. Los grandes revolucionarios han impactado el mundo en la poesía en la literatura.  James Joyce, como T.S. Elliot, fueron grandes revolucionarios. Los otros lo que buscan es éxito. García Márquez tiene éxito, pero ¿ha transformado la literatura al nivel que lo hizo Elliot o Joyce? No, no ha transformado la forma literaria. Bin Laden lo hizo, transformó la realidad militar del mundo. Transformó la historia. Eso es lo que hace un gran poeta, lo mismo un cineasta. Que después de ellos veamos el mundo de otra forma, que ya no se pueda escribir de la misma forma después de una persona como Joyce.

Volvamos a tu idea sobre Bin Ladem, llama la atención.

Nos van a matar…

(Risas)

No estoy hablando del bien y el mal, sino de una estrategia militar con la que impactó al mundo. Lo que hizo con poca gente. Estoy hablando de que ya los grandes ejércitos no tienen sentido en el mundo.

¿Qué piensas sobre las dictaduras? ¿Hay diferencias entre dictadura de derecha y de izquierda?

No me gustan, no me gustan. Dictar sentencias… Tampoco me gustan los partidos.

Si tuvieras que definir la poesía, no en general, sino de acuerdo a tu específica experiencia existencial, a tus búsquedas y hallazgos, ¿qué podrías decir?

Para mí ha sido un encuentro conmigo misma a través de los tiempos. Ha sido como lo que hace Rembrant con su autorretrato, que se va retratando cuando tenía veinte años, cuando tenía cuarenta, sesenta, ochenta… y tú ves al joven, al viejo; ves el paso del tiempo y cómo su retrato marca el paso del tiempo. Eso ha sido mi poesía, esa marca del tiempo a través de la palabra.

En las ocasiones en las que te has sentido en un nudo existencial, ¿has encontrado respuestas o soluciones en la poesía?

A mí la poesía no me da respuesta. La poesía en mí lo que hace es crear situaciones y problemas. Yo no busco soluciones, yo busco confrontación con problemas. No me interesan las soluciones porque son fáciles de encontrar. Me interesa el problema. Y mi técnica es una técnica de inundación. Yo inundo al lector con diferentes formas de hacer cosas. Diferentes perspectivas de mirar la realidad.