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Puertorriqueñidad, transgresión y diversidad en el juego de la palabra

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Este juego de látigos sonrientes es el título que lleva la más reciente antología de la poesía puertorriqueña de fines de siglo XX y comienzos del XXI como destaca en el subtítulo. La muestra reúne a veinte poetas, quince hombres y cinco mujeres, nacidos entre 1954 y 1983. Como toda antología se trata, más específicamente, utilizando la palabra del antólogo, de una antojolía o lo que vendría a ser “una selección acomodada a mis gustos, prejuicios y querencias” (16). A pesar de este “desliz personalista e inevitable” (17), la elección se realiza basada en “el rigor, la alta calidad estética y diversidad de los textos de cada exponente” (15).

Comenta, además Edgardo Nieves Mieles en las Palabras preliminares que “entre el compás abierto de opciones, selecciono una tajada significativa de aquellas obras que me parecen las más ricas, consistentes e intensas” (17) en el periodo señalado. López Carrasquillo y Portalatín Rivera sostienen que “estamos ante un conjunto polifónico de una creación poética boricua actual que entabla un diálogo con nuestro presente, con nuestro diario vivir”. En “El tejido de la poesía”, Carmen Dolores Hernández afirma que “Esta antología abre una ventana hacia un paisaje poético que no ha sido, en general, muy visible hasta el momento, aunque merecería serlo”.

Antes de atisbar por esa ventana, convendría detenernos brevemente en el título. En el mismo la palabra juego nos ofrece una clave significativa. El elemento lúdico es uno de los soportes fundamentales en la poesía de la mayoría de los poetas incluidos en esta antología: el juego de las equivocaciones, la ironía sardónica, el humor como válvula de escape en el contenido; el afán de buscar múltiples posibilidades a la palabra y el eclecticismo en la forma.

La anfibología de la frase “látigos sonrientes” es relevante a la hora de apreciar la producción poética aquí representada. La misma podría interpretarse como una prosopopeya ya que el látigo no puede sonreír, pero también podría verse como una paradoja al unir el dolor que produce un latigazo y el placer que supone una sonrisa. Ineludible recordar el “dolor sabroso” al que aludía Santa Teresa. Además, puede tratarse de un oxímoron, que se define, según el diccionario, como una “combinación, en una misma estructura sintáctica, de dos palabras o expresiones de significado opuesto que originan un nuevo sentido”, y que, sin duda, sugiere el aspecto polifónico presente en la antología. En la imagen de la portada del artista Cecilio Colón Guzmán, se reproduce la posibilidad de distintas apreciaciones: la sonrisa amplia con el labio partido, las espinas cercanas a una oreja, el cometa (o chiringa en puertorriqueño) enredado en el árbol junto a la otra, la doble visión sugerida en los diminutos anteojos, la acumulación de detalles y el uso preferente del color intenso. Conviene advertir que antes de inmiscuirnos en este juego debemos estar preparados para enfrentar un torbellino de emociones, muchas veces contradictorias; a movernos entre la violencia y la ternura, la abyección y la pureza, el erotismo descarnado y la sensualidad, la burla inofensiva y el sarcasmo corrosivo. Coincido con la expresión de López Carrasquillo y Portalatín Rivera cuando aseveran que:

En estos tiempos de desamor, de histeria y cólera colectiva tanto insular como mundial, la poesía [añadiría que el arte en general] tiene el poder de sensibilizarnos, de llevarnos a la reflexión, de abrirnos los ojos para ver y vivir la vida con pasión, atrevernos a mirarnos a la cara para ver y descubrir muchas verdades.

Preciso un poco: en estos días en que se insistió en el VII Congreso Internacional de Lengua Española en la bárbara idea de que Puerto Rico no forma parte de Hispanoamérica, idea que se sustenta en la no inclusión de nuestro país en la mayor parte de las antologías de literatura hispanoamericana; en estos días en que su majestad con g dijo alegrarse de estar de visita en Estados Unidos, la aparición de una antología como ésta es prueba irrefutable de que nuestro idioma, el español puertorriqueño, como manifestara en la clausura de dicho congreso el poeta José Luis Vega, director de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española, es un “español de gran creatividad, resistencia y sólido cultivo literario”.

En el Prólogo, el poeta Federico Irizarry Natal aprovecha la “metáfora espacial de una galaxia poética” (25) elaborada por el crítico chileno Mario Rodríguez, para “aplicarla en su esencia al panorama de la poesía puertorriqueña…”. Señala que, aun cuando no ha sido el tema único, “El espacio céntrico, al cual han sido atraídos los cuerpos siderales de la galaxia doméstica, ha estado ocupado por una lengua abocada a lo nacional”. Este aspecto “halla uno de sus momentos de máxima intensidad” (27) con la llamada generación del 60. El eje de lo nacional comienza a debilitarse, aunque no desaparece, a partir de los años 70.

Podría decirse que en los 70 se genera… un borde, que en su parte más filosa se concreta un afuera de contundente ruptura y que en sus zonas intermedias se produce una continuidad con tensión rupturista…la poesía de las posteriores décadas… en cierta medida oscila entre lo uno y lo otro… (29)

Una vez establecido el contexto correspondiente, Irizarry, a través de ejemplos específicos, aborda los temas y sus respectivas variantes expuestas en Este juego de látigos sonrientes. Hago un paréntesis para recomendar la lectura íntegra del esclarecedor prólogo de Irizarry. Respecto al tema de lo nacional, apunta que éste

se aloja, a la manera de un entreacto perturbador, en un espacio que linda, por un lado, con la efervescencia que produjeron en su tiempo las gestas nacionalistas y, por otro, con el desencanto de una actualidad fracasada en la oficialidad de un poder deformador que ha sobrevivido en el tiempo. (30)

Irizarry se detiene brevemente en el tema de lo doméstico, ya que lo nacional “no acontece nada más por la estricta y directa enunciación de lo político” (34).

Respecto a los temas de la ciudad y el malestar metafísico o social del sujeto actual que la habita, destaca la existencia de una “poesía desencantada… marcada por la perturbación” (36), el desasosiego, la podredumbre, el torbellino de la urbe, la asfixia, el extrañamiento del lugar urbano.

Lo erótico, entre los distintos poetas del libro, cobra calibraciones diversas” (38), de acuerdo a Irizarry. Puede estar vinculado con lo amatorio, orientado al misterio, matizado por el desengaño, mediatizado por el humor.

Por último, de forma escueta, el crítico aborda “el estadio discursivo-escritural de la muestra poética antologada” en la que “reina la diversidad…Los une la diferencia” (40).

Ahora, cometeré un “desliz personalista e inevitable”. A base de los elementos mencionados en el título de esta presentación, escogeré aquellos poemas que se me antojan evidencian los mismos. Puertorriqueñidad (carácter o condición de puertorriqueño). Al referirse a puertorriqueñidad el Maestro Luis Rafael Sánchez manifiesta que: “Esa golpeada palabra ilumina todas las formulaciones del vivir nuestro de cada día”.

“Frente a un cerezo en flor” de Juanmanuel González-Ríos

padre nuestro que estás en las barras

y en las discotecas

en los niños de Beverly hills irak y la perla

que estás en el plato de arroz

los huesos del vagabundo

y en los pechos de Ivette Cintrón

santificado seas

venga a nosotros tu reino

aunque sea un poquito casi nada lo que puedas

hágase tu voluntad allá en el cielo:

el libre albedrío y el libertinaje

hacen lo que quieren con nosotros

acá en la tierra

danos hoy nuestra migaja de cada día… (176)

“Cuerpos de agua” de Carlos Vázquez Cruz

mi hombre y mi isla parecen tanto

que fallecen simultáneas dos pasiones

cuando se les exige

futuro

a blandas penas se mantienen

flotando


ninguno nada porque no sabe

adónde ir


ambos padecen la fuga de cerebros

los brazos caídos y la boca llena

de promesas vacías… (145)

En cuanto a la transgresión, aludo al sentido que le otorga Bataille en El erotismo: “El mecanismo de la transgresión aparece en el desencadenamiento de la violencia” (71) y en el tabú.

“Ciudad transida” de Edgar Ramírez Mella

Esta ciudad atravesada por las voces escondidas del espanto,

traspasada por los gritos de dolor de los hospitalillos;

por el torpe balbuceo y el hedor de la miseria y sus disfraces,

por esos oxidados alfileres con que la ignorancia nos corona.

Esta ciudad esperando su domingo de resurrección,

plantada en su continuo viernes de tortura,

apesta como un Lázaro podrido a la intemperie. (51)

“Sagrada infancia” de Alberto Martínez-Márquez

cuando niño

Jesucristo tenía

un amigo imaginario

llamado dios (131)

El tercer elemento, la diversidad, como apuntáramos, ha sido destacado por el prologuista y es uno de los fundamentos en la selección efectuada por el antólogo:

“NO3” de Jorge David Capiello

Tú, radical libre.

Tú, elemento inestable.

Yo…

(ni)trato. (161)

Uno de los “Seis epitafios para el amor insepulto” de Carlos Roberto Gómez,


Señor,

recibe aquí

la boca más manzana

la piel más eucalipto

los ojos más almendros

el corazón más ciruela

el alma más llovizna

para que tu jardín

sea menos polvo

y más primavera. (77)

Por último, y no por ello menos importante, quisiera destacar la valiosa impronta de las mujeres incluidas en esta antología. Son ellas: Mayra Santos Febres, Rosa Vanessa Otero, Nicole Cecilia Delgado, Zuleika Pagán López y Karen Sevilla. Comparten con sus congéneres, si se me permite aplicar dicho término a los géneros literarios, las características ya mencionadas. Las distingue, parafraseando a Ángelamaría Dávila, la tierna ferocidad de sus escritos. Veamos: “dicen que esta sangre es suficiente” de Mayra Santos;

dicen que esta sangre es suficiente.

yo la veo tan poquita cada mes…


de a choritos algún día


así jamás terminaré de pagar

las cuentas de mis asesinos.


no podré nunca retener la suficiente

como para parir algún día

a alguien en el clan

que no lo sea.


que nazca sin delito.

y pueda caminar

con los pasos abiertos


sin temor a desangrarse. (123-124)

un fragmento de “Covergirl” de Rosa Vanessa Otero;

(De niña creía en mi belleza

y en cualquier mentira

dicha con convicción.

De joven encontré a Gregorio Samsa

mirándose en mi espejo.

La sospecha más descorazonadora

me hizo triste antes de tiempo:

“eres fea, desconfía”) (138)

un fragmento de “sucede que me canso de ser mujer” de Nicole Cecilia Delgado;

sucede que me canso de ser mujer

sucede que me canso de mi pelo

de las faldas, de los trajes, de las flore

de los colores pálidos

de las pantallas y las pulseras


sucede que me canso de ser mujer

pero tal vez

si fuese hombre no me cansaría (183-184)

“al cuco” de Zuleika Pagán;

corrí descalza por campos veraniegos

pinté las paredes de la casa

con el lápiz labial preferido de mi madre

no me lavé los dientes muchas veces

me escapé del colegio muchas más

te nombré frente al espejo

una

dos

tres…

hasta que el gallo cantó

estuve en vela noches enteras

rompí los vidrios de las ventanas que pude…

todo por la promesa

de que vendrías a comerme (191)

y, para finalizar, “Racconto” de Karen Sevilla,

Papá espera fuera de la casa.

Salimos a mirar

las luces de los cafés, las vitrinas con juguetes.

Cuadras de calles nocturnas hasta

los puertos suspendidos, el mar desabrido. Él

dice que me mostrará

el mundo, a qué

saben la sangre y la sal.


Aquella noche rebuscada, Papá

tomó mi mano y me dio la oscuridad.

Fue la primera vez

que sentí vergüenza de mi cuerpo. (203)

El buen arte posee la capacidad de (con)movernos, provocarnos, perturbarnos: llevarnos al límite. Como afirma el Maestro Martorell: “La palabra es un territorio que puede ser tan iluminado como penumbroso, franco camino o accidentado sendero.” Les invito a descubrir y transitar por el inusitado territorio que nos ofrece Este juego de látigos sonrientes.