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Cuba y Puerto Rico en la realidad del Caribe

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altDesde el siglo diecinueve la realidad geopolítica de Cuba y Puerto Rico ha estado imbricada por fuertes vínculos que hoy día conviene actualizar. Mucho se ha escrito de la participación de Ramón E. Betances, Eugenio María de Hostos, Juan Rius Rivera, Francisco Gonzalo Marín (Pachín Marín), Juan de Mata Terreforte y Antonio Vélez Alvarado en la lucha de independencia de Cuba y en la historia común de la Manigua. No creo necesario abundar sobre esa historia de sangre hermanada, que ha hecho que nuestros destinos estén enlazados con la tarea inconclusa de lograr la independencia de Puerto Rico. En estos momentos en que EE UU, bajo Barack Obama y hasta el presente incierto bajo Donald Trump, ha decidido reanudar relaciones diplomáticas con Cuba, aún sin terminar el criminal bloqueo que tanto daño ha hecho a Cuba, vale hacer algunos señalamientos sobre la realidad de Puerto Rico y la acentuación del coloniaje, con la presencia de la Junta de Control Fiscal.

En estos momentos en que Cuba y Puerto Rico, con sus distintas peculiaridades, están involucradas en procesos históricos que pueden determinar cuánto cambiará su manera de manejar las necesidades económicas, políticas y educativas de cada pueblo, vale la pena examinar cómo pueden ayudarse entre sí. Cuba nos puede aportar su ejemplo de solidaridad internacional. El énfasis que ha hecho la Revolución en que Cuba sea un pueblo educado, porque un pueblo culto desarrolla una capacidad mayor de resistencia, es un ejemplo que nuestro pueblo tiene que seguir. Por eso es tan pertinente y necesaria la resistencia que nuestros estudiantes de la mayor universidad pública del país, que es la Universidad de Puerto Rico, están haciendo para combatir recortes impuestos por la Junta de Control Fiscal que ascienden a $450 millones de dólares. Tanto los profesores de la Universidad de Puerto Rico (UPR) como los estudiantes que han estudiado el impacto de esos recortes, están contestes en que equivaldría al desmantelamiento de la Universidad que conocemos hasta el día de hoy.

La forma en que Cuba ha batallado para crear un sistema de salud que esté basado más en la prevención, que en desarrollar un sistema de salud que busque lucrarse de la enfermedad, es otro ejemplo que debemos estudiar y seguir adaptándolo a nuestras experiencias históricas y nuestra peculiaridad cultural. En nuestro país existe un presupuesto multimillonario dedicado a la salud, pero no necesariamente produce una población saludable porque está controlado por aseguradoras privadas que operan con fines de lucro y controlan el tratamiento que cada médico puede brindar a sus pacientes. Puerto Rico ha desarrollado una industria farmacéutica muy diestra y creativa, que no puede explotar adecuadamente, por carecer de soberanía para proteger sus productos y para exportar donde lo desee y le convenga. Así mismo tenemos una industria en microbiología que elabora productos de alta calidad. Tenemos científicos en agricultura eco-amigable y en la prevención de plagas que nos permitiría ser competitivos cuando recobremos nuestros poderes soberanos y desarrollemos una industria que pueda exportar e importar bienes y servicios con Cuba y Republica Dominicana.

Sin embargo, nos enfrentamos a un enemigo común que nos limita nuestras posibilidades de desarrollo y las de nuestros vecinos aliados o potenciales aliados, como pudiera ser Panamá, México, Costa Rica, Venezuela y Uruguay, entre otros países del entorno Caribeño y Latinoamericano. Con todos ellos podemos y debemos hacer tratados dirigidos a un intercambio de bienes y servicios orientados a producir las necesidades fundamentales de vivienda, salud, empleo, educación y alimentos para garantizar así la dignidad plena del ser humano. Para ello, la intervención del Estado, bien sea en un modelo socialista o en uno social demócrata, es esencial, nivelando las fuerzas del mercado. La contraposición de modelos es evidente: o se produce para satisfacer las necesidades de amplios sectores a la población o se produce para asegurar la riqueza y el progreso de unos pocos, a costa del empobrecimiento de amplias mayorías de la población.

En Estados Unidos y su gobierno federal, operan mediante tanques de pensamiento y cabilderos poderosos, grupos que ejercen la teoría neoliberal y grupos fundamentalistas religiosos, que a veces actúan por separado y a veces en conjunto para adelantar sus fines ideológicos y estratégicos. Así se explican muchas de las intervenciones en procesos electorales en el interior de los gobiernos de varios países latinoamericanos y caribeños, para afectar la políticas y programas de gobiernos de izquierda y de centro izquierda con el propósito de establecer políticas económicas neoliberales.

La batalla más dura, a veces, no es la militar o electoral, es la batalla de las ideas, que se da de manera encubierta y poniendo amplios recursos económicos y diplomáticos a favor de los grupos que desarrollan esas agendas encubiertas. Los fundamentos teóricos e ideológicos de esa agenda fundamentalista-neoliberal y su efecto sobre los avances sociales y el desarrollo en nuestros países, es lo que debemos prestarle atención: la relación entre la política neoliberal y la religión protestante.