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Celestina Cordero Molina: una maestra negra en la época de la esclavitud

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altA Yolanda Arroyo Pizarro, por tanto.

Como mujer educadora del siglo XXI siento un profundo agradecimiento y gran admiración hacia las mujeres de otras épocas que lucharon para que hoy nosotras podamos estar presentes en el ámbito educativo. Existen casos, documentados en la historia, de mujeres que decidieron vestirse de hombres para lograr el acceso a la universidad que tenían prohibido, como por ejemplo la monja mexicana Sor Juana Inés de la Cruz o la española Concepción Arenal que en el siglo XIX logró estudiar Derecho y al descubrirse que era mujer tuvo que mantenerse aislada del resto de sus compañeros mientras tomaba sus clases.

En el contexto puertorriqueño, una de esas mujeres responsable de que las niñas lograran el acceso a la educación es Celestina Cordero Molina (1787-1862) una de las primeras mujeres negras libres que formó parte del desarrollo educativo de Puerto Rico. Luchó por los derechos de las niñas puertorriqueñas de todas las razas a recibir una educación. Junto a Gregoria, fue una de las hermanas mayores del maestro Rafael Codero, hijos los tres de Lucas Cordero y Rita Molina, negros libres que tuvieron acceso a la educación y se encargaron de enseñarles a sus tres hijos a leer y escribir en el seno de su hogar.

Celestina, a diferencia de su hermano Rafael, es una gran desconocida en la actualidad, y es que las mujeres de esa época estaban limitadas al espacio doméstico, así que era muy difícil que llegaran a la esfera pública como fue el caso de algunos discípulos del maestro Cordero como Baldorioty de Castro, Alejandro Tapia y Rivera y José Julián Acosta quienes dejaron referencias sobre el trabajo y la dedicación del maestro Cordero. Sin embargo, y a diferencia también de su hermano, su ejecutoria como maestra se encuentra documentada en las Actas del Cabildo, los documentos en los que se registraban las decisiones del gobierno en la época colonial. Hay alrededor de doce actas sobre Celestina Cordero, la mayoría de ellas relacionadas con su solicitud de que la nombraran maestra oficial y la petición de dotación económica para su escuela. Existen también algunas actas que reflejan el interés de sus hermanos, Gregoria y Rafael, de que la escuela de Celestina siguiera funcionando después de que ella se enfermó en el 1832 y no pudo continuar con su trabajo de maestra.

De la lectura de las Actas, resumo los siguientes hallazgos: en el 1817, Celestina solicita dotación económica para su escuela de niñas, afirma que lleva quince años enseñando y que en ese momento tenía a su cargo 115 alumnas. En su solicitud pide que se dote a su escuela como a las otras cuatro que hay en San Juan. Dicha solicitud fue denegada. En febrero de 1820 hay un acta en la que Celestina solicita que se le otorgue la plaza oficial de maestra de San Juan. Ese mismo año, el 3 de julio de 1820, Celestina es nombrada maestra en propiedad.

Un acta evidencia que, en mayo de 1821, la maestra Cordero reclama que no le han pagado el sueldo estipulado; en marzo de 1825, solicita de nuevo que se le reconozca su cargo oficial. La última acta que menciona a Celestina es del 1851 y en ella su hermano el maestro Rafael Cordero solicita una pensión vitalicia para su hermana “… atendida la circunstancia de haberse inutilizado en el constante ejercicio de su ministerio, como consta a V.E. y a toda la sociedad.”

Se necesita una enorme valentía para que una mujer negra, antes de la abolición de la esclavitud en Puerto Rico, se enfrentase al Cabildo para exigir su nombramiento como maestra y apoyo económico para su escuela. Sus visitas al Cabildo fueron numerosas y no se rindió hasta lograr que le dieran el nombramiento oficial. Celestina ya era maestra, sus alumnas y ella lo sabían, pero ella insistió hasta que logró que se le reconociera oficialmente. Esa insistencia de Celestina refleja determinación, entereza y fuerza para seguir luchando y a la vez un gran deseo de salir de la invisibilidad, de que se reconozca su trabajo y el gobierno le dé un salario por hacerlo. Invisibilidad, en la que lamentablemente y a pesar de sus esfuerzos, continúa en la actualidad.

La escritora española Rosa Montero en su texto La ridícula idea de no volveré a verte, dedicado a Marie Curie, menciona que hasta hace unas décadas, el mayor problema de la mujer occidental consistía en no saber vivir para su propio deseo: siempre vivía para el deseo de los demás, de los padres, de los novios, de los maridos, de los hijos como si las aspiraciones personales fuera secundarias, improcedentes, defectuosas, insiste Rosa Montero. En el caso de Celestina, se adelantó muchísimo a su época ya que su deseo de ser maestra fue tan fuerte que no la impidió regresar al Cabildo cuantas veces fuera necesario para conseguir su título, su aspiración profesional la dirigió y guio toda su vida.

Existen breves referencias a Celestina en distintos textos de la historia de la educación de Puerto Rico, por ejemplo en el texto de Antonio Cuesta Mendoza del 1946 Historia de la Educación en el Puerto Rico Colonial, y en Lecturas Históricas de la Educación en Puerto Rico del 1943 de Gerardo Sellés Sola; hay también una página dedicada a ella en La Enciclopedia de grandes mujeres de Puerto Rico del 1975. Por otro lado, en los distintos textos dedicados a su hermano: el de Jack e Irene Delano: En busca del Maestro Rafael Cordero y en el libro Vida y obra del Maestro Cordero publicado en el 2010 por el Círculo Maestro Rafael Cordero aparecen diversos comentarios sobre Celestina y su escuela. Recientemente, en el 2015, Zulmarie Alverio Ramos publicó un texto titulado La Gran ausente: la maestra Celestina Cordero Molina. Sin embargo, pese a la presencia textual de Celestina desde la Actas del Cabildo hasta el día de hoy, sigue siendo una gran ausente como menciona Alverio Ramos en su texto. El escaso conocimiento que hay sobre ella se debe a la doble discriminación que sufrió y sufre Celestina por ser mujer y por ser negra. La cultura patriarcal ha determinado lo que se debe contar porque la historia que conocemos ha sido contada por los hombres. La historia de las mujeres es una historia de resistencia e invisibilidad. En esa invisibilidad se sigue manteniendo Celestina. A pesar de que fue ella la que gestionó los permisos de la escuela y la que consiguió el nombramiento oficial de maestra, siempre se la menciona brevemente, bajo la sombra de su hermano menor.

Celestina fue una pionera en la Educación en Puerto Rico, su gesta está documentada textualmente, pero injustamente ha pasado desapercibida en la historia oficial.

El maestro Rafael Cordero fue inmortalizado por el pincel del pintor puertorriqueño Francisco Oller en un cuadro muy hermoso de finales del siglo XIX, sin embargo, de Celestina no nos ha llegado ninguna imagen y quizás esa sea otra razón por la que ella es prácticamente desconocida en el Puerto Rico actual. A Rafael Cordero se le considera el padre de la Educación Pública en Puerto Rico y en el año 2013 se le declaró venerable, el primer paso a la beatificación. Sin querer menospreciar la dedicación y el empeño del Maestro Rafael, de la misma forma se debe considerar a Celestina como la madre de la educación, porque como he mencionado anteriormente ella fue la responsable de conseguir los permisos oficiales de la escuela que compartía con su hermano, además al ser ella tres años mayor que Rafael, seguramente contribuyó a que este aprendiera a leer y escribir, convirtiéndose así junto a su madre en las primeras maestras del maestro Rafael Cordero.

El caso de Celestina no es aislado, existen otras mujeres que vivieron a la sombra de sus hermanos famosos, y no fueron reconocidas como resultado de la cultura patriarcal en la que vivían, por ejemplo Fanny Mendelssohn que publicó algunas de sus composiciones con el nombre de su hermano o Marianne Mozart quien a pesar de poseer un talento similar al de su hermano menor tuvo que quedarse restringida al hogar y no se pudo desarrollar como él.

En la actualidad existen varias escuelas con el nombre de Rafael Cordero en Puerto Rico: una en San Juan, otra en Cataño y otra en Trujillo Alto, sin embargo, no existe ninguna dedicada a Celestina. Con el cierre actual de escuelas sé que no es el mejor momento para proponerlo, pero creo que sería justo y bien merecido que se pusiera a alguna escuela el nombre de Celestina Cordero para ayudar a que salga de la invisibilidad, que su nombre pase a formar parte de la memoria histórica colectiva como ha ocurrido con su hermano.

Celestina Cordero tuvo que vivir la discriminación de ser negra y además de ser mujer. No tuvo discípulas famosas como su hermano que hablaran de ella y nos dejaran sus testimonios porque la mayoría de las mujeres de esa época estaban relegadas al espacio doméstico. Terminó sus días enferma y bajo el cuidado de su hermano Rafael con el que al parecer tenía una gran afinidad. Uno de los discípulos del maestro Cordero menciona los gritos que profería Celestina al final de su vida y los cuidados que le procuraba su hermano. Quizás la enfermedad en la que se sumió está relacionada con la lucha que tuvo que vivir toda su vida insistiendo en que se la reconociera una profesión que llevaba haciendo con mucho amor por tanto tiempo.

Es hora ya que le demos a Celestina Cordero la visibilidad que lleva pidiendo desde el 1817. Celestina se dedicó toda su vida a la educación de las niñas y su labor no se ha reconocido con justicia, no tuvo modelos en los que mirarse y contra corriente tuvo la valentía y la determinación de seguir adelante y ejercer su labor de maestra. Es hora ya de que se le dé el lugar que se merece en la historia de la educación de Puerto Rico, de que aparezca en los libros de historia no bajo la sombra de su hermano sino por su propia gesta educativa: por lograr que las niñas de todas las razas tuvieran acceso a la educación en una época en la que apenas existían escuelas en Puerto Rico, por contribuir al acercamiento entre negras y blancas y abonar el camino quizás para la abolición de la esclavitud.