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El nuevo Puerto Rico viejo

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altLas ruinas de la implosión son el signo de esa nueva condición

de la isla, la de un fragmento desterrado de la órbita tercermundista,

y una vez semi-periferia, que hoy es parte del cuarto mundo,

un mundo desligado de las principales redes de la economía capitalista.

José Anazagasty Rodríguez

El desmantelamiento del Puerto Rico que hemos conocido hasta

hoy, está en movimiento y muy rápido.

Daniel Nina

Puerto rico, puerto pobre

Van y vienen los días cenicientos

Pablo Neruda

I

Cuando la realidad del neoliberalismo se le tira encima a una colonia como Puerto Rico, todo se viene abajo por partida doble: política y económicamente. Desde la creación del Estado Libre Asociado (1952) hasta que “el lento” (2016), demasiado lento, según Eduardo Lalo, exgobernador Alejandro García Padilla anunció, en el verano de 2015, que la deuda pública, marca neoliberal indeleble, no se podía pagar, Puerto Rico se creyó lo del pacto bilateral entre Estados Unidos y la isla. ¿Una relación democrática?

Ficción, pura ficción que el nuevo milenio ha dejado en harapos.

Desde el año 2000, rastreo que hace el sociólogo Emilio Pantojas García en Crónicas del colapso (2014), lo más concreto y sólido, como el valor de la propiedad, se desploma. Las casas empiezan a apestar a podrido; “todo el mundo” que se queda sin trabajo quiere vender e irse a los Estados Unidos. Casas convertidas en carcasas. A los buenos locales de antaño, localizados en zonas clave del comercio capitalino, vacíos, tatuados de grafitis y en ostensible deterioro, se los come la entropía de la desindustrialización, que nos llegó, como casi todo, de Usamérica.

En Crónicas del colapso, la Operación Manos a la Obra y el Estado Libre Asociado se desinflan.

La realidad se nos pudre encima. La modernidad colonial boricua, erosionada, horadada, se descubre desnuda y sola frente al espejo del neoliberalismo usamericano, cuya austeridad-privatización se impone tanto en el centro metropolitano de Reagan-Bush-Clinton-Bush-Trump, como en el margen colonial de una tardomodernidad peligrosa; como no se cansa de subrayar Chomsky, quien considera al Partido Republicano gringo, controlado por los neoconservadores a ultranza de las huestes de George W. Bush a Trump, un arma letal para la humanidad. Para el actual vicepresidente Pence, Dick Chenny constituye el modelo idóneo de la vicepresidencia. La guerra, dice Chris Hedges, es la gran adición narcótica que padece Estados Unidos.

De Bayamón/Guaynabo a Santurce; de los Filtros, por la Avenida Ramírez de Arellano en Torrimar y Garden Hills, hasta Santurce, el paisaje de casas a la venta y locales abandonados, el cual se intensifica a lo largo de la Avenida Ponce de León y la Fernández Juncos, ¿a quién le interesa hablar de Río Piedras?, estremece y agrede la visualidad del que nunca, en 58 años de vida y 38 de diáspora, había visto un cuadro tan precarizado como el que exhibe Puerto Rico en lo que va del Nuevo Milenio.

Mala leche.

La modernidad colonial fue una mentira; la burbuja de la ficción posmoderna y neoliberal explota. La isla revienta en la cara de todos. La realidad de Puerto Rico es la kruda pesadilla de una colonia en bancarrota, cuya deuda pública, impagable, se forzará a la isla a saldar a como dé lugar, brutalizando en el proceso tortuoso al pueblo, destruyendo lo público a quemarropa, a menos que no se dé una resistencia masiva; misma que se hace improbable en la medida en que, ante la crisis neoliberal que vive Puerto Rico, la isla se despuebla con la fácil migración a Usamérica. Hay más puertorriqueños en la diáspora que en la isla…

Nos hemos quedado solos; todo el mundo, hasta la República Dominicana, está mejor que nosotros, piensan algunos boricuas que no pueden creer en lo que se ha convertido el nuevo Puerto Rico viejo que ha regresado políticamente a las primeras décadas del siglo XX. Un Puerto Rico agredido por el neoliberalismo que acaba con la industria parasitaria de la isla, como resume José Anazagasty Rodríguez en su comentario a Crónicas del colapso:

En Puerto Rico los niveles de la pobreza y desigualdad socio-económica, el empobrecimiento y la movilidad hacia abajo de muchos en la clase media, y el hundimiento de aquellos que ya sufren una gran pobreza, y los altos niveles de desempleo, exacerbados como consecuencia de la crisis, son indicadores del progresivo ingreso, posiblemente sin regreso, de la Isla al cuarto mundo.

II

Con el colapso del Estado Libre Asociado se desdibuja su Constitución de 1952, clave de nuestra entrada a la modernidad colonial, la cual, según Carlos Gallisá, ¿hay otra persona en Puerto Rico que haya criticado más la constitución del ELA desde su quiebre ostensible en el verano de 2015?, se instituye como “farsa” de una ley inapelable que la colonia, por definición, no tiene: “… en la colonia no hay para una constitución de verdad como ley suprema” (2017).

Una porquería de mierda, dice Gallisá, nuestra constitución no representa el consenso de los puertorriqueños, sino el de los estadounidenses, que la endosaron después de enmendar la propuesta inicial redactada en Puerto Rico: “Se le impuso además al gobierno colonial que el documento aprobado en Puerto Rico antes de entrar en vigor tenía que contar con la aprobación del presidente de Estados Unidos y luego del Congreso.”

Subraya Gallisá: “El gobierno colonial como siempre obedeció a Washington.”

III

Por eso, las recientes pataletas del gobernador de turno, Ricardo Rosselló, perteneciente al ala neoliberal del partido asimilista (PNP) que, sin ser parte del Partido Republicano usamericano, se le acerca mucho (vean la grabación de la presentación de Rosselló en el Heritage Foundation en mayo de 2017); esas pataletas ante los dictámenes de la Junta de Control Fiscal, cuya presencia invalida la agencia política del gobernador, supeditado al supragobierno impuesto por el presidente Obama y mantenido bajo Trump, les parecen a muchos pataletas de un guión teatral de poca monta a la hora de “desobedecer” a Washington.

¿Realidad o ficción?

De colaboracionista a disidente, Rosselló se niega a acatar las medidas de la Junta de Control Fiscal que afectan la jornada de ocho horas de los trabajadores del gobierno, también se opone a apretar a los pensionados. Resistencia que, desde otro ángulo, le gana el apoyo de críticos como Francisco J. Concepción: “Así que cuando el gobernador Rosselló indicó que desobedecería la orden de la Junta de reducir la jornada laboral tiene todo mi apoyo y creo que el resto del pueblo debería asumir la misma posición.”

Desde el ala conservadora de los colonialistas (PPD), José A. Hernández Mayoral apuesta por la tesis que interpreta la disidencia de Rosselló como parte de un libreto teatral: “Si al final del día no se da la reducción de la jornada laboral, no será porque el gobernador Rosselló y la legislatura [Rivera Schatz] se le cuadraron a la Junta. Esa es la apariencia que quieren dar. Si la evitan es porque hicieron lo que la Junta les requirió para cumplir con las condiciones que acordaron” (2017).

Como si fuera un líder de la oposición derechista de Venezuela, Rosselló, el colaboracionista, está dispuesto, ahora como disidente del poder federal, a terminar en la cárcel.

IV

Cenizas. Mientras el hacha de Rosselló va y viene, los activistas de Peñuelas resisten la toxicidad de “los días cenicientos” de Neruda. ¿Habla la organización federal, EPA, de unas cenizas de carbón que no contaminan?

Viernes, 18 de agosto. De Isla Verde a Peñuelas. Al salir de la carretera número 2, frente a la entrada al pueblo, los activistas acampan a media mañana bajo una sombra de árboles que parece circular; descansan, comen y planean para la madrugada, ¿de una a cinco de la mañana?, cuando, aprovechando que el pueblo duerme, empiezan a llegar los camiones con las cenizas tóxicas que ellos Tallaboa repudian.

Veneno que los activistas no van a aceptar se siga tirando en el vertedero de Peñuelas, aseguraba Jimmy Borrero, líder de la resistencia. Lucha que Peñuelas hace desde abajo. A pelo y a pie. Entre los disidentes, el cuentista, Silvio Rodríguez (¡qué nombre!), muestra su libro otra lucha, contra la antigua petrolera Corco, Cuentos de la refinería (1979), un claro antecedente a la resistencia actual, contra Applied Energy Systems (AES), compañía que quema el carbón en Guayama y lo deposita en Peñuelas.

Borrero le pone los puntos a las íes. Por las noches, dice, se enfrentan a pedradas con los camioneros y la policía que los escolta, misma que a ellos los hostiga. Hacen, afirma, lo que tienen que hacer para que la historia no diga que se dejaron enfermar y matar por una compañía y un gobierno, el de Rosselló, que los atropella a quemarropa. Hacen, me digo, lo que, en un artículo reciente, “La de-presión en Puerto Rico,” plantea Eduardo Lalo que no hacen los gobernantes coloniales del país: “Mientras tanto el tiempo pasa y nada pasa que no sea lo que otro decide y hace por nosotros” (2017).

Después de más de dos horas de compartir con los hacedores de la democracia peñolana, regreso a San Juan pensando en la aporía que apunta Félix I Aponte Ortiz:

Las actuaciones [violentas] de la policía correspondían y fueron validadas por la Ley 40 del 4 de julio de 2007 que, irónicamente titularon ‘Ley para Prohibir el Depósito y la Disposición de Cenizas de Carbón o Residuos de Combustión de Carbón en Puerto Rico’. Notable contradicción la que resultó del uso desmesurado de la fuerza policíaca para viabilizar el depósito de cenizas tóxicas reclamando que hacen cumplir la Ley 40 que, supuestamente, se promovió en el proceso legislativo como una iniciativa para impedir esa práctica.

V

De regreso, vuelvo a una entrada vieja en la página web de la historiadora Ivonne Acosta, Sin Mordazas, que titula “’Puerto rico, puerto pobre, poema de Pablo Neruda” (2011), la cual empieza de una manera frontal: “Somos un país lleno de contradicciones, empezando por el nombre de Puerto Rico para un lugar que nunca lo fue.”

Pero no solo empieza echando chispas, también termina con una pregunta feroz: “¿Sabremos votar para botar a todos los mafiosos que controlan y nos roban el país?”

Profético, en el poema “Puerto rico, puerto pobre” Neruda habla de Puerto Rico en términos más actuales hoy que en 1960, cuando se publicó el libro, Canción de gesta, donde fue publicado el poema que habla de Puerto Rico así: “Y allí sigue allí está la encarcelada / isla rodeada por el sufrimiento.”

Tan molesto estaba Neruda con el Estado Libre Asociado de 1952, que le llamó a su creador Luis Muñoz Gusano.