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Los children of the corn

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Les llamo "children of the corn", son rubios, atléticos, están vestidos de soldaditos y vienen a salvarnos. Están ocupando cuanto hotel hay en San Juan. En las noches se embriagan para olvidar el gran sufrimiento que experimentan en la isla (esto obviamente es un sarcasmo irreverente). Esos niños que han venido a salvarnos obviamente van a cobrar sus salarios, van a pasar las vacaciones salvando indígenas en alguna parte de México, por qué estoy seguro de que para algunos de ellos cuando cuenten la historia a sus nietos Puerto Rico será México y María será un huracán categoría ocho y luego regresarán a su normalidad. Mientras los niñitos jugando a la guerra tratan de salvarnos nuestros medios de comunicación siguen silenciosos repitiendo como el papagayo que nos vamos a levantar.

La salvación que nos traen los militares es igual que la que llevaron a Irak y Afganistán. Para saber cuál será el resultado sólo tenemos que ver a esos países. La intervención militar, diseñada para abrir el paso al proyecto neoliberal, tiene como objetivo controlar a la población y mantener los niveles de ansiedad altos de tal manera que la población no se oponga a ninguna medida propuesta como una "solución". Así los helicópteros sobrevolando las diferentes zonas del país nos recuerdan los operativos policiales bajo el anterior rossellato dónde la intervención en caseríos y barriadas era la forma de anunciar la perpetuación del miedo como instrumento de gobierno. De vez en cuando un "convoy" de vehículos militares camino a nadie sabe dónde o llegando de sabrá Dios qué sitio, nos fortalecen la impresión de que estamos bajo una ocupación militar. Ver a esos militares custodiando con armas largas, por el área del arsenal de la Puntilla, generadoras eléctricas con sus vestimentas militares y armas de largo alcance es una experiencia surreal. Es como cuando trajeron un barco hospital al puerto de San Juan y luego cerraron las calles de acceso al mismo para luego quejarse de que sólo dieciséis personas fueron atendidas. Los militares traen la salvación en forma de miedo, tensión e inseguridad.

Mientras que los "children of the corn" juegan a la guerra el sector privado en la isla colabora con el miedo y la inestabilidad. Los bancos no abren sus sucursales en sectores lejanos del área metropolitana, los supermercados limitan sus horarios como si todavía hubiere un toque de queda, las filas en las gasolineras del área metropolitana han disminuido pero no en el resto del país. Todo esto aumenta la tensión. Se acaba el efectivo, y ahora nadie acepta otro medio de pago a pesar de que la ley dice que tienen que hacerlo, la excusa es que no hay otros medios accesibles, cosa que no es cierta porque antes se pagaba con tarjetas de crédito por medios que no eran electrónicos. El sector privado está colaborando con el proyecto de miedo e inestabilidad y está siendo efectivo.

La consecuencia es la salida rápida y desesperada de la población. Estamos experimentando el aumento de emigración más significativo en toda nuestra historia, y esto no parece que vaya a detenerse. Miembros de la diáspora parece que creen que ofrecer a los estudiantes que se vayan de la isla es una buena forma de ayudar, otros piensan que no hay alternativas. A esos los entiendo, tal vez salir en muchos casos es lo único que pueden hacer. Hace años que nos mataron la esperanza, hace años que no hay un proyecto y no hay futuro. Claro, si eres un optimista al estilo de Paulo Cohelo probablemente veas futuro en un lema o un poco de propaganda pero para la mayoría de la población la realidad es que no queda mucha esperanza. Entonces, ante el reconocimiento de que esto colapsó y que no hay alternativas muchos pobres, trabajadores y personas en necesidad tienen que irse, realmente son desplazados. Sin querer responsabilizar a esas personas por las consecuencias de esa decisión la realidad es que el desdoblamiento del país es definitivamente la muerte de lo que nos quedaba.

Los soldaditos siguen jugando a la guerra. Nuestros políticos siguen ejerciendo el poder de la rodilla, que en el proyecto imperial neoliberal significa que están suplicando por más ayuda. La gente está comprando sus pasajes para el sueño de Disney y los demás nos quedamos tratando, trabajando y en la brega a ver si algo se puede salvar.