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“El archivo de la memoria” de Eduardo Villanueva Muñoz

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altBuenas tardes amigas y amigos…. Bienvenidos todos y todas – otra vez – a este espacio mágico de encuentros y convivios que es nuestro candil….

No conocía a Eduardo Villanueva Muñoz, “Tuto”, como le llaman quienes reciben y devuelven su amistad…. como espero que ocurra conmigo a partir de ahora….Sabía quién era; tenemos, incluso, queridísimas amistades en común… Como cuestión de hecho, por intermedio de uno de ellos, Rafa Rodríguez, estoy aquí; pero no le conocía… Y aclaro que no digo que aún no le conozco porque haber recibido su invitación a transitar por el archivo de su memoria, me posibilita comenzar a subsanar el no habernos compartido antes. Poder leer su “carta en el camino” a la manera de Neruda, a quien Villanueva cita al final de su Introducción (p. 28), mientras recorro las dos vidas que el propio autor menciona – la suya y la de su país, que es el nuestro, devino excelente presentación de la persona que encarna Tuto Villanueva.

Soy maestra de Psicología… comparto saberes míos y de otros – que generalmente elaboro a través de lecturas, encuentros – incluso desencuentros – e investigaciones, formales e informales con otros y con sus saberes. En tanto maestra, enseño y aprendo – NO es posible lo uno sin lo otro. Mis espacios y modos y contenidos para amasar y compartir saberes son múltiples, diversos, a veces extraños…públicos y privados, con otros y en soledad, formales e informales, en silencio y a viva voz.

El quehacer humano todo - sus pensares, sentires, acciones, su historia, literatura, política, religión, arte, dolores y gozos, lágrimas y risas – me apasiona…. Me gusta la gente… Desde ahí, obviamente, me acerqué a este libro… y al considerar cómo y qué compartir con uds. de su lectura, decidí aprovechar esa diversidad que ha caracterizado mi relación con el saber.

Esta tarde, echando mano del amor por la historia y la vida toda de este país que entiendo compartimos con Eduardo, les contaré porqué creo que Tuto, atribución que me tomo llamándole así, al iniciar el camino de la amistad, escribió un libro que deviene acercamiento historiográfico a lo Foucault (1983, 1992, 1996, 2003) un ejercicio enteramente político y totalmente historiador. Recuento en el que los protagonistas son generalmente marginados sociales, por subversivos (Márquez Estrada, 2019),y, a la vez, documenta e ilustra con sus actos de vida, la cualidad mágica que es la memoria humana en sus dimensiones y funciones esenciales.

El acercamiento de Eduardo Villanueva a la historia de Puerto Rico supone interpretar acontecimientos puntuales de nuestro devenir como país, como pueblo, entendidos en el contexto de una multiplicidad de duraciones que se entremezclan y se envuelven unas en otras… En la primera conferencia, “La nación que resiste al genocidio” (p. 9), por ejemplo, desenmascara y visibiliza, como ocurre a través de todo el registro de sus comparecencias, conferencias y artículos, los puntos de ruptura de nuestro ser y estar puertorriqueño, en las múltiples capas de discursos, estrategias de poder y focos de resistencia.

Su primordial objetivo, como para Foucault (1983), citado en Márquez Estrada, (2013), (…) es hacer de la historia una contramemoria y hacer desplegar por consiguiente otra forma de tiempo.(…) Una historia sin el peso de gravedad de la causalidad, pero con el rigor de una "desmultiplicación causal", una historia de los bordes. (p.1)

Por otra parte, El archivo de la memoria, desde su título, nos confronta con la posibilidad de una doble y compleja, por contradictoria, lectura de la memoria. La memoria humana no es una entidad única, indivisible. Es una red compleja de sistemas que interactúan para adquirir, codificar, almacenar y recuperar conocimientos, habilidades, experiencias. La memoria nos permite dar sentido al mundo que nos rodea, recordar vivencias, planificar el futuro y llevar a cabo todas las tareas que, día a día, dan sentido a nuestra vida.

Sin memoria no seremos capaces de percibir, de aprender, de pensar, vamos… Tampoco experimentaríamos sentido de identidad, ni personal ni social… Sin recuerdos sería imposible saber quiénes somos, y la vida no tendría sentido.

Eduardo Villanueva Muñoz lo sabe, cuando expresa… “Dicen que la memoria actúa sobre la historia personal…” (p. 21), al comienzo de la Introducción, para luego afirmar, citando a Shakespeare, que la memoria es el guardián de la mente, que… (…) se radica en el presente para mirar con una cara al pasado y la otra al porvenir” (p.21)

Y es así, pero la memoria – decíamos – es todo un sistema complejo de procesos que suponen codificar, para almacenar, para recordar… El texto que presentamos ilustra cada proceso. Veamos…

Codificar requiere transformar, convertir elementos percibidos [sensaciones, imágenes, vivencias todas] en elementos reconocibles, organizados en “paquetes”, en códigos verbales [palabras, números, letras], visuales [imágenes, incluso auditivas, trazos] que podemos manipular. Eso, precisamente, hace Villanueva Muñoz en el texto que nos ocupa. Codifica los elementos esenciales que han conformado su vida, clasificándolos en conferencias, comparecencias y artículos, a través de los cuales garantiza su almacenaje, su archivo… y lo hace magistralmente…..

Noten cómo comienza la comparecencia intitulada La sosegada perseverancia en la lucha internacional (p. 171)…. “Buenos días, señor Presidente….) y en “De la contemplación a la acción” (p.180) ¡casi escuchamos su voz, al leer lo que ha escrito!…

Pero, además, codifica al organizar los documentos en artículos a través de los cuales preserva para quien lee personajes e instancias de nuestra historia que desde su quehacer han manifestado a los cuatro vientos que somos un pueblo, una nación que se niega a desaparecer….

Tal codificación facilita, como efectivamente lo hizo para el autor, alcanzar el segundo peldaño necesario para el recuerdo, para hacer efectivo “prohibido olvidar”. Al codificar su memoria, Villanueva logra archivarla, y, nos regala, nos comparte su archivo.

El segundo proceso, almacenamiento, deviene acción que previene y hace posible el recuerdo…. Guardar la memoria, “protegerla”, es condición necesaria para su recuperación. Por ello, dice el autor que el archivo de su memoria… “(…) está lleno de recuerdos, de procesos en los que me he involucrado para lograr la culminación de …(…) porqué vivir y cómo” (p. 28)”

Cada capítulo almacena, recontando, luchas, gozos, amores y dolores que emanan de y retornan a su centro y sentido de vida – la lucha patria. Y ese almacén contiene, como instrumentos de lucha y resistencia un conjunto vivo de documentos, preñado de vivencias, eventos y personas que nos han sucedido a todos y todas….para recuperarlos…. como armas para sobrevivir.

Codificar y almacenar, decía, devienen condiciones necesarias para la recuperación…. Para recomponer la “memoria rota”… Archivar para recuperar supone reactualizar lo almacenado, supone (volver a…) traer a nuestra conciencia aquello que guardamos…. para no olvidarlo.

En este punto entiendo necesario reconocer la aportación de Eduardo Villanueva Muñoz a la tradición de rescate de nuestra memoria histórica que ha caracterizado de forma importante la lucha por la descolonización de Puerto Rico. Al archivar su memoria, el autor confronta la memoria rota de nuestra historia haciendo posible su recomposición….coser y descoser pedazos de lo que ha sido para componer un presente que no ahogue el futuro… para que podamos, todos y todas, usando sus memorias y las nuestras por aquéllas recuperadas retomar las huellas de las nuestras…. las de todos y todas… para darnos como país (otra) oportunidad de ser y estar.

En el 1993, el puertorriqueño Arcadio Díaz Quiñones escribía su colección de ensayos ‘La memoria rota’ en un intento de recuperar pedazos dispersos de los, entonces últimos 40 años del siglo XX de nuestra historia como pueblo.

Hoy, 26 años después, el licenciado Eduardo Villanueva Muñoz retoma esa antorcha para continuar afirmando que estamos y somos un país. ¡Gracias, Eduardo!

Bibliografía

Foucault, Michel. El discurso del poder. Buenos Aires: Folios Ediciones, 1992.

Foucault, Michel. La arqueología del saber. Madrid: Siglo XXI, 2006.

Foucault, Michel. Las palabras y las cosas. Madrid: Siglo XXI, 1999.

Foucault, Michel. La verdad y las formas jurídicas. Barcelona: Gedisa, 2005.

Foucault Michel, "Nietzsche, la genealogía, la historia.", Sociología 5, UNAULA, (Diciembre de 1983), 5-23.

Restrepo Arango Antonio, Pensar la historia, (Medellín: Ediciones Stendhal, 2000), 162.

Márquez Estrada, José Wilson. Michel Foucault y la Contra-Historia. Historia y memoria. Enero-junio, 2014. Tunja, Colombia, 211-243.

Recuperado en 10/12/2019 de https://revistas.uptc.edu.co/revistas/index.php/historia_memoria/article/view/4445/6054