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Juan de los Muertos – o los disidentes se hacen zombis

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(Alejandro Brugues, España/Cuba, 2011)

La última mirada española sobre Cuba, es una apuesta retadora a nuestro mejor sentido de la dignidad humana. En algo falla esta película de la cual no se puede decir menos: es soberanamente ocurrente. Una cosa es pensar en George Romero (The Night of the living dead, USA, 1968), icono del cine americano de la temática de los zombis. Pero pensar que el género se extiende a Cuba, donde ya habíamos tenido vampiros (Vampiros en la Habana, Dir. Juan Padrón, Cuba, 1985) es un cambio de paradigma. El cine de terror a ritmo de songo y la ironía sórdida de los cubanos.

La película se desarrolla muy sencillamente: un día llegaron los zombis a Cuba y Juan (Alexis Díaz de Villegas) convence a su mejor amigo Lázaro (Jorge Molina) que ante la difícil situación, tienen una oportunidad: sacarle un peso al asunto. En fin, “Juan de los Muertos, cuidamos sus muertos” se convierte en el estribillo de este junte de amigos e hijos (Andrea Duro – Camila; Andros Perugorría – California), para cazar a los muertos y darles sepultura revolucionaria. Digo esto, pues la película enfatiza mucho, luego de que los personajes han hecho un estudio exhaustivo del comportamiento de los zombis, que estos se dividen en dos categorías: los rápidos y los lentos. Pero ambos grupos mueren igual: usted le aplica un golpe certero con una pala, remo, machete o martillo en el cráneo, y le destruye el celebro. Así, y sólo así, mueren los zombis en la película.

 

Uno desearía pensar que se trata meramente de cine de entretenimiento. Pero siendo esta película la última mirada de España sobre Cuba, para qué ser ingenuo. El entre líneas es que los disidentes se han dormido, y ya no tienen la capacidad de resistir al sistema y se han muerto. Sólo los vivos (en el sentido figurado del término) quedan y estos, como en los pasados 50 años de la revolución cubana, solo se salvan si se van para Miami. Desde esta mirada el filme es un subterfugio [otro más] para hablar de forma problemática y poco esperanzadora de la vida cotidiana en Cuba.

Pero la película, como toda película, tiene su propia duda. Al final, se puede analizar, como buen cubano, lo malo y lo bueno se une y como el destino de vida termina siendo Cuba.

Hay que ver a Juan de los Muertos, a pesar que en los últimos 30 minutos el director Brugues no supo que hacer con el guión y continuó matando muertos.