Flight

La última película del realizador Robert Zemeckis, llamada en inglés Flight (USA, 2012), es literalmente hablando, un soberano viaje. Es, en cuanto a todos los indicadores se refiere, una película monumental.

La historia gira en torno a las últimas horas en la vida personal de Whip Whitaker (Denzel Washington), quien durmiendo en un hotel e la Florida, se quedó con la sobrecargo Trina Márquez (Nadine Velázquez). Allí tuvieron relaciones sexuales, bebieron alcohol, e ingirieron cocaína. Luego ambos se dirigieron a su trabajo: en el caso de él pilotear un jet con destino a la ciudad de Georgia; ella era la sobrecargo de este vuelo. No sólo el despegue fue lleno de tropiezos, sino que eventualmente tuvieron problemas con el aterrizaje, lo cual lo forzó a conducir la nave de formas ¨atrevidas y riesgosas¨. Pero finalmente aterrizaron y la pérdida humana fue mínima.

Luego viene la investigación de la agencia federal a cargo, y la compañía aérea en contubernio con el sindicato de pilotos, llegaron a un entendido para responsabilizar al manufacturero de la nave. Todo iba bien, en la lógica del abogado de chicago (Don Cheadle), salvo un pequeño detalle: que Whip Whitaker era un adicto al alcohol, y esto lo lleva a su propia debacle, que es a fin de cuentas su salvación en la película.

La película sería otra más si no se enfrenta la misma a un asunto monumental: ¿es ilegal consumir drogas, o es inmoral mentir? Esto es un tema fascinante pues la película adelanta lo que ya otras recientes vienen planteando: que la legalización de las drogas para consumo personal recreativo, no debería ser ilegal. A fin de cuentas el sobrio, el abstemio, el que dice no a las drogas, miente o no miente igual que el que abusa de las sustancias controladas, o el que bebe alcohol, o el que tiene una adicción sin control al sexo. Algo así ya había planteado hace unos meses Oliver Stone en su más reciente producción, Savages (USA, 2012).

De mi parte, reconociendo lo extraordinario de todas las actuaciones, un libreto muy bien escrito con los adecuados balances (John Gatins) pienso que esta película hay que verla para debatir. Ni ético ni ilegal, en todo caso inmoral es el mensaje al final de la película. Véanla, altamente recomendada.