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"¿Amordazados?": Puerto Rico en los 50's y hoy

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Reseña crítica de la obra teatral "¿Amordazados?" de la Dra. Jessica Gaspar y su repercusión en el Puerto Rico de hoy.

Tras haber disfrutado de la obra "¿Amordazados?", no queda mucho que añadir tanto al talento actoral como al argumento y significado histórico de la misma. Fue una experiencia enriquecedora para toda audiencia, pues pienso que engrandeció el amor patrio y además permitió conocer más la realidad político-social de Puerto Rico durante los años 50 hasta nuestro tiempo habitual de una manera real, sin tapujos; sin censura. La obra dirigida por la Dra. Jessica Gaspar fue definitivamente ejecutada magistralmente ya que cuando se habla de la historia a una audiencia mayormente joven (universitarios) el interés se desploma, pero cabe destacar que el grupo de actores como la directora se encargaron de hacerlo jovial y merecedor de toda la atención de los que en la sala teatral se encontraban. Puesto a que muchas veces la historia se relata subjetivamente la audiencia tiende a confundirse y perder el interés en ella, y claramente, la historia se debe contar como lo que es, historia y el objetivismo es esencial para llevar a la audiencia a pensar y analizar el trasfondo con el fin de que puedan asumir sus propias posturas y llegar a sus propias conclusiones.

La trama de esta obra gira en torno a la Ley 53, bautizada como la Ley de Mordaza. El 21 de mayo de 1948 la Asamblea Legislativa aprobó en sesión tres proyectos de ley encaminados a castigar a todo aquel que retara, desobedeciera o tentara contra el Gobierno de la Isla. Poco menos de un mes más tarde, se hace ley el proyecto, el 10 de junio, que declaraba: “delito grave el fomentar, abogar, aconsejar o predicar, voluntariamente o a sabiendas, la necesidad, deseabilidad o conveniencia de derrocar, destruir o paralizar el Gobierno Insular por medio de la fuerza o la violencia”. Todo aquel que irrumpiera contra esta ley podría enfrentar 10 años de cárcel o multas de hasta $10,000.00. Esta ley fue más tarde bautizada como Ley de Mordaza por el Representante Leopoldo Figueroa quien consideraba esta ley “una burda copia de la Ley Smith norteamericana y forma parte de la legislación represiva y tentadora de la libertad de expresión y una violación a los derechos civiles”(Fuente: LexJuris, Ley y Orden de Puerto Rico).

Tan pronto se firmó la ley bajo el Gobierno de Jesús T. Piñero, comenzó una década de represión política. Con esta ley, el Gobernador podía hacer y deshacer sin pensar en la oposición, pues podía contrarrestarla fácilmente, utilizando el escudo de la mordaza, especialmente dirigido a los independentistas y nacionalistas. En las elecciones generales de 1948 se elige a Luis Muñoz Marín como el primer Gobernador electo por los puertorriqueños y el 2 de enero de 1949 asume su posición al juramentar como tal. Sin embargo no todo es celebración sino descontento y angustia pues factores como la represión legalizada, la inestabilidad del estatus colonial y el cambio de gobierno llevaron a la gente a la rebelión. El 30 de octubre de 1950, tras la llegada del líder Pedro Albizu Campos, los nacionalistas organizaron un plan en contra del Gobierno, originado en Jayuya, y que los llevaría a la independencia, a la revolución. Estos coordinaron ataques contra la Fortaleza, con la intención de matar al Gobernador, contra la Casa Blair, donde se hospedaba el Presidente Harry Truman y contra el Capitolio. Como resultado de estos ataques se dan los primeros arrestos por la Ley de Mordaza, y el principal arrestado fue Pedro Albizu Campos y detrás de él muchos más.

La ley fue desarticulada años más tarde, pero parece ser el fantasma que merodea nuestra realidad, y es precisamente eso lo que presentó la obra de Café Teatro. Fueron navegando el pasado hasta llegar al puerto del presente, y contrastando nuestra realidad actual con la realidad pasada, los resultados no parecen ser tan distintos a pesar de haber sido 'desarticulada' la Ley 53. Cada escena de la obra encaminaba hacia una sola vertiente, la censura y esta desembocaba en la verdad sin censura. Eso es principalmente lo que trataba de lograr el Partido Nacionalista con su líder don Pedro Albizu Campos: defender al pueblo de un gobierno que cohibía a su gente de la verdad, la igualdad y de la libre expresión.

Los 12 actos que componen el drama van enlazados y llevan a la audiencia a ser partícipes de la acción, simplemente transporta a través del tiempo a todo aquel que esté en la sala. En estos actos se presentan escenas con personajes que sufrieron el embate de esos tiempos y de personajes marginados por la mordaza de nuestro tiempo a través de los medios noticiosos y hasta la educación. Y para fortalecer la trama y los relatos de los personajes, se presentan monólogos, recursos audiovisuales que mezclan los años 50 con nuestro tiempo y hasta música de bomba y plena, y La Borinqueña Descafeinada como gran clausura.

Esta magna ejecución captó la atención de todos cuando se presentó un video breve de la periodista Gloria Soltero despidiéndose del público puertorriqueño en el Noticero 'TuTV Informa' en el año 2009, que evidencia la mordaza, la censura de este Gobierno saliente, privando a su pueblo de la información. Que como bien dijo el periodista Aníbal González Irizarry: "Un pueblo sin prensa, es un pueblo esclavo". Y este es para la mayoría el más impactante relato que encaja a la perfección con nuestra realidad. Se nos priva muchas veces de expresarnos y en otras ocasiones se nos priva del conocer y el aprender.

Pero a lo que quiero llegar es: "¿Será esta ley sombra o un pasado en el Puerto Rico de hoy?" Esa es la pregunta... Como pueblo hemos visto suficiente en los pasados cuatro años, y siempre queda ese desacierto de lo que lo nuevo nos traerá. ¿Acaso por nuestras inhibiciones políticas? La obra fue parte del Café Teatro en la UPR Cayey hace ya un año, pero todavía digo que ha calado hondo en mí, como seguramente en las cientos de personas que pudieron disfrutarla. Lo traigo a colación porque me parece necesario mantener una visión objetiva y plenamente despierta para un constante desarrollo que lleve a la población a pensar y a nunca inhibirse en conocimiento, ni verdad, pues solo así se puede tener un balance frente a los mandatarios de turno y fungir como entes fiscales del bien común y la libertad de expresión, como las bases que sientan una "verdadera democracia".