Mié11222017

Last update01:10:57 PM

  • ja-news-1
  • ja-news-3

Antes que cante el Gallo, ¿nos despertamos?

  • PDF

altHay combinados creativos que van dejando una huella. Y realmente hablando, hay que prestarle atención continuamente al trabajo que dichos combinados realizan. De esto trata la relación creativa entre la actriz y guionista Kisha Tikina Burgos y el director de cine y creativo Arí Maniel Cruz. Vinculados en el arte y en el amor, esta pareja de emergentes, aunque ya establecidos creativos de la cinematografía boricua, nos presentan ahora su apuesta fílmica más compleja: Antes que cante el gallo (Dir. Arí Maniel Cruz, Puerto Rico, 2016; guion Kisha Tikina Burgos).

Esta pareja de creativos, ya nos había deleitado con su opera prima Under my nails (Dir. Arí Maniel Cruz, EE.UU., 2002). En aquel trabajo, y bajo una actuación magistral de Kisha Tikina Burgos, se desarrolla un drama de violencia doméstica unido a un psicópata, que nos dejó a más de uno pegados al asiento en la sala de cine. Fue un filme extraordinario.

Ahora nos presentan su nuevo trabajo, y para los prejuiciados a favor de ellos, Antes que cante el gallo, debe evocar mejor calidad en todos los renglones en comparación a su trabajo previo. Dicho lo anterior, y distinto a Under my nails, en el nuevo filme, el guion se adentra en asuntos más complejos de la imaginería boricua, lo cual provoca una mirada mucho más crítica y cercana a dicho trabajo.

Ver Antes que cante el gallo, nos lleva al mundo de la tierra adentro, al pueblo de Barranquitas, que más que nada, es la cuna de los ideólogos de la nación-boricua moderna. Es decir, en Barranquitas nacen los ideólogos y fundadores del país nuevo del Siglo XX, Luis Muñoz Rivera y Luis Muñoz Marín. En esta medida, la selección del pueblo, para los locales, y en el análisis simbólico y semiótico más sencillito, nos hace vincular la tierra-campo-con la patria.

Es por esto que la película, y el tema del maltrato, la masculinidad, y la identidad nacional, aunque muy bien trabajados por Kisha Tikina Burgos, son temas comunes a los cuales de vez en cuando y de cuando en vez, volvemos. Burgos, nos trae nuevamente a estos temas, harto complejos, y nos remonta al trabajo histórico-literario de Rubén Nazario El paisaje y el poder: la tierra en el tiempo de Luis Muñoz Marín (2014); el cine educativo de Puerto Rico de las décadas de 1950 y 1960 de la DIVEDCO; y el sobre el tema de violencia doméstica, que origina en Vieques, América (Dir. Sonia Fritz, Puerto Rico, 2011).

En otras palabras, Antes que cante un Gallo, versa sobre un tema muy trillado en Puerto Rico, trillado por repetitivo, sobre el maltrato, la masculinidad y la identidad nacional, pese a que Burgos deseó, por las razones personales que fueran, volver a caminarlo. Nos preguntamos, ¿al volver a un lugar común, la película, lo hizo de forma sobresaliente o magistral, o no lo hizo?

Nos parece que Antes que cante el gallo, integra el mejor trabajo artístico que se ha hecho a nivel local en producción alguna en Puerto Rico. Las actuaciones de los personajes centrales, entre otros la joven artista y protagonista Miranda Purcell, la abuela, en una extraordinaria actuación de Cordelia González; y el padre, José Eugenio Hernández, son todas de un nivel magistral. Estos actores y actrices, junto a el elenco que se utilizó en este filme, hacen del mismo uno muy memorable.

De igual forma, la estética del filme, es lindísima. El campo boricua, a veces en tono de sepia y a veces con filtros para distorsionar la luz natural, reflejan una bondad/perversidad extraordinaria.

Ahora bien, donde la película tuvo limitaciones fue en la historia en sí. Es decir, el guion intentó cubrir demasiados temas, ya trillados y en parte superados, que provocan una reacción en contrario por parte del espectador. En particular, porque los tiempos de la Llamarada de Enrique Laguerre (fecha de publicación 1935), ya han sido superados, distorsionados y sobre todo problematizados desde otras miradas más complejas.

Dicho lo anterior, Antes que cante el gallo, será una de las películas más memorables de la nueva generación de cineastas boricuas, donde Arí Maniel Cruz y Kisha Tikina Burgos, desde hace más de una década (Under my nails, 2002), ya tienen un asiento “en palco”. A ella y a él, como a todos los que participaron en la producción del filme, les deseamos mucho éxito. Se lo merecen. Hay que verla, sin condiciones. Integra.