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Baby Driver o promover la nostalgia dulce mientras te asesinan

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altEl último thriller y filme de acción en cartelera, el que más ha pegado en el Caribe de Puerto Rico se llama Baby Driver (Dir. Edgar Wright, EE.UU., 2017). En la misma, con un reparto de primera, y bajo una coproducción de la casa británica Working Title Films y Tristar, se nos presenta un film noir (de delincuentes, sin policías) que nos retorna al cine alternativo de la década de 1970 que hiciera famoso, precisamente a uno de los personajes de la película, Doc (Kevin Spacey).

Baby Driver tiene algo de The usual suspects (Dir. Bryan Singer, EE.UU., 1995) película que no sólo hizo famoso a Spacey, sino que le dio uno de sus primeros roles de reparto significativo al boricua Benicio del Toro. Pero también tiene algo de L.A. confidential (Dir. Curtis Hanson, EE.UU., 1997), en la cual se repiten algunos actores de la película de Singer (entre otros Kevin Spacey), pero también nos introduce a Russell Crowe (en el rol de Bud). En fin, que se trata, todas estas películas incluyendo Baby Driver, de un cine sórdido, donde el mal coqueta con hacer el bien, pero al hacerlo siempre terminamos en la moral de la ética buena y mala. En fin, que los malos siempre son malos, y los buenos andan por el limbo.

En Baby Driver, será porque Ringo Starr, otrora miembro de los Beatles, fue el fundador de la casa productora Working Title Films, pero se trata de una película que introduce por vía de la música un elemento bonito y tierno. Como diría uno de los maestros de la animación en Puerto Rico, Camilo Delgado, “recordar es vivir”. Ese rol cumple la música en la película, que como en Sideways (Dir. Alexander Payne, EE.UU., 2004) y su homenaje al vino de California, en Baby Driver se le rinde un homenaje a la música pop de los EE.UU. desde Elvis Presley, hasta el presente.

En fin, Baby (Ansel Elgort) es un joven minusválido (tinitos) con algún déficit de atención inventado por la película, que se concentra por vía de la música para ejecutar sus mejores destrezas: ser el conductor de carros delincuenciales luego de cometer un delito (en inglés un run away vehicle). Entonces, su jefe, Doc (Spacey) es como todos los jefes de la delincuencia, un sofisticado hombre de negocios pero inescrupuloso en el trato humano. El resto es Hollywood con un reparto extraordinario que incluye a Jamie Foxx (Bats) en un rol poco usual en su ejercicio de actuación – un sicario de sangre fría.

Esta película vale la pena verla, pues tiene un toque fílmico que no es de Hollywood, el cual la hace interesante. Por otro lado, el manejo de la historia musical del género pop y rock de los EE.UU. es interesante. Pero también por el manejo correcto de las relaciones raciales en su formato tierno.

Si a usted le gusta la violencia del género thriller/acción, vaya a verla. Pero no por los muertos, ¡Jesús, no! La va a ver por la música. Suerte.