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War for the planet of the Apes o una apuesta a la involución

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altLa última mega-película de verano, puesta en cartelera hoy, es War for the planet of the Apes (Dir. Matt Reeves, EE.UU., 2017). En la misma, bajo un planteamiento recurrente desde la década de 1970, nos planteamos si luego de haber evolucionado a lo humano, del simio, podemos retroceder y para privilegiar al mono. Es un planteamiento recurrente, por más de 40 años, el cual es nuevamente retomado en este filme, y nos deja de forma perpleja, en el retorno “al país natal” – el planeta de los simios.

En la película Caeser (Andy Serkis), el legendario simio de varias series anteriores, dirige a su tropa de monos, en un bosque, donde los humanos intentan destruirlos. Choque de civilizaciones, pero más que nada de inteligencias múltiples. Allí, en el primer combate, Caeser decide darles vida a cuatro soldados sobrevivientes, entre ellos Preacher (Gabriel Chavarría) para demostrar lo sensible que son los simios, pero el intento es fallido. Los humanos regresan con más violencia y destrucción.

En el largo devenir de la lucha por la sobrevivencia, entre eslabones diferenciados en la teoría de la evolución y la sobrevivencia de las especies de Charles Darwin, Caeser ya capturado por los soldados blancos dirigidos por el Coronel (Woody Harrelson), sostienen un profundo diálogo en torno a la buena paternidad. En ese diálogo, Caesar/Harrelson explica porque él ya no es parte del ejercito libertado de los EE.UU., sino de su propio destino, mientras Caesar llora qué en la cruzada dirigida por el otro, su familia fue aniquilada. A fin de cuentas, y como nos recuerda el Coronel, se trata “de una guerra santa” entre el mundo civilizado/cristiano/católico, y el mundo incivilizado animal/negro. Sobre todo, que los simios nunca demuestran que religión profesan.

Hay algo de esta película que me recuerda Apocalyto (Dir. Mel Gibson, EE.UU., 2006). En particular, el recuerdo entre lo primitivo y lo civilizado. Donde de su faz, todos tenemos que oponernos al imperio Maya, el cual creía en los sacrificios. En War for the planet of the Apes, hay algo similar. El choque de civilizaciones es uno entre lo más desarrollado, el mundo de los soldados americanos, vis a vis, el mundo de los simios humanizados, peros sin lugar a dudas simios.

De otra parte, y en un mundo de simios donde no hay personas femeninos visibles y prevalentes, es difícil no relacionar esta película con el holocausto, con las armas nucleares, y el mundo mágico de la década de 1950. En particular con los pitufos. The smurfs (Dir. Raja Gosnell, EE.UU., 2011) nos retrae a la apuesta belga del mundo post, donde debajo de la tierra viven comunidades de hombres que se reproducen entre ellos y sobreviven al gran holocausto nuclear. Desarrollados por Peyo (Pierre Culliford), los pitufos intentan siempre sobrevivir en el bosque, y cuando la vida no les permite más, se van al subsuelo.

Pero en War for the planet of the Apes, la involución, y regresar a un pasado mejor que el de la civilización humana, es por decir lo mínimo trillado pero sin dirección. ¿para qué los simios quieren vivir en comunidad? Posiblemente, para ser simios. Pero es curioso, que esa posible contestación es contraria a la teoría del desarrollo humano, y sobre todo a las bases fundacionales de Darwin.

Vaya a verla si le gustan los monos. La película, con muy poco diálogo, es un hermoso homenaje a la naturaleza. En esta medida, es una idea interesante. En cuanto a la evolución humana, es un poco cuestionable. En particular, cuando la película fue muy selectiva a la hora de sumar talento, donde el 98 por ciento de los que participan, son personas blancas caucásicas. Curioso. Vaya a verla a su antojo.