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Contigo pan y cebolla o lo mejor del teatro cubano hecho cine

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altEn Cuba hay un universo pasando, que pocas veces percibimos o nos enteramos en Puerto Rico. Mucho del cine cubano contemporáneo, no llega a la isla del encanto. Se queda en la Habana, y continúa por el mundo, pero sin ser presentado en la isla. Esto es un problema de todos y todas nosotros. No sólo de las casas distribuidoras o de los teatros de nuestra comarca. Es un asunto al cual todos le hemos puesto un poco de autoría.

Contigo pan y cebolla (Dir. Juan Carlos Cremata, Cuba, 2014) es una película de corte teatral, que lleva al séptimo arte la obra homónima del laureado dramaturgo cubano Héctor Quintero, quien falleció en el 2011. Lo interesante de esta película, y su guion adaptado al cine por el propio Cremata, es que representa una Cuba pre-la revolución de 1959. La película se desarrolla entre el 1955 y el 1958, y transcurre en el hogar de una familia de asalariados cubanos, donde el padre era el que trabajaba en la calle, y la madre cuidaba de sus dos hijos adolescentes casi adultos. Mientras la tía del marido, también convivía en el hogar.

Como asalariados, se podían dar el lujo de consumir ciertos bienes y servicios, que el resto de la población no tenían. Por ejemplo, tener un teléfono, el cual sólo era utilizado por la vecina. Mientras, toda la película se desarrolla, a partir de la compra, no compra, y devolución de un refrigerador (nevera en boricua), para el deleite de la familia. A fin de cuentas, nunca lo lograron sostener, nunca lograron superar vivir de contar el salario limitado del padre, para ver como con el mismo, lograban sobrevivir. Nunca lograron. Pero en el mundo de sus limitaciones, críticas al proyecto insatisfactorio de ser clase media baja en la Habana pre-revolucionaria, fueron felices.

La obra, si a usted le gusta el dejo cubano, así como la crítica y crítica a la calidad de vida, bajo el capitalismo, se podría disfrutar esta obra de teatro hecha cine. En particular, es un trabajo bien controlado por el director Cremata, con buenas ocurrencias de momento, pero con un alto grado de dolor ante las miserias de la vida diaria en el capitalismo y el consumo.

El reparto se sostiene con Alina Rodríguez, como la madre, Enrique Molina como el padre, y Edith Massola como la vecina que utilizaba continuamente el teléfono para hablar con su novio Wisho. Luego están los hijos, Carlos Solar y Alicia Bustamante, y la tía-abuela, representada por Natalia Tápanes.

Es un filme interesante. Sobre todo, que se sale del mundo post-revolución de 1959, y la otra crítica, ahora a las medidas de austeridad impulsadas por el gobierno, y sobre todo a las contradicciones de ser una clase media, por educación e indicadores socio-económicos como la salud, del primer mundo. Cuba, como nos demuestra la película, siempre ha sido un lugar altamente contradictorio y apasionado.

Esta película no está en cartelera en Puerto Rico. Pero mientras dure, la pueden ver por su fácil acceso en las redes sociales. Simplemente, búsquela y mírela. Buena opción para una noche que no tenga dinero ni pizza, pero si deseo de ver una película. Adelante a Cremata y su equipo de trabajo, adelante.