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Bancarrota o unos entrevistados que en resumen dicen “yo no fui”

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Hace días que llevo en mi mente una frase popular, que me da vueltas y vueltas, “el último que apague la luz”. Es patético, pero hablar de la quiebra financiera del gobierno de Puerto Rico, esa que ronda los $72 mil millones de deuda principal, sin intereses, nos pone en el crudo manifiesto de preguntarnos, ¿quién es el responsable de que estemos atravesando por esta situación? La lógica judeo-cristiana siempre nos lleva a pensar, y a buscar, a un/a “pecador/a”. De eso se trata este momento, de preguntarnos, quien es el responsable. La pregunta, aún más problemática, sería, una vez sepa quién es el/la “pecador/a”, ¿qué hago con esa persona?”.

Hay un excelente trabajo fílmico, discretamente en cartelera en uno de los cines de personas “que disciernen”, titulado Bancarrota (Dir. José M. Umpierre y Kendal Walsh, Puerto Rico, 2017). Es, sin queja ni reparo, un excelente trabajo. Hay que verlo. Punto.

Ahora bien, los entrevistados, salvo una que otra persona, todos son parte del problema. Todos concluyen, de forma muy patética, diciendo “yo no fui, fue el otro”. Es curioso, es curioso, pero la grasa intelectual del país, a veces uno puede pensar, es también parte del problema, pues fue esta la que, por vía de consultorías, pleitos legales, programas radiales, en compra y venta de activos de inversión públicos, y otras formas de hacer cultura hegemónica, quienes participaron, asistieron o colaboraron del proceso por el cual atravesamos hoy.

En esta medida, hablar de Bancarrota es hablar de dos niveles: por un lado, la narrativa fílmica y estética, de Umpierre/Walsh, y por otro lado el contenido de los poco menos de 10 entrevistados/as que participaron en el filme.

La película tiene una estructura, adaptada para cine, presentada en poco menos de una hora, de un documental donde el contenido de las entrevistas y entrevistados se va entremezclando con cierta gracia, musical, estética (con algunos recursos especiales y visuales), y sobre todo con un buen hilo conductor. En ningún momento, como película, uno pierde el interés ni la atención. Al contrario, de mal humor se pone uno, y esto es un buen truco fílmico de Umpierre/Walsh, de ponernos de mal humor, luego de habernos informado de por qué hemos llegado a este momento.

Ahora bien, salvo el testimonio de Myrna Rivera y el de Alejandro Torres Rivera, la primera explicando con suma claridad la complejidad del proceso de venta de deuda y endeudamiento; y el segundo vinculando la situación colonial al proceso; el resto de los entrevistados son por decir lo mínimo problemáticos.

En particular, porque mis amigos y amigas que van al hipódromo se inventaron una expresión que dice “ese/eso no sirve ni pa pool ni pa banca”. Es decir, cuesta y no produce. Critica y no transforma.

La crisis del país es en parte el régimen colonial. Pero también lo son los colonizados. Las leyes de cabotaje son terribles. Pero más terrible es la falta de producción de bienes de exportación por parte del capital boricua. Como también es terrible, asunto omitido por los entrevistados, que poco menos del 10 por ciento de la deuda, les pertenece a capitalistas/inversionistas boricuas. Es decir, la especulación de los buitres es mala cuando son extranjeros, pero hay que entenderla cuando son boricuas. Problemático.

En fin, que Bancarrota, el filme, debe ser una materia asignada en los cursos de la Universidad de Puerto Rico y universidades privadas. Felicito a Umpierre por su opera prima, y a Walsh por haber co-dirigido. Adelante, adelante. Que venga la próxima película de este dúo.