Vico c del filósofo del rap al filósofo de la resistencia a los demonios personales

altEduardo “Transfor” Ortiz la ha vuelto a poner en la China. Ahora nos presenta su más reciente trabajo, Vico C la vida del filósofo (Dir. Eduardo Ortiz, Puerto Rico, 2017), la cual está en cartelera en todos los cines de la isla. Ortiz, con siete películas realizadas en los pasados 10 años de su carrera, varias de ellas las más taquilleras en la historia de Puerto Rico, es hoy un cineasta que cruza por un momento de mucha madurez fílmica, combinado con un olfato de lo que el cine boricua necesita hoy.

Y ojo, Ortiz, es un cineasta de producciones comerciales. Hay otros colegas, todos y todas extraordinarias, que se han concentrado en el cine de la audiencia que discierne o en lo que se llama, tal vez de forma equivocada, cine arte. Transfor se ha concentrado en el cine de masas, que debe crear un código particular para ser atractivo a vastos sectores de la población y el cual se puede nutrir de estereotipos comunes, historias populares, pero también desde una mirada que puede ser ética o no, de la vida diaria. Con mucho respeto al que disienta, Transfor Ortiz ha logrado producir, de forma consistente un cine de masas que reconcilia de forma ética la tensión entre el bien y el mal.

Ahora Ortiz nos presenta Vico C la vida del filósofo. Pues bien, para los que descartaron el hip hop, rap y luego el reggaetón, está película no es de su gusto. Para los que siguieron con curiosidad la emergencia de los géneros urbanos en la isla, esta película es una obligación. Pero para el pueblo patriota, ese que dice weepa en la China como en Hong Kong, al igual que en la Luna como en Tras Talleres, ver esta película es una obligación patriótica.

Luis Armando Lozada, un talento de barrio, de Puerta de Tierra, San Juan, Puerto Rico, nace con una vocación dual: disfrutar de los aplausos cuando se está sobre un escenario y ser atrevido. El resto es la vida, según discurre para el cantante precursor de la música urbana en Puerto Rico, Vico C.

En su momento de mayor madurez fílmica, Transfor Ortiz quien también funge aquí como guionista, logra combinar la historia de vida con la narrativa fílmica en la vida del cantante Vico C desde su primera graduación en el 1978, hasta el final de su primera parte de éxitos en el 2006. Es una película narrada por Vico C, el genuino, y también el actor-revelación del año, Luis Armando Lozada, Jr. En esta medida, en la creatividad de Ortiz, se funde haber utilizado a Vico C, junto a su esposa y compañera de vida, Sonia Torres, madre de sus dos hijos varones, como consultores de la película y asistentes del director. Una genialidad.

En esta película, usted llora como se ríe. Usted se la goza y se la disfruta, pues, a fin de cuentas, Vico C es genuinamente un filósofo popular que nos va contando como vivir la vida, y esto crea una empatía natural con la película, la historia y sobre todo el personaje. Para los de la generación X, Y y parte milenio, Vico C es un referente cultural. Para algunos babby boomers, Vico C existió. Pero para todos los que han participado en el desarrollo del género urbano, Vico C es el abuelo, el tatarabuelo, pero realmente hablando, el que definió la compatibilidad del rap/hip hop, con los ritmos caribeños. En esta medida, para los musicólogos, la película es un homenaje más que a la filosofía de Vico C, a su creatividad musical que supo, como Rafael Cortijo, Ismael Rivera y Willie Colón combinar los ritmos caribeños con un nuevo ritmo de rompimiento.

A Vico C y su familia, que ahora son también mi familia, mucho aché. Agradecimiento por todo, de cora, pues la gente que ha sido consistente, pese a los tropiezos, nunca mueren. Vamos a usted Maestro.

A Transfor Ortiz, larga vida cinematográfica. Recuerde usted, que no hay referente. Que el único referente que tenemos de un director comercial exitoso en la isla, se llama Eduardo “Transfor” Ortiz, quien estudio en la Universidad Central de Bayamón, no en la Escuela de Cine de Cuba, y se ha dedicado a hacer un cine variado muy comercial, en el cual se logra reconciliar una ética del bien. Larga vida para Transfor.