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The Shape of Water o la persistencia de reescribir la historia del dolor

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altLa vi hace varias semanas. Me mantuve callado por varias semanas. Incentivamos a que otros opinaran de la misma en este medio cibernético, y así lo hicieron. Ahora pido la palabra. The Shape of Water (Dir. Guillermo del Toro, EE.UU., 2017) es una película muy linda en cuanto al amor que se pueden conferir los históricamente excluibles. En su estética tiene una gran imaginación. En las actuaciones, tiene unas cuantas consagrables. En donde diferimos, es en la persistente intención de Guillermo del Toro de reescribir la historia. Sobre todo, en la historia del dolor.

La película tiene un argumento interesante: en medio de la guerra fría de la década de 1950, aunque poéticamente la película cambia los hechos de la siguiente década, de 1960, y los introduce en la década anterior, el ejército americano tiene un monstruo, que almacena en una base militar altamente custodiada. Posiblemente estemos hablando de Area 51, en Cleveland, Ohio, donde históricamente se ha alegado que el ejército de dicho país esconde a seres extraños y alienígenos.

Entonces, ante esto, Una mujer que limpia es muda, Elisa Esposito (Sara Hawkins), y trabaja con su colega que le interpreta, Zelda Fuller (Octavia Spencer). Entre los personajes de Elisa y Zelda, más allá de la solidaridad, hay una complicidad en torno a la bóveda que limpian donde se encuentra el monstruo. Un monstruo que es traído de las Amazonas, un buen cliché histórico, pero que lejos de tener facciones indígenas o africanas, las que trae son caucásica-europeas. Allí el “hombre anfibio (Dough Jones), encuentra a Elisa, y esta le da de comer huevos hervidos y partir de ahí surge el amor. El resto es Hollywood.

El problema para mí de la película es la reinterpretación de la historia que la misma hace. Ahí Guillermo del Toro, entre la fantasía que presenta en sus filmes, y la historia que al día de hoy se ha documentado de forma seria y sistemática por las personas especializadas, existe una tensión. En su filme El espinazo del diablo (Dir. Guillermo del Toro, España-México, 2001) y El laberinto del Fauno (Dir. Guillermo del Toro, España-México, 2006) donde en ambas aborda el tema de la Guerra Civil Española, desde un aspecto fantástico. En otras palabras, su persistencia, la de Del Toro, es tomar la historia y tergiversar su propia historia.

Entonces, usted le concede o no al director su licencia poética de cambiar la historia. Yo aún no se la concedo. El problema de la Guerra Civil es de los españoles. Que lo resuelvan allá. Pero el de la Guerra Fría, es muy de nosotros en Puerto Rico. Sólo que le pregunten a la gente de Vieques, 60 años con una base militar sólo ocupando la isla como campamento de tiro. Y de verdad que no había monstruos en Vieques. Solo balas de autodestrucción de uranio empobrecido (depleted uranium) que al explotar producen cáncer en la población. ¿Y de verdad que usted cree en los monstruos?

Guillermo del Toro tiene el apoyo de la prensa comercial corporativa y de los liberales. Ahora tiene que tener, finalmente, el apoyo de los críticos de cine, que hasta el día de hoy han sido cuidadosos en darle, en los grandes e importantes festivales, el premio de mejor película. El 8 de marzo sabremos si le confieren el premio Oscar como la mejor película del 2017. Hasta el día de hoy, el diagnostico ha estado comprometido.

En todo caso, usted, que no soy yo, vaya a verla. Le va a gustar.