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Dos compadres y una yola – humor caribeño en su máxima expresión

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altLa industria cinematográfica dominicana la ha vuelto a pegar. Ahora con Dos compadres y una yola (Dir. Felix Peña, República Dominicana, 2017) es parte de una profunda industria de cine que en menos de una década se ha consolidado en la hermana república caribeña. Es, como todas las películas que se generan en dicho país, una que tiene atributos, y también puede tener críticas. No obstante, en el balance, pensándolo desde el desarrollo de una industria regional de cine, es un acierto.

La película, dirigida, escrita y actuada por el célebre comediante dominicano Félix Peña, cuenta la historia de dos compadres Romeo (Félix Peña) y Gustavo (Tony Pascual) quienes son amigos, compadres y taxistas. Estos, se enfrentan a dos boricuas turistas, Belkis (Lynette Chico) y Michelle (Dimary Castro) y de ahí surge la película. Si usted cree en comedias comerciales donde, como nos recuerda Calle 13, “se vale to’” entonces, se habrá de disfrutar esta película. Sus chiste, por vía de los parlamentos, son más que ocurrentes.

La trama que se desarrolla es una donde Romeo (Peña) tiene un encuentro amoroso con Belkis (Chico) y a partir de ahí se desarrolla todo un argumento cinematográfico. Para los que alegan que la estética en Puerto Rico en nada cambia, deben ver esta película. La misma plantea interesantes intersecciones del tema de raza y clase, que normalmente el cine boricua, el cual pretende ser más “culto” que el dominicano, no lo se atreve a plantearlo. En esta medida, la película Dos compadres y una yola, es un interesante reto visual.

La película, firmada en su totalidad en la República Dominicana, explora una parte del Caribe, que en la mayoría de las películas regionales que vemos, no se ve. Se trata del tema de la trata humana, del largo pasar y sufrimiento de la exportación/voluntaria, aunque involuntaria/transportación, de vidas humanas por los canales infectados de tiburones del Caribe. En esta medida, más allá de la comedia y la risa, la película explora el paso del Canal de la Mona, donde los compadres, en busca del amor, deciden arriesgar su vida e ir a Puerto Rico.

Pese a sus desaciertos, problemas de sobre actuación por momentos, y pausas en el devenir de la trama, la película es un buen entretenimiento para toda la familia. Está pensada como parte de un cine para audiencias que sólo pretenden pasarlo bien. Entonces, ¿por qué no? Vamos, apoyemos el cine dominicano, que hoy es la casa principal del producciones en el Caribe, y sin lugar a dudas está contribuyendo al desarrollo de la industria local en Puerto Rico. Adelante.