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FILIBERTO OJEDA, ¡COMANDANTE!

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altDebemos de reconocerlo que en los pasados años ha sido el documental político y social lo que ha motivado la industria de cine en Puerto Rico y lo que nos ha vuelto a posicionar en un sitial importante. Ante esto, Filiberto (Dir. Freddy Marrero, Puerto Rico, 2017) se abre en Puerto Rico como el documental político más importante y desde la lógica taquillera, el más relevante en tiempos recientes. Luego de un mes de estar en cartelera, las dos noches que he ido a ver este documental, la sala ha estado parcial o totalmente llena.

Hablar de Filiberto es hablar de un referente que dentro de distintas generaciones en la isla, tiene más o menos influencia. Pero para muchos, Filiberto Ojeda Ríos se impone como el referente del accionar político entre 1969 al 2005, más importante en el quehacer de la lucha armada por la independencia de Puerto Rico, así como en los procesos de diálogos nacionales y reconciliación entre las partes en conflicto. En esta medida, Filiberto es más que un extraordinario ser humano, es un maestro, y sí, un Comandante de la lucha armada por la liberación de Puerto Rico de los EE.UU. Es un soberano patriota.

El documental de Freddy Marrero, y producido por el también cineasta Tito Román, quien entre otros logros tiene El Antillano sobre la vida de Ramón Emeterio Betances (Dir. Tito Román, Puerto Rico, 2014) es una mirada de tres momentos o etapas de Filiberto. La primera parte del documental inicia de forma magistral contándonos de su vida personal, familiar y musical. Sí porque Filiberto fue trompetista, y en la historia del país, tocó con la Happy HIlls de San Germán, la orquesta de música popular más longeva en nuestra historia, iniciando sus quehaceres desde el 1926. Luego se sumó a la segunda orquesta más longeva del país, en el género de la salsa, dónde fue su primera trompeta: La Sonora Ponceña de Quique (QEPD) y Papo Luca, fundada en el 1955.

Lo que nadie sabe es porqué desde el 1963, cuando Filiberto se integró a la Sonora Ponceña, siempre actuó bajo seudónimos. Eso es un misterio. Pues, y algo que no exploró la película, es si desde el saque, desde el inicio de su vida profesional como política, Filiberto Ojeda estuvo insertado en la lucha armada.

La segunda parte de la película es sobre el activismo político de Filiberto, de lleno metido en la lucha armada, entre fines de la década de 1960, su arresto y fuga en el 1970, y su reaparición en el 1985, cuando es arrestado en el contexto del caso de la Wells Fargo y el Ejercito de Liberación Nacional-Macheteros. Esta segunda parte del filme es sumamente interesante, pues no sin contradicciones el director Marrero logra que varios expresos políticos o de guerra del país, asuman ante la cámara cinematográfica una postura transparente y confesional en torno a las actividades políticas/guerrilleras en las cuales participaron. Esto es un interesante acierto de la película, pero podría ser visto como un acto temerario por parte de los concernidos. Que la vida decida…

Lo otro interesante de esta segunda parte del filme, original aunque no única, pues ya se había explorado en el otro importante documental Nuyorican Basquet (Dir. Fernando Olivero y Julio C. Torres, Puerto Rico, 2017) donde la voz del opresor también es escuchada. En el filme Nuyorican Basquet los realizadores introducen un testimonio del propio acusado en la película: Carlos Romero Barceló. Esto fue muy interesante y dejó en manos de la audiencia su decisión. De otro lado, en Filiberto. Marrero hace uso de una técnica genial, y de forma magistral introduce dos testimonios de agentes del FBI radicados en Puerto Rico que participaron en la investigación, arresto y procesamiento judicial de Filiberto Ojeda Ríos. La audiencia, nuevamente, que decida sobre el testimonio de éstos.

Finalmente, la tercera parte de la película es en torno a la vida pública de Filiberto Ojeda Ríos, sin seudónimos entre 1989 y 1990 (cuando salió absuelto de un caso de resistencia en el arresto y asuntos relacionados al 1985, cuando se dio la captura de los miembros del ELB-Macheteros); y, seguida por los últimos 15 años de su clandestinaje hasta su asesinato a manos de agentes del FBI el 23 de septiembre de 2005.

Esta parte es más emotiva, pues su muerte, donde comienza y termina el documental, es un asunto sumamente emotivo. Ahora bien, aquí, por ser historia reciente y contemporánea es donde el filme en su contenido puede tener algunas observaciones más críticas. No obstante, el valor del filme es su totalidad y no esta última parte.

Dos observaciones pertinentes. ,Primero, tal vez uno de los testimonios más importantes pudo haber sido utilizado también, fue el de Tomás Rivera Schatz quien sí está en el récord histórico como una de las personas que más criticó al FBI por haber asesinado a Filiberto Ojeda. Que quede la puerta abierta a los historiadores, para que investiguen si a principio de la década de 2005, Filiberto había ya sostenido reuniones, clandestinas, con todos los miembros de la clase política del país, incluyendo a Rivera Schatz.

Por otro lado, y como segunda observación histórica al final de su vida, Filiberto Ojeda Ríos (antes de ser asesinado) había dado entrevistas a Carlos Rivera Lugo y a WPAB (Ponce) dónde había hablado de cosas interesantes que están sujetas hoy al análisis de los y las historiadores (también se podría sumar a esto los trabajos de Luis Nieves Falcón (QEPD) a la memoria y contribución política de Filiberto a principios de los años 2000). Filiberto estaba hablando de otras cosas, desde una mirada muy plural, poco dogmática aunque si inspirada en principios políticos consistentes en su larga trayectoria de lucha. De esta forma, el documental en su tercera parte y conclusión, cerrando con la protesta contra la Junta de Supervisión Fiscal y el accionar del grupo se Acabaron las Promesas, pudo haber transitado también por el testimonio de Filiberto, que no sin contradicciones en el 2005 estaba apostando a un país mucho más complejo en resistencia como en lucha, y en los actores de la misma.

En fin, que agradecemos el trabajo de Freddy Marrero, pues es inspiracional y más que nada una muestra de buen cine/documental que se está haciendo en Puerto Rico hoy, sobre temas relevantes para nosotros. Pero lo más lindo fue estar en una sala el pasado miércoles repleta, donde hasta de pie hubo gente mirando la película. Y sí, porque no decirlo, en Plaza las Américas. Así de contradictoria es nuestra lucha, como dio fe nuestro Comandante Filiberto al final de su vida en el 2005 en las entrevistas que entonces concedió desde el clandestinaje.

Aché para Filiberto, allí dónde estés. Mucho aché para ti y tu gloria, que es nuestra gloria. Gracias a Freddy Marrero por esta extraordinaria película/documental. Que venga la próxima.