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El hijo perdido y el empuje artístico de Transfor Ortiz

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altFui a ver la película sin tener mucho conocimiento de la misma. Fui, porque Chucho Avellanet estaba, y mi madre, Nela, siendo su fanática, pensé que era una buena actividad de domingo. Así las cosas, nos sentamos a ver la película, y me perdí los créditos, y al inicio me voy sintonizando con este actor físicamente a-típico, el cual tiene problemas humanos con los cuales uno puede simpatizar y la película se va desenvolviendo, hasta que uno se pregunta, ¿Y quién hizo esta película?

Eduardo “Transfor” Ortiz es una joya contemporánea que aún no ha sido reconocido por lo que es: el mejor director de cine comercial existente hoy por hoy en la isla. Su más reciente producción, El hijo perdido (Dir. Eduardo Ortiz, Puerto Rico, 2019), es un trabajo que debe ser visto por todos los amantes del cine local, y más que nada apoyado por ser parte de un proyecto al cual hoy se suman otros realizadores de hacer buen cine en la isla.

Con una historia de haber producido 10 filmes en su carrera de vida, todos éxitos taquilleros, Transfor Ortiz se impone como el director de cine, nativo y radicado en la isla, de producción económica, más lucrativo. En su haber personal, puede darse el lujo de indicar, que un filme como Vico C (Dir. Eduardo Ortiz, Puerto Rico, 2015) generó en la isla más de un millón de dólares en ingresos, lo cual es muy valioso. De igual forma entre todas sus películas ha generado sobre siete millones de dólares.

El hijo perdido es un filme para toda la familia. El elenco y las caracterizaciones permiten cruzar a través de múltiples generaciones con distintas formas de interpretar la historia fílmica. De esta forma el primer acierto de la película fue seleccionar personajes tan disímiles como Chucho Avellanet (el padre Don Sandoval) y Erik Rodríguez (el hijo perdido, Jorgito), quien no es su hijo en realidad fílmica pero lo representa bien.

Desde esta mirada, al elenco se suman otros personajes secundarios que le van dando una mirada simpática a la idea de ser boricuas hoy, en la complejidad de las formas de hablar, de ser, y sobre todo de representarnos. La película juega de forma inteligente, con recursos limitados, pero con recursos, para darle un toque adecuado por vía de la música, el lenguaje y la estética al país que todos y todas conocemos: uno donde la riqueza convive con la miseria.

El hijo perdido hay que verla. Es una película cómica, ocurrente, y con un reparto de actores y actrices que usted conoce bien. Pero lo mejor es que es hecha aquí, y que todo lo que la misma genere se queda y se reinvierte en la isla. El hijo perdido es un proyecto soberano. Adelante.