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Profesores al olvido

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alt-Gracias a Dios se me está olvidando todo menos el primer día que comencé a dar clases en este recinto hace más de cuarenta años.- dijo el profesor Milán.

-¿Recuerdas cuando estos pasillos estaban ocupados por estudiantes varones, la mayoría, vestidos de gabán y corbata? Ahora parecen que van para la playa- preguntó el profesor Rivera.

-Eran aquellos tiempos de la llamada “Casa de Estudios” de Jaime Benítez, donde el objetivo era expandir y desarrollar el intelecto, la cultura y dar la oportunidad de la movilidad social a los sectores excluidos de la vida universitaria. Fue el momento de las luchas partidistas contra Muñoz por separar la universidad de los vaivenes políticos y lograr nuestra autonomía universitaria.

-Ahora, mi querido amigo de tantas luchas, no solamente nos quieren cerrar nuestra universidad, sino también quitarnos el retiro que con tanto esfuerzo y dedicación por los largos años de enseñanza nos merecemos. A esta edad tener que pelear por derechos ya adquiridos, imagínate. No sé a dónde vamos a llegar. Tendremos que unirnos con “los revoltosos” a piquetear.-comentó enojado Milán.

-Te puedo decir filosóficamente que este gobierno está compuesto por una partida de hijos de putas, perdonando a sus madres, que solo piensan en sus amigos del alma y sus compadres para hacerlo ricos por “talentosos”. Nos quieren quitar todo, pero te digo una cosa, nos han quitado hasta el miedo.-terminó señalando el profesor Rivera.

Los profesores, amigos de tantas décadas, estaban sentados en el pasillo de la Facultad de Humanidades, en donde impartieron clases por muchos años hasta su retiro, esperando la reunión informativa. No solamente contribuyeron con la educación de grandes sectores de la sociedad, sino que pusieron el nombre de Puerto Rico en alto a través de sus publicaciones y conferencias en distintas universidades alrededor del mundo. La Universidad de Puerto Rico era reconocida internacionalmente gracias a todos sus profesores y estudiantes graduados.

La Junta Universitaria había aprobado desmantelar el fideicomiso del Retiro de la UPR, y el tribunal lo convalidó, para utilizarlo en sus propios intereses y reducir o eliminar de esta forma el sistema de retiro de la universidad. La asociación de retirados había convocado a todos los profesores y empleados universitarios retirados para informarles y tomar cartas en el asunto para desarrollar las estrategias a seguir.

-Este problema comenzó hace ya varias administraciones de gobierno que gastaron lo que tenían y lo que no tenían, charlatanes que comprometieron con deudas impagables el futuro del país. Como resultado los federales impusieron la dichosa Junta para enderezar las finanzas y lo que han hecho es trastocar cada uno de los servicios esenciales perjudicando a los más vulnerables, mientras los políticos y sus amigos se siguen robando los fondos públicos antes que termine el cuatrienio.-dijo Milán.

- Carajo, ni el presidente ni los congresistas quieren arriesgar los fondos de recuperación del país. El imperio no confía en que los colonos les darán el uso adecuado a esos dineros sin robarse parte de ellos. Ni con la Junta dejan de robar-continuó Rivera.

-Se olvidan de los profesores, que dimos por los estudiantes y el futuro del país gran parte de nuestras vidas.

-Déjame decirte que la tristeza que me embarga por toda esta situación sobrepasa la perdida de mi retiro. No puedo creer que quieran eliminar la educación universitaria. Comenzaron con las escuelas públicas. Quieren eliminar hasta la clase de historia de Puerto Rico. Me recuerda los regímenes fascistas con su afán de destruir y borrar el pasado. Sobre todo, lo que más me avergüenza es la apatía popular a todas estas imposiciones. Ya lo dijo alguien sobre el totalitarismo y sus actos, que no me viene a la memoria su nombre: “y luego vinieron por mí, pero ya no quedaba nadie para defenderme”.