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The best of enemies y la importancia de las nuevas historias en el cine de Hollywood

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altHace muchos años, me encontraba a la espera de un tren en la estación central de Liubliana, Eslovenia, en la antigua Yugoslavia. Era una noche muy difícil, de mucho frio, y las fuerzas policiacas intervenían con la población en la estación de tren. Yo tenía cara de extranjero – era un hombre evidentemente negro. Por lo tanto ni la policía ni los que allí aguardaban se metieron conmigo. Ahora bien, en la madrugada entró un hombre afrodescendiente a la estación, y todos los allí presentes le pidieron que fuera donde mi y que me hablara. Así pasó, el resto es historia. Esta anécdota inicial es la misma que tengo a ver anoche el filme The best of enemies (Dir. Robin Bissell, EE.UU., 2019). Hablar del racismo será una constante en nuestras vidas, pero las formas de exclusión son el eje dominante. Ahora bien, lo importante son las formas de inclusión, las anécdotas pequeñas de solidaridad ante el discrimen, de inclusión ante la exclusión y de personas que cambiaron el curso de la historia, aunque se trate de la historia local. Mi anécdota de Eslovenia, una historia que era de terror, fue alterada cuando otro hombre negro, de Costa de Marfil en África, me dio una mano idiomática en inglés y me explicó como superar la noche en aquella terrible estación de tren.

The best of enemies es consistente con todo lo que ha salido en el cine de Hollywood, y me reitero, desde que se destapó el escandalo contra Harvey Weistein y la W Productions. En adición al maltrato a las mujeres artistas, había demasiadas gente afroamericana tratando de intervenir en el cine, sin tener una oportunidad. Hoy los actores y actrices, así como las historias pasan de cientos.

La película narra la historia de un pequeño poblado en Carolina del Norte, Durham, donde hay una crisis escolar y deben de integrar las escuelas segregadas. Entonces, la activista de los derechos civiles Ann Atwater (Taraji P Henson) se enfrenta a la asamblea municipal, pidiendo la integración, y ahí comienza la crisis. Ante un recurso judicial para permitirla, el juez se inventa un mecanismo de mediación comunitaria llamada Charrettes.

En ese proceso el jefe local del Ku Klux Klan , CP Ellis (Sam Rockwell) lucha por la supremacía de su grupo, y es designado para ser el copresidente de la mediación comunitaria, la cual preside Bill Riddick (Babou Ceesay). Es el sur duro, pero cada detalle del guion escrito por el también director Bissell nos va llevando a las contradicciones del duro sistema racista.

En fin, que hay que ver la película, porque su final es un llamado a la esperanza. Es una película extraordinaria, con talento poco conocido o emergente, pese a haber varias figuras renombradas. Pero lo más importante de esta película es su guion, el cual es simplemente excelente. ¡A verla sin reparos!