1917 volver al pasado glorioso de la Primera Guerra Mundial

altFui a verla, pues me faltaba. No fui motivado por ver una película homenaje a la Primera Guerra Mundial, que honra al ejército británico, ese que desarrolló en esa guerra las primeras bombas químicas así como los campos de concentración. Eso para mí es un absurdo. Ambos asuntos, invisibilizados por la película, no la hacen desmerecer. La película 1917 (Dir. Sam Mendes, EE.UU., 2019), nos cuenta una pequeña historia de lucha por la vida, lealtad a la palabra y más que nada la perseverancia. Pero, ojo, no se olvide usted de la contribución de los británicos a la destrucción del enemigo.

La historia de la película es sobre las memorias del escritor Alfred Mendes, abuelo paterno del director, quien fue uno de los primeros escritores del Siglo XX de Trinidad y Togabo, que migró al Reino Unido a pelear, vivir y escribir. De origen portugués, se trata de una línea racial blanca, para un país caribeño eminentemente negro, ya sea por los afrocaribeños, los indios o los mulatos. Pero el abuelo Mendes sabía contar historias, por ser un laureado escritor, y tenía un nieto hijo de escritores y académicos, que también sabia contar, a través del cine. Este junte, entre abuelo y nieto, hace de la película, una historia épica de principio a fin. 1917 es una historia para ser contada.

Ahora bien, ¿la vida del Siglo XXI requiere seguir contando la mirada desde el poder racial, y la sociedad de privilegios de unos y no de otros? No sé. La vida es como es, pero. Las historias han cambiado desde la caída de Harvey Weinstein (2017) y el chubasco de La la land (Dir. Damien Chazelle, EE.UU., 2016) en los oscares, donde se impuso Monlight (Dr. Barry Jenkins, EE.UU., 2016). La historia en Hollywood ha cambiado.

Por ende, hay que ir a ver esta película porque es hermosa, porque es un homenaje a la certeza que nos da la palabra y el compromiso, pero no por los ideales que defiende, los cuales Mendes & Mendes, nos invitan a olvidar. Ojo que los campos de concentración inventados por los británicos en la Primera Guerra Mundial luego los implementaron en África del Sur, contra negros y blancos minoritarios. Y luego inventaron el apartheid.

La película cuenta la historia de dos soldados británicos que tienen una misión: detener una acción militar contra los alemanes, pues se trataba de una emboscada. Blake (Dean-Charles Chapman) asume la misión, pues su hermano estaba en ese batallón a ser emboscado y no quería que muriera. Incorpora a Schofield (George Mackay). Blake no lo logra hacer. Pero Schofield, cumple al pie de la letra su palabra. Para cumplir su palabra, la película tiene casi dos horas para contarnos las penurias que éste pasó.

La película es un buen tratamiento del pasado, de la memoria épica del hombre blanco británico, quien asume su historia desde sus paradigmas. No empece esto, usted debe verla. Si es la película correcta para el Oscar de la mejor película 2020, no sé. Discrepo. Los movimientos sociales, las feministas, y otros sectores éticos de Hollywood, necesitan algo como Once upon a time in Hollywood (Dir. Quentin Tarantino, EE.UU., 2019). Pero no me haga caso, vaya a ver 1917, y luego usted mira la noche de premiación de los Oscar, este domingo, y decide. Ya yo decidí. Me afirmo en la novena de Tarantino.