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Creativo

A oscuras

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altaltSe confundía con el humo

era cada vez más nube

y nube entrelazada

una sobre otra

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Migrando

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Rubén observaba fijamente la ficha en blanco, “la chucha”. Era su última ficha y no había logrado colocarla. Gonzalo lo miraba esperando que tirara la ficha del “tranque”, mientras Iván y Ricardo se sonreían saboreando el triunfo del juego de dominó. Para Rubén la “chucha” era como una alegoría de la vida que estaba viviendo luego que la farmacéutica había cerrado y él se quedó sin trabajo. La baja liquidación que le dieron por tantos años de trabajo apenas le daba para organizar su mudanza a los Estados Unidos. Veía su futuro en blanco como la ficha. -Amigos, esta es mi última ficha, tal vez sea mi último juego con ustedes. No se si tirarla o quedarme con ella como recuerdo del desastre en que estoy. -Este gobierno y esa Junta Fiscal han dejado como un mapa en blanco el futuro de mi familia. Yo quiero salir del país.

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A oscuras

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alt- Se confundía con el humo

era cada vez más nube

y nube entrelazada

una sobre otra

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Los sindicatos no quieren promesas

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altEstaban sentados los veinticinco presidentes de los principales sindicatos y asociaciones laborales del país. No había sido fácil convocar a todas estas uniones. Solamente el llamado de un patriota como Teófilo podía lograrlo por lo que significaba su trayectoria de lucha política entre los sindicatos y el sector estudiantil. Ricardo, Zuleika y su padre Federico estaban presentes.

El abogado W, acompañado del abogado R y la abogada Y, tenían la encomienda de explicar la trascendencia de la llamada ley PROMESA y el rol de la nefasta Junta de Supervisión Fiscal impuesta por el presidente y el Congreso norteamericano.

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El árbol callado

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Me sucedió el árbol callado

el de la serpiente, con su voz ciega;

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me sucedió no recordarte y recordarme desnudos,

sin hambre, y solo con la noche de los pájaros

en un país de aire, sin ciencias forenses,

peritos, o jugosos salarios;

me sucedió que todo era tranquilamente único;

no sabíamos orar, o inventar iglesias con dinero,

todo era estar, rasgando por vicio nuestras transparencias,

y cansarnos preguntando por alguna sombra

no sé a quién carajos

se le ocurrió llamarnos adán y eva,

eso no hacía falta,

tampoco el mundo,

que nos destruye ahora

 

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