Mié04262017

Last update04:40:23 PM

  • ja-news-1
  • ja-news-3

Creativo

Mica X. Johnson, golpe por golpe

  • PDF

Boricua como soy, vengo de un espectro genético multirracial blanco, negro e indio, entre otras yerbas exóticas. En nuestra cultura, algo como lo sucedido en Dallas, resulta chocante. No estoy negando que no haya racismo en Puerto Rico, sino que jamás al colmo de matarnos por colores. Eso resulta una total abominación, un ridículo cultural en nuestra sociedad. El racismo es un producto ilógico que no se sustenta en bases científicas por más teorías supremacistas que se hayan escrito.

Leer más...

Y despertó

  • PDF

Un día amaneció, y decidió mirarse en el espejo. Al despertar, percató que le habían nacido nuevos lunares en la cara. ¿Será que no los había notado?

- ¡Pero qué va ser! Si no hay persona que más conozca en este mundo. Puedo hasta dibujar mi cara con los ojos cerrados. Me reconozco perfectamente. -

Leer más...

Un mar

  • PDF

Pero, a pesar de toda nuestra conciencia individual, no deja de perpetuarse inquebrantablemente [la igualdad colectiva] en el seno del inconsciente colectivo, comparable "a un mar" sobre el cual la conciencia del yo navegara cual un navío.
[...]
El habitante del interior, del mundo normal, que se jacta de no acordarse del mar, no vive tampoco sobre un terreno seguro sino sobre un suelo friable en el que en cualquier momento, por alguna hendidura continental, el mar puede precipitarse poderosamente.
—Carl Gustav Jung

Leer más...

La letra K se escribe a dos manos

  • PDF

alt

Después de buscar por todos los rincones, en mis libretas, en las gavetas, en las cajitas donde guardo cartas y memorias, entre los mil papeles que he coleccionado debajo de los muebles... pensé, en algún libro lo tuve que haber escondido. Rápido voy a mis favoritos, a los que de algún modo han aportado a mi crecimiento, que han dejado una huella en mi vida por haber sido clave en momentos de transición, y tampoco.

Ya me había dado por vencida -aparecerá otro día. Entonces levanto un libro, el cual me topé un día en la biblioteca del pueblo de Mayagüez, que por si no es muy grande ni contiene muchos libros. El tema me parecía interesante e importante, así que me lo tumbé. No muy ético de mi parte verdad, pero pensé que le daría más uso que el estar allí cogiendo polvo, lo cual no justifica mi acción, pero nadie ha muerto así que seguimos con el cuento. No hago más que abrir el libro en la primera página y ahí la encuentro.

Lo curioso es que no recuerdo leerlo desde Mayagüez, y tampoco terminé de leer; no sé porque guardaría el retrato ahí. De todas mis posesiones, ésta es la que más aprecio.

Te presento a mi abuelo José Echegaray, lareño, a quien siempre conocí como Pepito. Solíamos compartir en su "oficina", y lo pongo entre comillas porque llevaba muchos años retirado. No recuerdo que habláramos mucho, pero a eso no limitaba nuestra compañía, todo lo contrario. Nos daba espacio para ser quienes éramos, sin interrumpir la existencia ni el deseo del otro.

Le encantaba escuchar música. También tocaba guitarra y el cuatro. La edad, el tiempo entre los dos, no era una barrera, sino todo lo contrario. El tiempo era perfecto, pues yo aún no tenía prisa para ser grande y él a esa edad, imagino yo, ya ni sentía el pasar de las manecillas del reloj.

No retengo muchas memorias de él. ¿Curioso no? La persona que quizás más he querido y tan poco lo que recuerdo. La memoria más viva que tengo era ya él muy viejo, y debía yo tener como cinco años. Mi madre y mi abuela habían salido y nos habían dejado a los dos solos. Él ya estaba débil y enfermo pero ese día le entraron unas ganas de aventurar y yo jamás podré decir que no a un paseo. Por eso de no ser tan rebeldes, decidimos dejarle una carta a mama y abuela, aunque la idea era más de él que mía. Le pregunté si me dejaba escribirla.

Para ese entonces yo estaba aprendiendo el abecedario y él fue, con toda paciencia, letra por letra, deletreando el mensaje. No sé por qué, pero jamás lo olvidaré, sentada en su falda con el lápiz en la mano, cuando me dice la letra K y yo no sabía cuál era. Puso su mano sobre la mía y, moviendo ambas, escribimos juntos. Así fue como aprendí la letra K.

El resto de la historia la cuentan ellas, pues yo sólo recuerda esa parte. Cuentan que al leer la carta se volvieron locas y salieron en el carro a buscarnos. Nos encontraron caminando en la acera ya de regreso, la niña cargando al viejo, pues ya el no daba para más. La gran aventura era ir a comprarme un juguete lo cual pudimos lograr. El juguete no lo recuerdo, pero sí la letra K.

Posdata. Foto del álbum familiar de 1998. Fiesta de Navidad, aunque creo que el traje cubierto de Pascuas lo dice por sí solo. Lo único que recuerdo de esa noche es bailando con él, o como digo yo, disimulando.

Un olor cósmico en la memoria

  • PDF

Tus cenizas las encontré

en el jardín de mis insomnios.

Las recogí con mis manos

y las regué entre mis ojos

para ver de cerca tus fantasmas,

que me levantan con el sonido

de tu pensamiento.

Leer más...

Más artículos...