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Los monstruos de María Arrillaga

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¿Quién es María Arrillaga? Ella dice que es Filí-Melé, un personaje rescatado de la poesía de Luis Palés Matos. Filí-Melé es, además, muchas mujeres, o facetas diferentes de una sola mujer: la poeta que se transforma, se inventa, o se reinventa a sí misma, se desnuda, nos habla de sus gozos y sus tristezas. En la nota biográfica que aparece al final de este libro, Ciudades con mares, la autora nos dice que Filí-Melé es la “manifestación múltiple de la experiencia femenina, que conspira contra el silencio impuesto por la tradición”. No es, y acaso también sea, la Filí-Melé idealizada por Palés, una mujer que dice lo que quiere decir porque para María el silencio de la mujer es inaceptable, como exclama enfáticamente en el poema número uno del grupo que aparece bajo el título Con soltura lenta (p. 178): ¡Muda no!

¡Y qué bueno que Arrillaga no ha permitido que la silencien! Su poesía es el manifiesto de una mujer que vivió su vida con la certeza de que las mujeres tienen tanto derecho como el hombre a hablar como quieren y a utilizar el lenguaje con entera libertad y honradez. Para ella no hay palabras prohibidas o “malas”. Su poesía trajo a la poesía puertorriqueña una “frescura”, insolente para muchos, pero vigorosa, atrevida, y verdaderamente revolucionaria. No hay en esta poesía eufemismos mojigatos. Por tales características la han criticado sin misericordia, y algunos de sus poemas reflejan su sentir sobre estas críticas injustas y personalistas. Es injusto criticar la poesía a base de conceptos moralistas. La poesía es arte y como obra de arte es que tenemos que acercarnos a ella y juzgarla. La poesía es experiencia de vida y como experiencia de vida dentro de un marco creativo es que tenemos que disfrutarla, entenderla y explicarla.

Como la poesía de esta escritora ha sido ampliamente comentada, no voy a repetir lo ya conocido por sus lectores. Me he limitado a estudiar un aspecto de esta poesía transgresora, un aspecto de esta Filí Melé tan simpática y humana, tan intensa en las expresiones de sus gozos y sus tristezas, un aspecto que titulo Los monstruos de María Arrillaga.

Antes de mencionar estos monstruos, hay una cita muy reveladora en el poema Falicita/Filí (p. 199), que es pertinente citar aquí: “Filí ha amanecido hoy pensando alucinada que la víctima – que siempre carga con la culpa – merece defenderse”. De lo que merece defenderse una víctima es, naturalmente, del victimario, o victimaria, equivalente, en este conjunto de poemas, al monstruo, o monstruos, de que nos habla María. La voz poética extrae de la tradición mitológica figuras de mujer con las cuale se identifica: Filomela Ištar, Dafne, Diana. Sobre Filomela nos dice que la víctima “sufre en silencio el abuso”.

¿Quién era Filomela y por qué sufre en silencio? Filomela era una princesa ateniense que fue violada por Tereo, rey de Tracia. Tereo, por miedo a que ella revelase el crimen, le cortó la lengua. Pero Filomela, aunque muda, comunicó a su hermana lo sucedido bordando la historia en su estola. Tereo fue el monstruo de Filomela. La voz poética del poemario Yo soy Filí Melé (p. 195), título también del primer poema de Arrillaga, nos dice: “Después de Tereo muchos monstruos se han metido con mi lengua” y, como Filomela, ella tejerá “de mis desdichas y alegrías el relato”.

En el caso de su identificación con Dafne está Arrillaga aludiendo al intento de violación procedente de Apolo. Dafne huyó de él, y clamó a Gaea, símbolo de la tierra, que se abrió para protegerla y de la tierra surgió un árbol de laurel. En el penúltimo verso del poema Escolopendra y Laurel (p. 196), alude Arrillaga a esta historia de Dafne: “En el fondo del abismo come hojas de laurel./Y espera Diana, diosa virgen, cazadora, amante de las montañas y los bosques y celosa de su virginidad, castigó al hombre mortal Acteón porque la observó mientras ella se bañaba en el río. Lo convirtió en ciervo y azuzó sus perros contra él que lo persiguieron y lo devoraron. Diana no fue violada como Filomela, ni fue objeto de un intento de violación como Dafne. Por su belleza fue deseada por Acteón, que perdió su vida a consecuencia de su curiosidad erótica. A los ojos de Diana, la observación de su desnudez por Acteón constituyó una violación visual de su virginidad. El poema Beatriz/Filí (p. 202) alude a este incidente:

Me acostaré con Diana porque ella sabe que a los ciervos

se los comen los perros.

¿Qué nos está comunicando la poeta a través de estas alusiones mitológicas? ¿A través de este identificarse con Filomela, Dafne y Diana? Está compartiendo con ellas una experiencia similar sufrida en su niñez, que nos relata en el poema Ella, sección IV, y en el que nos dice explícitamente lo siguiente:

 Insistía en manosear mi cuerpo.

Yo arañaba, pateaba, me escondía.

Y continúa, enla sección VII, del mismo poema, describiendo a su agresor:

Se trata de un mal hombre.

Su maldad ensañada contra mí, sólo contra mí,

(puede ser afable, atractivo y hasta sabio)

podría poner en tela de juicio

la veracidad de mis afirmaciones.

Es un enemigo formidable.

Es malo de veras.

Este violador que en el poema Ella, de Ciudades como mares, no aparece identificado, sí lo está en el poema Como un bordado (p. 266) del libro Yo soy Filí Melé publicado por la Editorial de la Universidad de Puerto Rico en 1999. Nos dice este poema:

Y me sano

del abuso sexual de mi padrastro,

de la aquiescencia de mi madre aterrada.

 Los violadores, con Tereo a la cabeza, son monstruos que han aterrorizado a la mujer desde que el mundo es mundo. La poeta, como Filomela, teje su bordado de quejas en sus poemas para denunciar al monstruo, y monstruos de su niñez: el falso padre o padrastro, la madre, y el hermano que quisieron enmudecerla, no cortándole la lengua, como le hizo Tereo a Filomela, sino ordenándole a callar. Se le quiso aplicar la ley del silencio, como leemos en el poema Filomela (p. 205-206):

La víctima se queja.

Sufre en silencio el abuso,

la humillación, el desprecio -dice el hombre.

Es santo el poder del sufrimiento -dice el falso padre.

¡Ay de ti que abras la boca! -la madre falsa dice.

Te cortaremos la lengua -dice el hermano falso.

Los conjurados contra ella, los monstruos de María son, pues, los seres que debiendo haberla defendido la quisieron hundir en el silencio: padrastro, madre y hermano. Pero, afortunadamente, la víctima se negó a enmudecer. Se negó a permitir que los Tereos abusivos permanecieran en las sombras, inculpados y sin identificar. Y a esta Filí Melé la experiencia la hizo crecer “guerrera” (p. 195). La convirtió en Poeta:

Lo atroz de la tortura no ha sido suficiente

para un conjuro total de silencio.

En mi cabeza bulle la sibilante melodía

de palabras aprestadas para el canto.

Con ellas tejeré de mis desdichas y alegrías el relato.

Y en otro poema (p. 208) nos dice:

Mi rechazo frontal

de todo este sórdido asunto

me hizo crecer guerrera

con arma de honestidad.

En la sección número diez del poema Como un bordado (p. 211) ésta Filí Melé se levanta del horror con las siguientes palabras:

Le debo al verdugo la poesía.

Ha sido la mejor salida a su maldad.

El hace mal.

Yo canto.

Como Filomela tejiendo en la red su daño, escribo.

Por algo soy Filí Melé.

Filí Melé la triunfadora. Filí Melé la que ha enriquecido nuestra literatura con su franqueza, con su decir escueto y sin reticencias, con un lenguaje enriquecido de imágenes, símbolos, y expresiones sumamente originales. María/Filí se sanó a sí misma a través de la poesía. A pesar de que, nos dice, el monstruo marcó su vida y ocupó su mente por mucho tiempo, la poesía la transformó. Trascendió la experiencia a través de la palabra poética que es verdaderamente agua sanadora. Y, como Ištar, se convirtió en diosa valiente, diosa de su propia y originalísima poesía.

 A pesar de que su vida tuvo “un bordado de errores y tragedias”, (p. 209) ella es un ser humano que funciona porque, nos dice”

Crezco

lucho

amo

soy

(p. 209)

Dice Carl Jung que cada una de nosotras debe realizarse a sí misma. María Arrillaga lo ha hecho en su poesía, y como muy bien lo dice en su poema Washington Square Park Landscape, del libro New York in the Sixties, “If we must bleed, let us bleed/in the name of beauty” (si tenemos que sangrar, sangremos en nombre de la belleza.) En este poemario titulado Ciudades como mares hay mares del sangrar emocional de María Arrillaga, especialmente en la sección Yo soy Filí Melé que he comentado en este trabajo. Y en este sangrar ella se afirma a sí misma, elevándose sobre sufrimientos y monstruos para llegar a ser la poeta que quiso y quiere ser: POETA con mayúsculas; ser humano que funciona; Ištar del amor y la sensualidad natural y gozosa.

Crédito foto: Gloverepp, Wikimedia Commons, bajo licencia de dominio público